Economía

La gran dimisión (verde)

Cuando la pandemia alcanzó su máximo esplendor, cerca 25 millones de estadounidenses dejaron su puesto de trabajo voluntariamente, según el Departamento de Trabajo del propio país. Un exceso de horas frente al ordenador, estrés crónico, estancamiento vital… El desapego laboral fue fruto, principalmente, de la voluntad de preservar la estabilidad mental. Sin embargo, también hubo otros motivos. ¿Es la ética medioambiental uno de ellos?

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05
Abr
2022

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Una de las herramientas más útiles y bellas que posee el ser humano para combatir el aburrimiento es la reflexión. Y tras dos años encerrados en casa por una crisis sanitaria, la reflexión no solo ha emergido, sino que está dando sus frutos.

Al confinamiento le dimos la bienvenida con un aumento de la jornada laboral, un 8,2% más de horas, según un estudio de la Universidad de Harvard y la NYU. Si a esta receta le añadimos la incertidumbre sobre los efectos de un virus nuevo, la falta de papel higiénico en los supermercados y que la falta de espacio en un piso para cuatro personas que a duras penas llega a los 60 metros cuadrados, la salud mental se convierte en una olla a presión a punto de reventar.

Esta situación límite llevó a muchos ciudadanos a replantearse su vida con numerosas preguntas. La protagonista: ¿estoy haciendo lo que merezco con mi profesión, con mi familia y amigos, y conmigo mismo? La respuesta derivó en un rechazo masivo de las condiciones laborales, y a este fenómeno –que ocurrió mayoritariamente en Estados Unidos– se le dio el nombre de La gran dimisión. Solamente en noviembre de 2021, la Oficina de Estadísticas Laborales del país estadounidense estimó que cuatro millones y medio de personas renunciaron a su empleo, casi el 3% de la población total. En todo el año fueron alrededor de 50 millones.

Por primera vez en mucho tiempo, el producir ocupó un segundo plano. Por primera vez, encontramos la autorrealización en levantarnos una mañana y no ponernos el uniforme de siempre. Y siguiendo esta corriente de reflexión pandémica, hay quien aprovechó para cambiar de trabajo por motivos ajenos a la salud mental, o por lo menos, no tan directamente relacionados.

En Estados Unidos, Eugene Kirpichov, ex trabajador de Googel, abandonó su puesto para luchar como activista contra el cambio climático

Repartidas por medios internacionales y redes sociales, hay historias de personas que lo hicieron por ética medioambiental, como el extrabajador de Google, Eugene Kirpichov, que aparcó su puesto porque «la escala, la urgencia y la tragedia del cambio climático son tan inmensas que ya no podía justificarme trabajando en otra cosa [que no fuera por el beneficio del planeta], sin importar cuán interesante o lucrativo fuera, hasta que se solucione».

El periódico británico The Big Issue también compartió el testimonio de varios profesionales que renunciaron a su trabajo por la misma razón. Una de sus protagonistas es Bel Jacobs, que optó por luchar contra el cambio climático en lugar de seguir al cargo de una revista de moda. «Ya había pensado antes en la relación de la moda con la deforestación, el uso de la tierra y el uso del agua, pero el detonante fue cuando me enteré de las condiciones de una fábrica textil en Bangladesh… Me sentí realmente incómoda al escribir sobre moda después de eso».

El año pasado, un 32% de los españoles se planteó dejar su puesto para proteger su salud mental

No obstante, estos son casos aislados, y más en España donde, según un estudio de InfoJobs, un 27% de habitantes empleados se ha planteado este año dejar su puesto de trabajo –frente al 23% en 2021–, y las principales razones que les impulsan a ello son la salud mental (32%), las condiciones económicas (27 %), la experiencia de dedicarse a algo diferente (26%) y la conciliación (24%).

Por tanto, las dimisiones por proteger el planeta del cambio climático existen, pero ni son tendencia ni prometen serlo a corto plazo. Además, el mercado laboral en España es el que es, y sería un error romantizar la idea de abandonar nuestra ocupación sin meditar las consecuencias. La tasa de desempleo ronda el 13%, los salarios no ilusionan y no todo el mundo tiene las mismas facilidades para plantarle cara al sistema. 

Quedémonos con lo bueno: ¿cuánto nos ha costado ponernos a nosotros mismos por encima de nuestro trabajo? Lo estamos consiguiendo cuando ya estamos mentalmente derretidos, pero más vale tarde que nunca. ¿Antepondremos algún día el medio ambiente? Sería ideal que no hiciera falta otra pandemia para ponernos a reflexionar; al final, es una de las herramientas más bellas que posee el ser humano para combatir el aburrimiento.

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