Medio Ambiente

Cómo unir todas las áreas naturales del planeta en un solo «sendero verde»

La oenegé Corredor Biológico Mundial, nacida hace 12 años, ha unido a instituciones de todo el mundo en un ambicioso proyecto para recuperar rutas migratorias y zonas degradadas, proteger especies en peligro y reactivar la economía de pequeños municipios. Un proyecto que se resume en su objetivo principal: construir una reserva natural mundial.

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Esther Gutiérrez
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24
Mar
2022
corredor biológico mundial
Pampaneira, Granada. Cortesía del Ayuntamiento de Pampaneira.

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Esther Gutiérrez

¿Es posible crear una gran «reserva natural mundial» que garantice un espacio protegido y continuado que, de forma física, recorriese el planeta entero? Esta contendría bosques sin intervenciones humanas, sendas verdes y corredores marítimos: un área interconectada del planeta que atravesase los cinco continentes sin interrupciones, garantizando las rutas migratorias y la supervivencia de especies amenazadas. Es el objetivo de la oenegé Corredor Biológico Mundial, cuyo nombre bautiza tanto la organización en sí como el proyecto que llevan a cabo. Con más de 12 años a sus espaldas, la institución ya recorre una parte importante de los lugares naturales de España.

Según explica Jorge Extremiana, presidente de la ONG, el proyecto nació al constatar cómo la separación entre áreas naturales protegidas complicaba no solo la supervivencia de especies en peligro de extinción, sino también los «pasillos» por los que realizan sus migraciones muchas familias de fauna y flora. «El objetivo es crear un área continua de infraestructura verde e infraestructura azul que esté unida físicamente a lo largo de todo el planeta», defiende. Para ello, lo que la organización estaría haciendo actualmente sería «incluir todas las áreas protegidas de alto valor ecológico que deberían seguir existiendo».

El «kilómetro cero» mundial se encuentra en España, en el yacimiento de Atapuerca

La base del Manifiesto del Corredor Biológico es el informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) –presentado por la UNESCO en el año 2010– acerca de la Sexta Extinción Masiva, la cual estaría provocada por la acción humana. La iniciativa es sencilla: marca una serie de «kilómetros cero» a partir de los cuales delimitar sus áreas de actuación. Las diferentes universidades que colaboran en el proyecto –como, por ejemplo, la Universidad de Alicante– realizan informes sobre las zonas por las que deberían discurrir los «pasillos verdes» o «azules». Posteriormente, se proponen a las administraciones responsables su inclusión.

El kilómetro cero mundial, desde el cual se contabilizan desde 2010 las áreas naturales protegidas por esta oenegé, se encuentra en uno de los lugares más simbólicos –y en el cual participó la propia Jane Goodall– de España: el yacimiento de Atapuerca, en Burgos. No obstante, este no es el único punto a nivel global. El kilómetro cero contra la deforestación, por ejemplo, se sitúa al norte de Argentina, mientras que el kilómetro cero de la protección de los gorilas y chimpancés –Birute Galdikas y Sylvia Earle, oceanógrafa y premio princesa de Asturias, son patronas del Corredor– se encuentra en el Congo. Otro de estos puntos, sin embargo, también está en nuestro país: es el de los océanos, que se sitúa en el santuario para ballenas de Europa ubicado entre Tenerife y la Gomera.

La atracción de la Alpujarra de Granada 

Entre los «fichajes» más recientes del Corredor Biológico se encuentran cuatro municipios de la Alpujarra de Granada. Tres de ellos son vecinos y están situados en la zona natural del llamado Barranco de Poqueira: son Bubión, Capileira y Pampaneira, y ninguno de ellos suma más de 500 habitantes. El cuarto, a 12 kilómetros de distancia del resto, es Pórtugos, cuyo tamaño es similar al resto. Esther Gutiérrez, técnica medioambiental que reparte su actividad por estos pueblos, explica que el hecho de unirse –decisión refrendada por los respectivos plenos municipales– responde a que «es nuestro deber que las generaciones futuras sigan conociendo lo que nosotros nos encontramos. Como los cuatro pueblos están en las mismas circunstancias, habiendo sufrido incendios que han hecho perder bosques y sendas naturales, si entraba uno, el resto tenían que ser partícipes».

