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«El trabajo en equipo tiene en el baloncesto un buen espejo en el que mirarse»

Juanma López Iturriaga, exjugador de baloncesto y presentador, explica cómo los valores de superación, colaboración y conciencia colectiva que se necesitan en la cancha pueden marcar la diferencia en los dos partidos más complicados que la humanidad tiene por delante: la pandemia y la crisis climática.

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10
May
2021
Juanma López Iturriaga

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Es viernes y se acerca la hora a la que hemos quedado para hablar con uno de los grandes jugadores de la historia del baloncesto español, Juanma López Iturriaga (Bilbao, 1959). Por cuestiones de la pandemia, la charla será por teléfono. «Juanma está avisado», nos dice poco antes su representante. En efecto, cuando llega la hora (las 13:30h) no tarda en contestar. Entonces, hablamos sobre los valores que transmite su deporte, cómo aplicarlos fuera de la cancha y sobre los dos partidos más importantes que jugamos como sociedad hoy en día: la crisis sanitaria de la covid-19 y la emergencia climática.


¿Qué valores fundamentales cree que enseña un deporte como el baloncesto?

Hay una serie de valores que enseñan el baloncesto y cualquier otro deporte en equipo. Son todos aquellos que debe tener un grupo de personas que buscan un objetivo juntas: conciencia colectiva, motivación, afán de superación, gestión de problemas, saber convertir las dificultades en retos, perseguir objetivos comunes, colaboración, respeto, consideración… Todo lo que abarca el trabajo en equipo tiene en el mundo del baloncesto un buen espejo en el que mirarse.

«Hay mucho yo y poco nosotros, y así no vamos a derrotar al virus ni al cambio climático»

¿Cree que es posible aplicarlos en el día a día fuera de la cancha? 

Sí. En cualquier momento. Hay un elemento común entre un grupo profesional de cualquier índole y uno deportivo: son una serie de personas que se juntan en torno a un objetivo. En el deporte buscan la victoria, en otros casos pueden ser buenas cuentas de resultados, el desarrollo de la carrera… La materia prima es la misma y hay ciertas teclas ante las que reaccionamos parecido, independientemente del área. En cualquier camino te encuentras dificultades, que es donde se ve un buen equipo. Es un lenguaje común, pero usamos el deporte porque es muy gráfico. Por ejemplo, cuando hablamos de una buena actitud, hablamos de Rafa Nadal.

Entonces, la sociedad es como un equipo…

Claro. Precisamente estamos atravesando una situación en la que se ve esto.

Los sanitarios serían la defensa, los científicos desarrollando la vacuna estarían en el ataque… Poner en práctica estos valores como sociedad, ¿nos ayudaría a jugar mejor este partido?

Claro. Sin lugar a dudas. Era una liga que creíamos que no jugábamos: cada uno jugaba la suya propia en el ámbito personal y de pronto ha llegado un rival gigante que es un enemigo global –ya no español–. Es muy importante tener esa mentalidad colectiva. Estamos viendo lo que pasa cuando un país decide ir por su lado, cuando un colectivo decide olvidarse del bien común y pensar solo en lo que les viene bien a ellos, aunque perjudique a los demás. Yo suelo decir que hay mucho yo y poco nosotros, y así no lo vamos a derrotar. Todo está interconectado. No solo consiste en que funcione bien el sistema sanitario o el educativo, sino que depende también de cada uno de nosotros. Se ve con las mascarillas: no te las pones para protegerte tú, sino para proteger a los demás. Lo haces por el bien común que, de paso, te repercute a ti. Hay que hacer en colectivo: cuando dos o tres no cumplen, provocan daños a mucha más gente que a ellos.

«Mientras no estén integrados los lugares a donde no ha llegado la vacuna, no podemos dar por terminado el partido»

¿Cómo ves el partido a estas alturas?

Depende de cómo lo analices. En líneas generales, teniendo en cuenta que nadie esperaba que pasara, que hubo un primer momento de desprecio y risas y que ha habido que aprender sobre la marcha… El partido es muy complejo y se han cometido muchos errores, pero soy relativamente indulgente. No creo que estar martillando sobre lo que estamos haciendo sea beneficioso, porque no conduce a nada. Hace un año se nos hablaba de vacunas que iban a llegar en años y resulta que ha llegado en un año y pico, esto es un logro colectivo. Hubo un momento en el que parecía que el partido no se iba a ganar por 40 puntos, pero ahora estamos en una buena posición para decir que vamos a vencer, pero para eso aún falta. Si nos fijamos en las cifras, hay optimismo en el primer mundo. Pero hay sitios donde las vacunas ni las han olido ni se las espera. Mientras no esté integrado todo el mundo, no podemos dar por terminado el partido.

Otro partido que estamos jugando es el del cambio climático.

Buah…

Aquí también serían aplicables los valores de los que hablamos, ¿no?

A ver, aquí lo primero es que todavía estamos en la fase de concienciación y llevamos décadas en ella. Deberíamos habernos concienciado mucho antes de lo que está en juego. Hablamos mucho de los negacionistas de vacunas –que son el terror y no sé qué tienen en la cabeza–, pero es que los negacionistas del cambio climático son muchísimos más y esto se traduce en lo mismo que la pandemia: en muertos. No es una cosa de pasar más calor o menos calor. Estar enrocados porque haya mucha gente que se piense que es un cuento hace que no podamos pasar a la fase importante que es la de actuación. Vamos de puntillas con un tema que está siendo tremendo. Lo que pasó con la pandemia de que la gente no se la tomaba en serio cuando estaba en China e incluso en Italia, pasa con el cambio climático. Pero por ver el lado positivo, en Estados Unidos ha habido un cambio de presidencia y parece ser que están con otro talante. Pero…

No queda mucho tiempo de juego.

No, no queda mucho tiempo de partido. Es tan desesperante… Y cuando analizamos esos grandes momentos como el protocolo de Kyoto –que fue tan esperanzador– y ves en lo que se ha quedado… Es un poco triste pensar así, pero hasta que el cuidado del medio ambiente no se traduzca en beneficios empresariales, no conseguiremos nada porque va a haber una gran parte del tejido productivo que no va a hacer caso. Vivimos demasiado pensando en el hoy y no en el mañana y el pasado, y esto es así en todos los ámbitos. Mira nuestros políticos, están pensando en ganar unas elecciones y tener una visión más alejada no les compensa porque ellos están en el «más yo y menos nosotros». Así que, igual que en el tema del virus soy relativamente optimista, en el del cambio climático, en fin… me cuesta un poco más.

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