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El camino hacia la igualdad

El talento no entiende de género. Al menos, así lo perciben en compañías como Mapfre, donde la diversidad y la igualdad articulan sus valores (y sus acciones) más esenciales.

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Aunque la diversidad y la inclusión son palancas esenciales de las sociedades igualitarias –así como una fuente de conocimiento e innovación–, las diferencias de género continúan erosionando los pilares más básicos. Hoy, la brecha abierta por esta discriminación no es tan honda como antaño, pero la herida abierta sigue palpitando como una vieja cicatriz.

Basta fijarse en los datos proporcionados por la Unesco, que apunta a que, en la actualidad, solo un 35% de los estudiantes de las disciplinas STEM –matemáticas, ciencias, tecnología e ingeniería– a nivel global son mujeres. En España, la cifra desciende alarmantemente, según defienden los datos recogidos por la Universidad Internacional de La Rioja, que alumbran una cifra ligeramente superior al 10%.

Más allá de los evidentes estragos causados por los estereotipos de género, lo cierto es que uno de los aspectos esenciales de la desigualdad en estos sectores reside en la falta de referentes femeninos. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Valencia, tan solo es posible encontrar un 12% de mujeres reconocidas en los manuales escolares de la ESO. El problema, además, se agrava cuanto más se avanza, ya que la presencia femenina disminuye a medida que va ascendiendo el ciclo escolar. De esta manera, durante el crecimiento, las niñas carecen de un espejo en el que mirarse.

Un problema global

Esta falta de referentes, así como la propia desigualdad de género, son parte de un problema que es posible encontrar en cada rincón del planeta. Así lo reflejan los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) recogidos por Naciones Unidas en la Agenda 2030. En concreto, afecta a tres de los 17 objetivos recogidos en el documento: proveer de una educación de calidad, promover la reducción de las desigualdades y alcanzar la igualdad de género.

Este último objetivo –el número 5– es uno de los que más impulso necesita. No solo por los escasos logros alcanzados, sino porque, según Naciones Unidas, los efectos de la pandemia están logrando dirigirnos en sentido contrario, revirtiendo cualquier tipo de avance conseguido en los últimos años.

En todo el mundo, solo un 35% de los estudiantes de las disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas son mujeres

Para combatir esta lacra existen compañías como Mapfre, donde la diversidad y la igualdad vertebran la estructura de arriba abajo. La multinacional no ha titubeado a la hora de adherirse de forma global a los principios establecidos por ONU Mujeres, la rama de la organización supranacional dedicada a la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento femenino. Los datos de esta última institución revelan un problema evidente en muchos ámbitos laborales: menos del 30% de los científicos son mujeres. En términos globales, según Fortune 500, las mujeres ocupan menos de un 7% de las direcciones generales corporativas.

Actualmente, Mapfre cuenta con una estrategia de diversidad de género cuyo fin es consolidar un entorno laboral en el que se aproveche todo el talento femenino disponible en la organización, convertir a la compañía en el empleador de referencia para las mujeres, eliminar las brechas de género que se hayan identificado e incrementar el número  de mujeres en puestos de nivel de dirección. En este sentido, la aseguradora ha puesto en marcha una serie de medidas que contribuyen a promover el talento femenino, entre las que se encuentra la creación de la Red de Liderazgo Femenino. Además, se ha comprometido a que, antes de que acabe 2021, el 45% de las vacantes de responsa- bilidad que se produzcan en la compañía a nivel global sean ocupadas por mujeres.

Cerrar la brecha

El empujón necesario para muchas organizaciones parece estar en Target Gender Equality, un programa vinculado al Pacto Mundial de Naciones Unidas que busca acelerar los progresos en el ODS 5. Y esta no es la única iniciativa. Se suman también proyectos como ClosinGap, una red de corporaciones que busca analizar el impacto económico que tiene el hecho de que las mujeres cuenten con menos oportunidades laborales. Esta ausencia en el mercado de trabajo, de hecho, tiene un profundo coste para la totalidad del país. Eliminar las desigualdades conllevaría sumar a la economía española más de 230.000 millones de euros (o, lo que es lo mismo, un 18,4% del PIB). No obstante, algo es evidente: nos corresponde a todos frenar el dolor de una herida que continúa palpitando.

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