Medio Ambiente

Bienvenidos a la era del orgasmo ecológico

Ante la creciente conciencia medioambiental de la población, el mercado erótico está respondiendo a la demanda de productos elaborados con materiales sostenibles, biodegradables y no testados en animales.

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08
Abr
2021

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La industria de los juguetes eróticos crece como la espuma desde hace años gracias al aumento del interés de las mujeres en experimentar con la sexualidad, según un informe sobre el sector elaborado por Grand View Research. En 2020, las medidas adoptadas para intentar combatir la pandemia provocada por la covid-19, como el confinamiento o la distancia social, dieron a este mercado un empujón todavía mayor y lo llevaron a alcanzar un valor superior a los 27 mil millones de euros. Durante la próxima década, se estima que siga creciendo en torno a un 8% cada año. Una industria millonaria que, además de proporcionar placer, tiene una cara B hacia la que no se suele mirar: su huella medioambiental.

Como otros tantos productos que consumimos a diario, los juguetes sexuales tampoco están hechos para durar toda la vida y también sus residuos son susceptibles de acabar en los entornos naturales. La vida útil de estos productos depende de muchos factores, pero se relaciona principalmente con la durabilidad del material que los compone. Aunque los hay de cristal o madera, el grueso de los juguetes sexuales se fabrica con plásticos, siliconas, látex y gelatinas que, además de no ser biodegradables, tienen una fecha de caducidad en su higiene. Según la información de los supermercados eróticos Lys, un dildo de silicona puede durar unos diez años, mientras que uno de PVC se sitúa entre los cinco y diez, y los de látex o gelatina suelen acabar en la basura al año, ya que es el periodo de tiempo recomendado en su uso para evitar que su material poroso albergue bacterias.

Con mayor conciencia medioambiental, la población está obligando a la industria a responder con líneas ‘eco’

Superados estos tiempos, toca renovar la juguetería. Si esta no se recicla, es fácil imaginar dónde acabarán los vibradores. Por eso, una vez terminado su tiempo de uso, es importante «intentar separar los materiales y llevarlos a un punto limpio (también si no logramos separarlos) ya que, si los tiramos a la basura, van a contaminar muchísimo», explica Sara Pérez, copropietaria de la tienda erótica Los Placeres de Lola (Madrid). Como es bien sabido, los plásticos son uno de los mayores problemas de contaminación que existen en nuestro planeta, sobre todo para los mares y océanos: cada año acaban en ellos unas doce millones de toneladas de este material que ponen en peligro su fauna y su flora, según los datos de Greenpeace.

Sin embargo, la población es cada vez más consciente de la gravedad de la crisis climática y la influencia que el ser humano tiene sobre ella, y tiende a buscar alternativas de estos productos que generen una menor huella ambiental. «Ha habido un cambio bastante grande en la conciencia de las personas. Antes daba igual, a nadie le importaba de qué estaba hecho el juguete. Y eso que nosotras siempre hemos tenido opciones ecológicas en la tienda desde que abrimos hace dieciséis años». Ahora, en cambio, se buscan productos hechos con materiales sostenibles, biodegradables y que no estén testados en animales. Esto obliga a la industria a responder: «Todas las marcas están sacando líneas eco».

Sobran los ejemplos. Uno de los últimos es el nuevo juguete Premium Eco de Womanizer, una de las marcas que ha revolucionado el mundo con sus succionadores de clítoris. Este aparato se trata del primero con tecnología pleasure air (con la que funciona el succionador) elaborado con Biolene, un plástico biodegradable hecho principalmente con almidón de maíz. Además, la marca se compromete a plantar un árbol por cada producto adquirido.

Otro de ellos, relata Pérez, es Gaia: «Está hecho con un almidón que, después de tirarlo, tarda en descomponerse entre 47 y 90 días». También hay opciones fabricadas con otros materiales como el vidrio o la madera, aunque no vale cualquiera, ya que se pueden astillar. «Los más seguros son los de borosilicato de pyrex, y algunas personas también buscan los de cristales energéticos como el cuarzo rosa», añade Pérez. Para quienes prefieren los juguetes eléctricos, también crece la oferta de aquellos que se cargan con energía solar sin necesidad de conectarlos al circuito de casa. Con estas opciones, la industria de la juguetería sexual quiere sumarse al cuidado del planeta sin descuidar el placer.

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