Cultura

Nuevos tiempos, ¿nuevos dibujos animados?

Las series animadas han ido transformando paulatinamente las características de sus personajes, el enfoque de sus temáticas y la composición de las familias. Todo con un solo objetivo: adaptarse poco a poco a la diversidad de nuestras sociedades.

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15
Jun
2022
dibujos animados

Películas, novelas, canciones, obras de teatro, cómics: cualquier creación cultural es un importante vehículo de transmisión de valores y construcción de ideas. En este sentido, la población infantil cuenta con un amplio baúl de contenidos con los que ir forjando su temprano desarrollo vital, sobre todo en un momento en que la evolución tecnológica permite contener en un solo dispositivo un sinfín de recursos.

No siempre fue así: el norteamericano James Stuart Blackton inventó en 1906 las películas de cine dibujadas sobre una cinta de celuloide, lo que supuso el punto de partida de los dibujos animados. A partir de ese momento comenzaron a abrirse camino hasta los años veinte, cuando llegaría la era Disney y sus míticos personajes: Mickey Mouse, Pluto y el pato Donald eran algunos de los iconos más destacados, a los que se sumaban otras figuras como Popeye, Bugs Bunny o Betty Boop. A finales de la década de 1950, el estudio Hanna-Barbera recoge el testigo y continúa con la creación de personajes, lanzándose a producir figuras y series como Los Picapiedra, el Oso Yogui o los Supersónicos. Algunos de los estudios de cine más importantes de entonces, como Metro-Goldwyn-Mayer y Warner Bros, también comenzaron a producir y distribuir grandes obras para el cine y la televisión. La animación era, en definitiva, un campo sin explorar.

Valores en movimiento

Los dibujos animados cuentan con algunas temáticas recurrentes, como las historias familiares y de amistad, pero estas creaciones se han ido adaptando siempre a las nuevas realidades. Es el caso de Los Picapiedra, una hábil sátira de la sociedad de los años sesenta en la que somos invitados a observar la vida de dos familias tradicionales. Una de ellas, formada por Pedro, Vilma y su hija Pebbles, muestra un día a día que puede ser familiar para el espectador: Pedro pasa buena parte del día trabajando en la cantera y, si bien mantiene una amplia vida social, termina por olvidarse en ocasiones de su necesario papel como padre. Su amigo Pablo, casado con Betty y al que Pedro llama afectuosamente «enano» por su baja estatura –adjetivo que no sería habitual escuchar hoy en dibujos animados–, tiene mejor carácter y es más honrado que él. Las mujeres de ambas parejas, sin embargo, son casi iguales: gozan de cuerpos muy delgados y se dedican a cuidar a sus criaturas y a las tareas del hogar.

Series como ‘Hilda’ y ‘Steven Universe’ muestran familias y roles fuera de los estereotipos tradicionales

Algunos años después, a finales de los ochenta, nos encontramos con la aparición de Los Simpson, que construyen a través de sus dibujos, con sencillez, otra crítica social en la que presenciamos los problemas y aventuras de Homer, Marge, Lisa, Bart y Maggie. Esta serie, de hecho, no estaba dirigida en un principio al público infantil, considerándose como una de las primeras creaciones animadas para el público adulto, pero un buen número de niños y niñas la seguían igualmente. ¿Y qué encontramos en ella? De nuevo una familia clásica, unida y fortalecida en la adversidad, con unos roles de pareja similares a Los Picapiedra, pero con unos vínculos filiales diferentes: encontramos a un Bart desobediente, a una Lisa que tiene muy claro lo que quiere y que se rebela contra las normas sociales, una casa con unos horarios difusos y una televisión omnipresente en cada una de las interacciones.

Pero la sociedad se va transformando y, quieran o no, los dibujos animados no pueden dejar de atender a las nuevas configuraciones. Por esta razón han comenzado a producirse durante los últimos años otro tipo de series en las que se muestran familias de composición más diversa, con menos estereotipos y con distintos roles de género para hombres y mujeres. Y si hacemos referencia a un símbolo de la televisión, un ejemplo lo representarían las marionetas de Barrio Sésamo en su versión estadounidense, donde siguen emitiéndose nuevos capítulos y donde han incorporado, desde hace un año, personajes más diversos.  

Algunas series incluso integran nuevas visiones, como en el caso de Hilda, que cuenta las aventuras de una niña valiente, amante de la naturaleza, que vive en el bosque con su madre y su perro. Hilda, cuya personalidad nos revela a una persona aventurera y empática, vive en una familia monomarental donde la madre escapa a los estereotipos, convirtiéndose en una figura autónoma. Otro ejemplo sería Steven Universe, una serie cuyo protagonista es un niño de 14 años con poderes cuya crianza protagonizan tres guerreras con súper habilidades, un padre humano y una madre alienígena. En sus capítulos hay pinceladas sutiles sobre el género, sobre las relaciones diversas, sobre las orientaciones sexuales y los personajes racializados, todo ello sin perder  el trasfondo de aventuras. Si nos trasladamos a la pantalla grande, algo similar ocurre con la película Red, que recibió numerosos elogios, entre otros motivos, por mostrar los cambios que experimenta el cuerpo de una adolescente, como ocurre con la menstruación, un tema muy poco visibilizado en la animación. 

Y es que los dibujos animados son una potente herramienta de educación social y, por ello, los mensajes que se transmiten a través de ellos van evolucionando, al igual que evoluciona la sociedad. Nuevas producciones culturales que aterrizan en una sociedad en la que la diversidad parece una clara seña de identidad. 

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