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«Internet ha cambiado drásticamente cómo se comporta y piensa la gente»

El artista y disidente chino Ai Weiwei (Pekín, 1957) reflexiona sobre el profundo impacto de lo digital en la cultura, el arte, el rol de la cultura y el carácter sacro de la libre expresión.

Fotografía

Alfred Weidinger
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19
Feb
2022
ai weiwei

Fotografía

Alfred Weidinger

Ai Weiwei (Pekín, 1957) pasó parte de su niñez en un campo de reeducación chino, un lugar tan infame y tan atroz que era conocido como «la pequeña Siberia». Su patio de recreo era un terrero sin fin y las ratas eran sus animales de compañía. Su padre, Ai Qing, uno de los pilares literarios chinos del siglo XX, era constantemente humillado y apaleado por ser un «poeta derechista». Hoy, Ai Weiwei es el último dios del arte contemporáneo; su lugar en el mundo, por lo menos en el siglo XXI, es el de Picasso o el de Warhol. Y tiene la fama de los dos. Su figura bonachona y sus bigotes deshilachados son tan pop y tan reconocibles como el pelo blanco y la delgada figura de Warhol. Y sus obras han logrado terremotos políticos tan desafiantes como el Guernica de Picasso. Él parece sentirse cómodo en ambos mundos. Y las fotos en las que levanta el dedo corazón contra la plaza de Tiananmen o contra la Casa Blanca resumen su eterna rebeldía. El nombre de la obra no deja dudas: ‘Fuck off’. Tampoco sus gustos. Su héroe definitivo en el siglo XX es Marcel Duchamp: el artista que puso patas arriba el arte y convirtió un orinal en una obra maestra. 


¿Cuáles son las grandes metas, o su gran meta, para la próxima década?

Respondo al entorno cultural y político que me rodea, así como a las cuestiones filosóficas, estéticas y morales. La mayor parte de mi acción es reaccionaria porque mi entorno y experiencia son únicos. Crecí en la era de Mao y gradualmente me hice adulto en Nueva York. Después de regresar a China experimenté su rápido desarrollo, y luego vi el surgimiento de internet. Antes de la era de internet hice muchos otros trabajos, como en arquitectura, publicidad y coleccionismo. Fue un poco más tarde, alrededor del año 2005, cuando tuve por primera vez la oportunidad de tener exposiciones. En ese momento experimenté muchos problemas sociales y políticos en China, y quería encontrar una dirección y un lenguaje para mi arte que estuviera relacionado con mi situación y los problemas que encontré en ese momento. De hecho, no tengo una dirección determinada, hasta el punto de que no sé qué hacer cada mañana. Por extraño que parezca, mi destino siempre me provee de algunos acertijos para resolver, como un tipo de juego que me guía a territorios desconocidos e inimaginables.

«Uso todo mi tiempo para terminar una sola obra de arte llamada libre expresión»

¿Hay alguna obra en proceso que todavía no ha logrado desarrollar?

Mi vida y el arte están conectados. Uso todo mi tiempo para terminar una sola obra de arte llamada libre expresión. Nunca terminaré esta obra, pero mi vida llegará a su fin algún día. Cuando ese día llegue, mi deseo de expresarme ya no existirá más.

¿Para usted las redes pueden cambiar el mundo?

Debemos entender que la aparición de internet ha cambiado drásticamente cómo se comporta y piensa la gente, incluyendo la forma en que la política y la sociedad se organizan, así como las posibilidades que tiene la expresión cultural. Como una falla después de un terremoto, muchas cosas se dislocan y luego se vuelven a conectar. Aunque el ser humano tiene ahora más oportunidades y una mayor eficiencia, ha perdido mucho, como una firme creencia en los hechos y una comprensión del equilibrio y la estabilidad. Todas las cosas se vuelven transitorias, y estamos forzados a cambiar nuestra posición continuamente. Hoy, internet es utilizado de manera más eficiente por los Estados y las corporaciones, que controlan la información de manera efectiva y cuya forma de gobernar y controlar se beneficia de esto. Las grandes compañías y corporaciones han adquirido indirectamente más beneficios y más información, mejorando la eficiencia y aumentando su productividad. Bajo esta lucha por la supervivencia, las condiciones se han vuelto más extremas.