Corredor Biológico

Bubión, Granada. Cortesía del Ayuntamiento de Bubión.

La Alpujarra es una región situada en Andalucía, en las faldas de la Cordillera Penibética, entre las provincias de Granada y Almería. Compuesta por una superposición de valles y barrancos, encajonada entre Sierra Nevada y las sierras de Lújar, la Contraviesa y Gádor, es una zona de alto valor natural que ha llegado a ser propuesta como Patrimonio Natural de la Humanidad, si bien ya se encuentra protegida por la Junta de Andalucía. En ella, y a gran altura, abundan los pequeños municipios que hoy se encuentran, al menos en su mayoría, en plena despoblación. Incendios a un lado, a partir de la crisis de 2008 la zona se contagió del modelo de agricultura intensiva representado por los invernaderos, un sistema que ya era muy común en las áreas costeras de ambas provincias.

Gutiérrez: «El reto demográfico y la transición ecológica son una cuestión de supervivencia para estos pueblos»

Estos son los municipios en los que trabaja Gutiérrez: todos a una media de 1.500 metros sobre el nivel del mar, con una población escasa que, además, se encuentra envejecida. «El reto demográfico y la transición ecológica son una cuestión de supervivencia para estos pueblos, si bien al mismo tiempo disponen de pocos recursos económicos. Unirnos al Corredor Biológico Mundial hace que podamos llevar a cabo proyectos que de otra manera no podríamos afrontar nunca», explica la técnica medioambiental.

Los objetivos principales son relativamente modestos, pero muy complicados para las dimensiones de municipios como estos: reforestar zonas afectadas por incendios o por la mano del hombre; recuperar las conexiones de senderos naturales que han quedado abandonadas entre municipios; crear nuevas infraestructuras verdes; y comenzar proyectos de turismo sostenible y agricultura ecológica. Para Gutiérrez, la llegada del Corredor se resume con facilidad: «Ahora mismo hemos puesto una piedrecita, a partir de aquí empezar a trabajar».

Vistas desde la zona cercana a Pampaneira, Granada. Cortesía del Ayuntamiento de Pampaneira.

Un modelo diferente para dar vida a las áreas naturales

Extremiana explica el proceso habitual: tras la elaboración de un estudio de la universidad o institución más cercana, surge del propio Corredor Biológico Mundial contactar con el ayuntamiento, la diputación o el gobierno regional de turno. «Algunos nos dicen que no, pero en general las respuestas son positivas», explica. En otros casos, añade, «nos vienen a buscar, ya que están dentro de Reservas o Parques Naturales y necesitan asesoría o apoyo para proyectos de financiación». Pertenecer al Corredor no obliga a nada, claro, pero si se quiere mantener su apoyo logístico o su asesoría es necesario seguir sus reglas.

Empezar a trabajar siempre es un proceso lento. En este caso, requiere conocer en primer lugar los efectos causados en cada hábitat por la crisis climática y la acción humana. La acción más común son las reforestaciones, que permiten crear infraestructuras verdes, pero tal como recalcan desde la organización, no se hace lo mismo en todos los sitios; se actúa «según sus necesidades». En las zonas que se unen, por ejemplo, se imparten cursos de educación medioambiental con los centros educativos, se celebran congresos y se hace un estudio de los senderos más adecuados para su inclusión dentro del Corredor, analizando la mejor forma con la que poder facilitar su paso a través del territorio. En la provincia de Burgos, por ejemplo, se plantaron 90.000 árboles de especies autóctonas –encinas y robles– en casi 100 hectáreas pertenecientes a zonas afectadas por los incendios surgidos entre 2019 y 2021. Proyectos como este son posibles también gracias al apoyo de Life Terra, que con fondos europeos pretende reforestar el continente plantando un árbol por cada habitante de la Unión Europea.

El Corredor también ha apoyado iniciativas como la de la Reserva del Bisonte Europeo San Cebrián, situada en la zona de una antigua mina de carbón cerrada por la transición ecológica; la iniciativa, que corrió a cargo de la población autóctona, conllevó la fundación de la primera reserva de esta especie en territorio español. Para Extremiana, este es un gran ejemplo, ya que los vecinos «decidieron cambiar el modelo, crear un sistema económico sostenible y circular y conseguir dar vida a la zona con acciones diferentes a las que estamos acostumbrados».

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