Sociedad

El fin del racismo empieza en el puesto de trabajo

La discriminación racial continúa siendo especialmente acuciante en los puestos de trabajo donde, según datos de la Agencia de Derechos Fundamentales (FRA), tres de cada diez empleados son víctimas de exclusión por motivos étnicos o raciales.

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11
Mar
2021

En enero de este año, el Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica (CEDRE) publicaba su estudio sobre la percepción de la discriminación por origen racial o étnico por parte de sus potenciales víctimas. El titular: ocho de cada diez personas que sufrieron discriminación racista en España no se atrevieron a denunciarlo. Este documento, que estudia también los ámbitos en los que estas personas se han sentido discriminadas –al acudir al médico, en el sistema educativo o a la hora de buscar empleo o vivienda– refleja que un 26% de los encuestados se ha sentido discriminado en algún momento concreto de su día a día.

El racismo es especialmente acuciante en los puestos de trabajo. Aquí, según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE (FRA), la discriminación alcanza al 29% de los empleados. Aunque este último dato supone una cierta mejora respecto al del anterior estudio, que en 2014 hablaba de un 34%, el cambio no llega de la misma forma para todos. Los grupos poblacionales con las mayores tasas de discriminación laboral son los de la África no mediterránea (41,7% de afectados), afrodescendientes (33,8%), magrebíes (33,6%) y gitanos (30,1%). De hecho, el Eurobarómetro de 2015 ya situaba la percepción de la discriminación racial como la más extendida en el ámbito laboral, con un 63% de personas afectadas.

Un paso imprescindible es asegurarse de que se evalúe a los candidatos exclusivamente por sus méritos

El racismo en el trabajo provoca a sus víctimas falta de autoestima, trastornos de ansiedad y depresión. Si no se identifica a tiempo, el sufrimiento puede alcanzar puntos extremos. Para avanzar en su resolución, las empresas y gabinetes especializados en la gestión de recursos humanos recomiendan que la gestión de la discriminación racial comience en los mismos procesos de selección. El primer paso –imprescindible- es identificar los prejuicios y asegurarse de que se evalúa a los aspirantes a un puesto exclusivamente por sus méritos, y no en base a estereotipos raciales u otros.

La consultoría Grupo Ático34 proporciona los consejos clásicos en cualquier tipo de acoso: anotar la fecha y hora en que se hayan producido incidentes, contar con pruebas físicas (por ejemplo, imágenes) o declaraciones de testigos, informar a los superiores si se está sufriendo discriminación o, en caso de que la discriminación venga de un superior, informar a los superiores de este. Si el comportamiento racista proviene del superior de más alto rango –o si el departamento de recursos humanos no puede hacer nada al respecto– la solución será denunciar.

La percepción de los grupos minorizados en los puestos de trabajo influye sobre los prejuicios de los mismos

En España, por ejemplo, la discriminación ante las personas de etnia gitana está a la orden del día. La tasa de paro, subempleo o empleo irregular de la comunidad se ha situado, en los últimos 20 años, entre 5 y 10 puntos por encima de la media de la población general. Solo en 2017, la Fundación Secretariado Gitano registró un total de 202 casos de exclusión y más de 330 personas afectadas –muchas de las reclamaciones son colectivas–. Entre las quejas más comunes, las trabas para conseguir un empleo corresponden a la más habitual, pues redunda en la retroalimentación de tópicos sobre desempleo o empleo irregular en el colectivo.

El informe sobre discriminación étnica en el mercado laboral publicado en 2004 por la Universidad de Lleida y la Autónoma de Barcelona refleja patrones que, diecisiete años después, todavía existen. Por ejemplo, constata cómo determinadas candidatas son rechazadas en empleos de cara al público «por no poder disimular que son gitanas, ni siquiera con el uniforme».

Esto provoca un efecto directo en la imagen colectiva que la sociedad española tiene sobre las distintas etnias: la percepción de profesionales cualificados y eficientes de determinados grupos minorizados puede influir, positiva o negativamente, sobre los prejuicios generales de los mismos. El mismo Secretariado Gitano describe a las poblaciones gitana y magrebí como las más estereotipadas, reflejando en sus cálculos que a más del 40% de los españoles les molestaría «mucho» o «bastante» tenerlos como vecinos.

En este siglo, a uno de cada cuatro españoles no le gustaría que sus hijos estuvieran en la misma clase con niños y niñas de familias gitanas, mientras que la mitad de la población declara sentir «poca o ninguna» simpatía hacia ellos. Una discriminación que puede empezar a combatirse desde nuestro puesto de trabajo.

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