Su hijo, Ai Lao, ha vivido más tiempo en Europa que en China, ¿cree que alguna vez vivirá en la China que usted sueña?

Ai Lao tenía solo 5 años cuando salió de China. Le gusta mucho porque le dio una sensación de familiaridad, a pesar de la constante vigilancia y opresión. Siempre ha pensado que China es la parte más cálida de él. En pocos días cumplirá 13 años. Pronto se convertirá en alguien completamente inmerso en la cultura occidental. Eso es lo que me preocupa. Siento que perder una cultura con una historia tan larga es como trasplantar una planta. La pérdida es incalculable, pero hay muchas otras personas que también tienen que migrar o están forzadas a dejar su tierra familiar. Es el statu quo global. Mucha gente se ve obligada a abandonar su cultura en contra de su voluntad.

En sus memorias, una de las figuras principales del relato es su padre, pero al final habla de su madre y de la angustia que vivió mientras usted estaba preso…

En mis memorias quería centrarme en la persecución que experimentó mi padre y los antecedentes políticos en China, así que hablé poco sobre mi madre. En realidad, sin mi madre, mi padre no habría podido sostener su vida porque era un intelectual y no podía realizar las tareas diarias. Fue mi madre quien protegió a la familia y nos unió a todos. Mi madre tiene mucho carácter. Tiene un fuerte sentido de la moralidad, un juicio claro del bien y del mal, y apoyó a mi padre en este sentido. Hoy ella está apoyando toda mi lucha, y eso no es fácil. Aunque se preocupa por mi seguridad, nunca ha dudado de que lo que hago es lo que hay que hacer. Ella no quiere perderme, pero también me hace saber que no he hecho nada malo. Estoy muy agradecido con mi madre por eso.

«Consciente o inconscientemente, la humanidad ha dañado gravemente el equilibrio de la naturaleza para cumplir sus deseos»

Hay un capítulo muy divertido con los gatos en sus memorias: los salvó de quedar convertidos en un plato de comida. ¿Qué significan los animales para usted?

En la actualidad, los animales están cada vez más distanciados del ser humano. Hace tiempo que la humanidad está detrás de la dominación del planeta. Este ya no es un entorno que podríamos compartir con otros seres vivos. Consciente o inconscientemente, la humanidad ha dañado gravemente el equilibrio de la naturaleza para cumplir sus deseos y beneficios comerciales. Estamos cambiando continuamente nuestro entorno de vida. Eso podemos verlo en nuestra relación con otros animales. No soy familiar con los animales, pero me gustaría convivir con ellos. Me ayudan a comprender la complejidad de la vida. Tengo muchos gatos y perros. Son los animales que más toleran al ser humano. Los gatos rescatados que menciona estuvieron conmigo mientras estuve en China. Les proporcionamos un entorno seguro. Ahora que ya no estoy allí, la gente de mi estudio los cuida. Ahora tengo nuevos gatos y perros en Inglaterra y Portugal.

Su padre, su hermano, Allen Ginsberg, Pablo Neruda: la literatura y la poesía lo han acompañado toda su vida, ¿cuáles son los libros fundamentales de su biblioteca?

No recibí una buena educación cuando era niño, por lo que tengo una comprensión muy fragmentada de los libros. Considero que la lectura es la forma más importante de enriquecer nuestros pensamientos, pero yo mismo tengo muy poca experiencia. La mayor parte de mi experiencia proviene de ponerlo en práctica. Los libros siempre han sido como un faro en el mar. Podrían ayudarme a encontrar mi ubicación, pero son los marineros quienes necesitan hacer el esfuerzo de atravesar la tormenta.


Esta entrevista es parte de un acuerdo de colaboración entre el diario ‘El Tiempo’ y la revista ‘Ethic’. Lea el contenido original aquí.

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