«En la era de los desastres, el peor escenario siempre puede ocurrir»

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01
Ago
2022

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En 2017, el huracán ‘María’ devastó la isla de Puerto Rico. En 2018 y 2019, dos aviones de Boeing se estrellaron: uno en Etiopía, otro en Indonesia. En 2020, estalló la pandemia y los inmensos incendios forestales de Australia acabaron con más de 42 millones de hectáreas. Estas son algunas de las catástrofes a las que la Humanidad se ha tenido que enfrentar en tiempos recientes y, según la experta de gestión de crisis en la Universidad de Harvard, Juliette Kayyem, es la evidencia de que estamos inmersos en la era de los desastres. Kayemm ha trabajado para el departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos durante el mandato de Barack Obama, donde participó en la gestión de importantes crisis. Además, es analista de seguridad nacional de ‘CNN’ y acaba de publicar ‘El diablo nunca duerme: aprendiendo a vivir en una era de desastres’. Nos cuenta cómo podemos enfrentarnos a lo que está por venir. 


¿Son los desastres, en la actualidad, mucho más frecuentes que antes? ¿Por qué?

Técnicamente, sí. Consideremos estos datos: durante toda la década de los años 80, Estados Unidos vivió eventos climáticos cuyos costes representaron aproximadamente 4.000 millones de dólares. Y solo en los últimos tres años, hemos tenido eventos climáticos que sobrepasan los 16.000 millones de dólares. Eso se debe en parte a la magnitud y la frecuencia de los eventos climáticos en combinación con la manera cómo hemos construido y cómo estamos conectados. Y no es solo el clima: nos enfrentamos a peligros cibernéticos, pandemias, terrorismo y radicalización. Las personas como yo, que trabajamos en el manejo de crisis, no solemos diferenciar entre los peligros que enfrentan las sociedades globales, donde el flujo seguro de las personas, los bienes, las ideas y las redes es esencial. Esos sistemas son intrínsecamente vulnerables. No podemos hacer que sean completamente seguros, pero sí podemos hacerlos más seguros.

En su libro asegura que los desastres siguen un contorno básico de gestión. ¿Qué significa exactamente?

Quería explicarlo de una manera sencilla. Este libro es sobre historias. Y lo que dice básicamente es que todo desastre tiene el mismo antes y después. En el ámbito de gestión de desastres solo hablamos de dos períodos de tiempo: está el boom, es decir, el evento en sí –puede ser un boom lento, como la pandemia, o un boom rápido, como un acto terrorista– y luego está lo que denominamos a la izquierda del boom y a la derecha del boom. A la izquierda tenemos todo lo que se hace para evitar que ocurra el desastre. A la derecha, la respuesta y los esfuerzos de recuperación. Generalmente, consideramos que hemos tenido éxito si el desastre nunca ocurre, y que hemos fallado si el desastre ocurre. Lo que argumento es que tenemos que redefinir nuestros estándares de éxito pues, a lo largo de siglos de desastres, hay ocho lecciones esenciales que nos pueden ayudar a fallar de maneras más seguras.

De esas lecciones, ¿cuáles son las más importantes?

Todo el mundo habla, por ejemplo, del desastre nuclear de Fukushima que ocurrió en 2011 en Japón, después del tsunami. Pero había otra planta nuclear llamada Onagawa que estaba más cerca del epicentro y donde el agua provocó más daños. Sin embargo, Onagawa estaba preparada para fallar de manera más segura: había entrenado al personal con un enfoque en darles la autoridad necesaria para tomar decisiones. Así que en Onagawa cesaron las operaciones sin tener que pedir permiso mientras que, en Fukushima, tuvieron que hacer llamadas a la capital. Una lección clave aquí es que no se trata solo de tu preparación, sino de la estructura de tu plan de respuesta. Es decir, ¿sabrán las personas indicadas qué deben hacer en el momento de crisis y estarán autorizadas para hacerlo?

