Sociedad

Tauromaquia: la gran controversia

El de la tauromaquia es un debate abierto. Frente a un número creciente de detractores que lo considera «maltrato animal», este espectáculo aún cuenta con una afición fiel, que entiende las corridas como una «expresión cultural».

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21
Feb
2022
tauromaquia

Cuando Islero, un toro de casi media tonelada, corneó mortalmente en 1947 al ilustre «Manolete», famoso torero de la época dorada de la tauromaquia, nació una de las grandes leyendas de la España de la posguerra. Muchas plazas de toros españolas –sobre todo Las Ventas, en Madrid– eran entonces el punto de encuentro de celebridades nacionales e internacionales: Ava Gardner y Ernest Hemingway, por ejemplo, eran admiradores expresos del toreo. Los toreros, que gozaban de gran prestigio, eran considerados  iconos culturales y deportivos; muchos llegaron a convertirse en una suerte de «embajadores» del folklore español en el extranjero. Sin embargo, los cambios sociales, políticos y culturales de las últimas décadas no han dejado incólume «la fiesta brava»: a pesar de que en 2013 el senado declaró la tauromaquia como parte del Patrimonio Cultural de España, cada año –y desde hace décadas– crece la desafección sobre este espectáculo. ¿Cuál será el futuro de la tauromaquia en España?

Pese al arraigo y tradición que tiene este espectáculo, un reciente estudio de la Fundación BBVA reveló que 8 de cada 10 españoles están en contra de cualquier tipo de espectáculo en el que algún animal –incluidos los toros de lidia– sea maltratado. El informe arroja otro dato significativo: sólo el 10,9% de los encuestados se mostró favorable al uso de animales en el espectáculo taurino.

Taurinos y antitaurinos

La última plaza donde se enfrentaron taurinos y antitaurinos fue la de Gijón: en agosto de 2021, la alcaldesa Ana González ratificó su decisión de no prorrogar la concesión de la plaza municipal de toros de El Bibio, lo que significó de facto el fin de la Feria Taurina de Begoña. Sin embargo, es Cataluña, la comunidad más férrea respecto a la práctica taurina: prácticamente todos sus municipios se oponen. En julio de 2010, el Parlament aprobó la prohibición de las corridas de toros y aunque en 2016 el Tribunal Constitucional anuló la prohibición bajo el argumento de que la tauromaquia es potestad del Estado al estar considerada parte del patrimonio cultural, las últimas corridas de la Plaza Monumental de Barcelona se celebraron en septiembre de 2011. Sin embargo, en Cataluña no se han prohibido los correbous, fiesta taurina popular tradicional de algunas comarcas de Tarragona. En total, en España, y aunque no están prohibidas legalmente, hasta 127 municipios han dejado de celebrar este espectáculo.

Frente a los detractores, los toros tienen una afición fiel, que entiende las corridas como una expresión cultural. Es esa afición que sigue asistiendo fervorosamente ante los carteles de José Tomás, «El Juli» o «Morante de la Puebla». La misma que logró que el año pasado, pese a las restricciones por la pandemia, la actividad taurina se recuperara un 70%.

El gobierno madrileño de Isabel Díaz Ayuso es un referente en este sentido: en noviembre del año pasado, la Comunidad de Madrid celebró el Consejo de Administración del Centro de Asuntos Taurinos, en el que acordó «que primará la promoción y la defensa de la tauromaquia en el próximo Pliego de Contratación, Gestión y Explotación de Las Ventas». El gobierno regional también colabora, por ejemplo, con la segunda edición del Curso Práctico de Periodismo y Comunicación Taurina. La Comunidad compensará con 3,4 millones de euros las pérdidas que tuvo la plaza madrileña a causa de los cierres producidos por culpa de la pandemia.

No obstante, la primera comunidad autónoma en haber declarado a la tauromaquia como Bien de Interés Cultural Inmaterial fue Murcia en 2011; después, pese al crecimiento del movimiento antitaurino, le siguieron Castilla-La Mancha y Castilla y León.

En el debate público en torno a los toros suelen cobrar relevancia voces de artistas y escritores célebres que los defienden, como Joaquín Sabina, Almudena Grandes o Andrés Calamaro. Este último defendía en un artículo de ABC que el toro «es un animal privilegiado que vive cuatro años en la naturaleza» y que «abolir la práctica de la tauromaquia es sacrificar a toda una especie». El músico argentino cimienta su defensa en tres argumentos: el cultural, el económico y el legal.

La última polémica que ocupó las portadas de los diarios surgió tras la noticia de que los toros quedaban, en el último momento, excluidos del bono cultural de 400 euros que el Gobierno preparaba para ofrecer a los jóvenes. Más allá de los argumentos contrapuestos, en uno de los múltiples debates que surgieron tras el choque de opiniones, Chapu Apaolaza, portavoz de la Fundación Toro de Lidia, dio un dato que augura que la controversia tiene futuro, ya que «la gente que más va a los toros son los jóvenes de 18 años, la franja de entre 15 y 19 años han ido a los toros un 21% más que la media».

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