Salud

El coronavirus eclipsa la lucha contra el cáncer

Según la Sociedad Española de Oncología Médica, uno de cada cinco pacientes con cáncer en España siguen a la espera de un diagnóstico que llega con retraso debido a la pandemia. Reforzar la atención a esta enfermedad puede ayudar a prevenir hasta siete millones de muertes en todo el mundo durante la próxima de década.

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Valeria Cafagna
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04
Feb
2021
cáncer

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Valeria Cafagna

El 4 de febrero, Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer, es un recordatorio anual sobre lo vital que resulta seguir financiando la investigación científica para frenar una enfermedad escurridiza e invisible. Este 2021 es un año más pero, no es un año cualquiera. El coronavirus desató hace ya muchos meses una crisis sanitaria que también ha afectado a los pacientes oncológicos: según la Sociedad Española de Oncología Médica, uno de cada cinco pacientes con cáncer en España siguen a la espera de un diagnóstico que llega con retraso debido a la pandemia.

La covid-19 ha bloqueado parte de los programas de cribado de cáncer, retrasando miles de citas y dificultando los diagnósticos tempranos. Algunos han llegado tarde. Los hospitales van a la carrera destinando la mayor cantidad de recursos posibles para cubrir todas las necesidades, porque aunque el virus haya frenado en seco nuestras vidas, nuestros cuerpos siguen enfrentándose a los fantasmas prepandémicos. En España, en el caso de los hombres, a pesar de la pandemia, los tumores han seguido siendo la principal causa de mortalidad (26%, con un total de 28.291 defunciones), por delante de la enfermedades infecciosas (22%%, con un total de 24.474 muertes). En el caso de las mujeres, los tumores representaron la tercera causa de mortalidad (17%), seguidos de las enfermedades infecciosas y del sistema cardiovascular.

Las organizaciones que luchan contra el cáncer han insistido durante años en la importancia de trabajar en la prevención y el diagnóstico precoz para restarle presión al sistema sanitario y aumentar la esperanza de vida de los pacientes. Entre las indicaciones caben los hábitos saludables, la eliminación de posibles agentes desencadenantes y la habilitación realista de centros de radioterapia para reducir los costes económicos de los pacientes y sus familiares –en la actualidad, Huesca, Teruel, Palencia, Ávila, Soria y Segovia carecen de unidades de radioterapia, por ejemplo–. La pandemia ha demostrado que es de vital importancia reforzar el sistema de detección: las previsiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) auguran que en 2040 más de 29,4 millones de personas tendrán que sentarse a escuchar un diagnóstico de cáncer.

El cáncer de pulmón es el más frecuente en al menos 10 países

La Agencia Internacional para la Investigación contra el Cáncer (IARC) incluyó oficialmente el aire contaminado como agente cancerígeno para los humanos en el año 2013, al encontrar evidencias científicas de la relación entre ambos factores, especialmente en casos de cáncer de pulmón: se estima que el 29% de ellos están relacionados con la polución. De hecho, en este 2020, los datos recogidos por el Global Cancer Observatory –dependiente de la OMS– el cáncer de pulmón se ha convertido en el más común de todos los casos detectados en ciertos países como China (815.563 casos), Turquía (41,264), Polonia (29.509), Corea del Sur (13.672) o el sur de Europa, territorios en los que suelen detectarse altos picos de contaminación ambiental.

Aunque el tabaquismo sigue siendo la primera causa de este tipo de tumores, la comunidad científica ha confirmado que otros agentes contaminantes entran en el juego. En 2018, un grupo de investigadores llegó a la conclusión de que el gas radón es la segunda causa atribuible al cáncer de pulmón, llegando a ocasionar hasta un 14% de los casos por exposición en el interior de edificios. El radón surge al desintegrarse el uranio y el radio, presentes en suelos y en materiales de construcción, especialmente en el granito. El uso de materiales deficientes, la escasa ventilación y el abandono de la renovación del parque de viviendas –que en España tiene 30 años de media– puede fomentar su aparición, letal en grandes dosis.

Analizando con detalle todos estos factores, la OMS calcula que en 2040 los diagnósticos de cáncer de pulmón llegarán a superar los 3,2 millones. Lo verdaderamente grave de este tipo de cáncer es que tiene una incidencia baja (22,4%) si se compara con la del cáncer de mama (47,8%) o próstata (31%) pero lidera los rankings de mortalidad con un 18%, seguido del cáncer de mama (13,6%) o el de colon (9%). Por sexos, el caso de los hombres, la incidencia del cáncer de pulmón supera a todos los demás mientras que, para las mujeres, la principal amenaza es el cáncer de mama, que ha registrado un total de 2,2 millones de casos en todo el mundo.

