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La trampa de la culpa

Conquistadas por el trabajo y las responsabilidades familiares, la mayoría de las mujeres españolas apenas cuentan con tiempo libre. A pesar de eso, un sentimiento persiste cuando se dedican tiempo a ellas mismas: el de la culpabilidad.

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Carla Lucena
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Carla Lucena

Durante décadas, si se pensaba en cómo era una madre, se acababa cayendo siempre en una serie de lugares comunes: se trataba de una persona abnegada, dispuesta a renunciar a cualquier cosa por el bien de su familia y, en especial, de sus hijos. «Sacrificio» parecía ser la palabra clave esencial para hablar de la maternidad. Si intentásemos buscar el origen histórico de estas imágenes, tendríamos que hablar del ángel del hogar decimonónico o de las ideas más conservadoras sobre cómo debía ser una mujer de mediados del siglo XX. Pero ¿siguen marcando todavía esos estereotipos las expectativas sobre las madres y, sobre todo, sus emociones con respecto a la maternidad?

Al otro lado del teléfono, C., que es madre de dos niños de corta edad, asegura que no cree que sigamos pensando en las madres como seres abnegados, al igual que se hacía en el pasado, aunque, por el contrario, sí sabe muy bien de qué se habla cuando se menciona la culpa. «Yo me siento culpable muchas veces, hasta por estar con gripe y no ser capaz de jugar con ellos», apunta. Esta culpa viene determinada, explica, porque al final, como madre, «quieres que tus hijos sean felices», por lo que «te da rabia no poder» hacer todas esas cosas que querrías hacer con y para ellos.

Un 93% de las madres reconoce que cuando se dedica tiempo a sí misma –en lugar de a su familia– se acaba sintiendo culpable

Esta madre no está sola: como ella misma apunta, quizás el quid de la cuestión está en que las madres interiorizan una responsabilidad absoluta a la hora de hacer felices a sus hijos.  Un estudio realizado el pasado verano por investigadoras de la universidad de Westminster llegó a la conclusión de que los pensamientos negativos son más habituales de lo que se pensaba entre las madres de niños con menos de un año. Según muestran los datos, un 63% de las madres se siente una «mala madre» en algún momento de esos primeros 12 meses, mientras que un 39% llega incluso a pensar que hay algo malo en ellas. La vergüenza y la culpa son sentimientos habituales, concluía el estudio.

«Sabemos que las expectativas de las mujeres sobre ser madre pueden estar marcadas por los ideales de la maternidad como algo intuitivo, alegre y gratificante», aseguraba entonces Naomi Law, responsable de la investigación, señalando que si bien esas ideas encajan con la experiencia de algunas madres, tampoco lo hacen obligatoriamente con todas. Es necesario, concluía, que desde el principio se deje claro que las cosas no necesariamente serán idílicas y que no pasa nada por ello.

«Siempre con la culpa a cuestas», reflexionan la cantante Rozalén y la presidenta del Club de las Malasmadres, Laura Baena, en el minidocumental Menos renuncia, más música. «Al final, renuncias a las cosas que quieres hacer», explica Baena al analizar lo que ocurre con la vida –y las decisiones– de las mujeres una vez que son madres. La cinta forma parte de Canciones para los que no quieren escuchar: Menos renuncia, más música, la última campaña de DKV en colaboración con el Club de las Malasmadres y Rozalén para denunciar esta situación y reclamar el derecho (y necesidad) de cuidarse. Con este objetivo, la cantante se ha fijado en referentes como su madre, su abuela o sus amigas para dar voz y a las miles de mujeres que sienten el peso de la culpa. El resultado ha sido Yo No Renuncio, una canción animada, sensible y reivindicativa que se coló entre los vídeos de Tendencia en YouTube en la misma semana de su lanzamiento.

El informe La hora de cuidarse y respirar, elaborado por DKV y el Club de las Malasmadres, refleja lo que esta presión supone para las mujeres. En general, las madres se dedican muy poco tiempo a ellas mismas: solo un 10% de las madres españolas asegura que su nivel de autocuidado es bueno; el 50%, en cambio, reconoce que se mueve entre un nivel malo y uno muy malo.

Ser madre, un freno para el autocuidado

La maternidad se convierte, así, en un freno para el autocuidado. 6 de cada 10 mujeres abandonan estos comportamientos cuando tienen descendencia, ya que priorizan los cuidados de los demás antes que los propios. Para la abrumadora mayoría de mujeres, encontrar tiempo para ellas implica enfrentarse nuevamente a sentimientos de culpabilidad. Un 93% reconoce que cuando se dedica tiempo a sí misma –en lugar de dedicárselo a su familia– se acaba sintiendo culpable.

Rozalén: «Yo no quiero renunciar a mi propia libertad. Yo me permito ser imperfecta mujer»

Un estudio anterior del Club de Malasmadres ya había concluido que la maternidad implicaba un triple coste –laboral, emocional y personal– y que 4 de cada 10 mujeres había sido minusvalorada en su trabajo después de ser madre. Entre cargas de trabajo en casa y en el puesto laboral, el 65% de las madres españolas reconoce que tiene menos de una hora libre al día. El espacio para dedicarse tiempo es, por tanto, muy reducido.

Volviendo a los datos del estudio más reciente, estos también dejan claro que cualquier rastro de culpabilidad debería salir de la ecuación. Las madres necesitan ese tiempo para ellas mismas: los autocuidados son una pieza clave de la salud. Cada vez que las madres españolas se quitan tiempo propio están penalizando su propio bienestar. «Me han llamado ‘mala madre’ por no querer renunciar a mis sueños», canta Rozalén en Yo No Renuncio. «Yo no quiero renunciar a mi propia libertad. Yo me permito ser imperfecta mujer», reivindica.

Las palabras de Rozalén son importantes: por mucho que se insista en la importancia de los autocuidados y que crezca la conciencia general sobre la salud mental, el contexto de los últimos años no ha ayudado a las madres. De hecho, se podría decir que la crisis del coronavirus ha empeorado la situación. El balance del primer año de crisis pandémica señala que 7 de cada 10 mujeres se sentían tristes, apáticas o desmotivadas. A ello se suma que en la crisis económica que ha seguido al periodo, las mujeres han sido las que han asumido todavía una mayor carga mental en la gestión de sus efectos.

Este es, por tanto, un momento más que propicio para cambiar el chip y dejar atrás de una vez por todas esa culpa. «Suelen ser las mujeres quienes tienen que renunciar a sus sueños y a sus vidas por todas sus dificultades: conciliación, brecha salarial, techo de cristal… Por eso es tan importante que empresas como DKV se mojen y se impliquen en proyectos así», explicaba Rozalén en la presentación de la campaña Canciones para los que no quieren escuchar: Menos renuncia, más música. Una campaña que, además, cuenta con una gira de eventos presenciales que recorrerá Málaga, Madrid, Valencia y Madrid y con una plataforma de contenidos centrada en el autocuidado de las mujeres. Todo un despliegue de fuerza y emoción para recordar a las madres la importancia de que se tomen tiempo para ellas mismas.

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