«Durante el desastre de Fukushima, a planta nuclear de Onagawa demostró que estaba más preparada para fallar de forma más segura»

No quiero decir que lo que ocurrió en Onagawa fuese bueno, pero fue menos malo de lo que ocurrió en Fukushima. No hubo una fuga de radiación. Lo otro que resaltaría es lo que llamo parar el sangrado, igual que cuando alguien está herido se intenta parar el sangrado para que no haya más daño. Uno de los desastres que analizo en este sentido es cuando el buque portacontenedores llamado Ever Given se atascó en el Canal de Suez en Egipto en 2021, ocasionando el cierre del canal durante una semana. Esto generó gran revuelo, pero el Canal de Suez ya había cerrado antes durante la llamada Guerra de Yom Kipur en 1973 y la industria aprendió a cambiar la estrategia para no depender completamente de él. Así que, mientras todos estaban centrados en el atascamiento del Ever Given, la industria se dirigió hacia el sur del Cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica. Por eso, nuestra cadena de suministros global no se vio tan afectada por ese retraso de una semana. Este es un ejemplo de un desastre que se evitó.

Su carrera ha sido tremendamente diversa en cuanto a gestión de crisis. ¿Cuáles son los errores más comunes en este campo?

No sé si tiene que ver con optimismo, negligencia, arrogancia o una combinación de todas las anteriores, pero cuando la gente alcanza posiciones de liderazgo tiende a creer que lo peor no va a ocurrir (o que si llegase a ocurrir será la responsabilidad de otra persona). A menudo lidero ejercicios con gobernadores, alcaldes o jefes de empresa en los que les pido que diseñen un plan sobre cómo responderían ante un eventual desastre. Te sorprendería el número de veces que me dicen «bueno, es que no ocurriría de esa manera». Pero la realidad es que no sabemos cómo se va a desarrollar el desastre. Así que un tema muy importante es aceptar que el liderazgo también incluye liderar en momentos de crisis, y que el peor de los escenarios sí puede ocurrir. El segundo aspecto que resaltaría es la comunicación: no puedo decirte cuántas veces creo que el miedo y el pánico se pudieron haber minimizado si la información adecuada se hubiese comunicado en el momento indicado, ofreciendo a las personas una sensación de que las cosas estaban bajo control. Un ejemplo es la falta de comunicación del ex presidente Donald Trump durante la pandemia de la COVID-19. La gente que ha sido sufrido una crisis quiere que aquellos que se están comunicando les den cifras reales sobre lo que está pasando y también esperanza: las víctimas de un huracán quieren saber cuándo llegarán los recursos, si las cosas van a estar mejor mañana o el día después de mañana, o qué se está haciendo para restablecer la electricidad. Eso es clave.

«El desastre más cercano al que nos enfrentamos es el clima, con la consecuencia de las migraciones masivas»

En un nivel más individual, ¿qué puede hacer un ciudadano de a pie para estar más preparado frente a desastres?

Hay un solo tema que es común para todos los desastres en términos de la respuesta y se trata del deseo de la gente de saber qué les pasó a sus hijos, a sus mascotas y a sus parejas. Y es bastante fácil descifrar un plan de reunificación familiar en caso de una disrupción. En segundo lugar, sé que hay grandes sectores de la población que no tienen los recursos o el tiempo para estar más preparados para los desastres, y eso hace que sea aún más necesario que las personas que sí tienen el tiempo y los recursos se preparen a sí mismos y a sus hogares. Hay que aliviar la carga de los servicios públicos en el momento del desastre. Eso no quiere decir que haya que almacenar compulsivamente. Cuando se dice, por ejemplo, que hay que tener agua en casa, eso se traduce a un galón por persona, por día, durante tres días. Ese es el estándar universal. En una familia de cinco, eso serían 15 galones. Es algo que se puede hacer. Lo mismo con las medicinas. En resumen, cuanto menos tengas que apoyarte de los servicios públicos, más control de tu vida sentirás en el momento del boom, sabiendo que tu principal motivación será tu plan de unificación familiar.

Una de las características de los desastres que presentas muy bien en tu libro es lo impredecibles que son. Si tuviera que pronosticar tres desastres importantes en el futuro cercano, ¿cuáles serían?

El clima. Y en ese sentido pienso en tres consecuencias. La primera es que la manera cómo vivimos en nuestras sociedades cambiará porque el clima será o muy caliente o muy húmedo. Y más gente morirá. La segunda consecuencia son las migraciones masivas: más gente tendrá que mudarse para evitar los daños relacionados al clima, lo cual ocasiona disrupciones. Y la tercera consecuencia son las implicaciones de seguridad nacional, es decir, ¿qué significará tener cantidades masivas de personas peleando por recursos limitados si no tomamos la acción necesaria?


Este contenido fue emitido en formato audiovisual por el programa de televisión ‘Efecto Naím’ , una producción de Naím Media y NTN24. Forma parte de un acuerdo de colaboración de este programa con la revista ‘Ethic’.

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