Otro de los pasos que ha dado la ciencia en la investigación ha sido para confirmar que los agentes contaminantes en el ambiente no solo incrementan la posibilidad de padecer cáncer pulmonar, sino que también fomentan la aparición de otros: por ejemplo, en esta línea, la OMS estima que más de 40 agentes presentes en el espacio de trabajo contribuyen a más de 450.000 muertes relacionadas con cáncer al año. Además, las investigaciones centradas en la incidencia de la contaminación atmosférica sobre el desarrollo de los distintos tipos de cáncer apunta hacia contaminantes ambientales específicos como el PM2.5, el ozono o el dióxido de nitrógeno como principales responsables de más de 29 tipos de cáncer.

Un estudio realizado durante 22 años (de 1982 a 2004) sobre 600.000 personas por el Instituto de Salud Global de Barcelona y la Sociedad Americana contra el Cáncer registró más de 43.000 muertes por cáncer no pulmonar y asoció las partículas PM2.5 a la mortalidad de cáncer de riñón y vejiga mientras que el dióxido de nitrógeno pudo actuar sobre la mortalidad por cáncer colorrectal.

Siete de cada diez diagnósticos serán en países subdesarrollados

«La detección precoz y el acceso a un tratamiento adecuado deben ser la propiedad en cualquier sistema público de salud», indica la OMS en su informe. En él, añade: «Son particularmente esenciales en los tumores de mama o el cuello de útero, la leucemia y los linfomas. Este diagnóstico precoz puede verse alterado por factores como la presencia de una patología previa, los retrasos en los laboratorios o la proximidad geográfica a centros de diagnóstico y tratamiento».

Las previsiones sobre el cáncer en los próximos 20 años no dan lugar al optimismo. El cáncer de mama será el que más crezca en 2040, aumentando los casos en un 89% en comparación con 2020. Por otro lado, el cáncer de páncreas terminará por afectar al doble de personas que ahora. El único que se estima que decrezca es el cáncer de cuello de útero debido a las amplias campañas de vacunación entre los 9 y los 16 años que se han venido realizando en la mayoría de países del mundo desde 2006 con el objetivo de eliminar el virus del papiloma humano, una enfermedad de transmisión sexual que provoca la mayoría de los casos.

El cáncer de cuello uterino es prevenible con esta vacunación y con controles rutinarios… cuando estos pueden realizarse. Un simple vistazo al siguiente mapa de los casos más comunes detectados en 2020 subraya la brecha sanitaria que existe entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo. De todos los estados, los que se enfrentan a un serio problema con el cáncer de cuello de útero como predominante se concentran en el continente africano: suman casi 50.000 casos. Tan solo Tanzania representa el 20% del total, con 10.241 casos que superaron al resto de tipos de cáncer. En Malaui el cáncer de cuello uterino se ha convertido en un problema de salud pública: más de 3.600 mujeres enferman al año y dos tercios de ellas mueren, como explica Médicos sin Fronteras en este documental.

«Mientras que en los países desarrollados el acceso a prevención y cuidados suele llevar de media 1.2 meses, en el caso de los países con sistemas sanitarios frágiles este periodo de tiempo puede triplicarse», advierte la OMS. De hecho, los datos apuntan a que seis de cada diez diagnósticos anuales dentro de dos décadas se darán en países en vías de desarrollo: «La prevalencia de tipos de cáncer relacionados con infecciones, como el cáncer de estómago, de cuello de útero o de hígado (provocado por la hepatitis B y C) es más alto en los países más pobres. El acceso desigual a programas de prevención provocan que el riesgo y la desigualdad aumenten con el paso del tiempo».

Situar el cáncer como prioridad en la salud pública puede ayudar a prevenir hasta siete millones de muertes en 2030. Bastaría con invertir entre 2,70 y 3,95 dólares por persona en los países subdesarrollados y 8,15 dólares por persona en los países desarrollados para conseguirlo. En la actualidad, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluyen la lucha contra el cáncer y otras enfermedades no infecciosas como una prioridad para reducir las desigualdades sanitarias y garantizar la cobertura universal de la salud. La clave, indica la OMS, es enfocarlo de forma transversal, comprendiendo que nuestro entorno es un todo y que tanto la salud como la educación, la justicia, el trabajo o la planificación urbanística juegan su papel en la prevención y la lucha contra el cáncer.

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