Salud

Doctor Beethoven, acuda a oncología

Avalada por la Organización Mundial de la Salud, la aplicación terapéutica de las artes es ya una realidad en muchos hospitales. La fundación Cultura en Vena, especializada en la intersección entre arte y salud, organiza una jornada inédita en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza por el Día Mundial contra el Cáncer de Mama.

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14
Oct
2022
La ‘Maja desnuda’, de Goya, con una cicatriz de una mastectomía. Fuente: Cultura en Vena

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Hablar del potencial sanador de las artes está de moda. En estos tiempos pospandémicos, tanto la cultura como la salud están atravesando procesos de resignificación que las recolocan –o deberían hacerlo– en un puesto más alto en nuestra escala de valores respecto a su estatus precovid. Las evidencias son cada vez más incontestables: la cultura beneficia seriamente la salud.

Ese es, precisamente, el eslogan de Cultura en Vena, fundación que acerca las artes al entorno sanitario y a las regiones rurales en riesgo de despoblación. Nuestros objetivos consisten, entre otras cosas, en mejorar las estancias hospitalarias de los pacientes, sus acompañantes y el personal sanitario; y en el caso de habitantes de comunidades rurales, en acercar una vivencia cultural allí donde suele escasear.

Asimismo, creamos oportunidades laborales para profesionales del sector cultural –principalmente artistas y mediadores–, generando nuevos circuitos y ecosistemas para su desarrollo. Todo ello se vertebra a través de acciones culturales como exposiciones y conciertos especialmente comisariados para esos públicos.

El binomio cultura-salud en la agenda política

Sin embargo, debemos preguntarnos por el estado del arte (nunca mejor dicho): ¿cómo está calando el binomio cultura-salud en las instituciones políticas, culturales y sanitarias? ¿Ha entrado realmente la cultura en la agenda política como herramienta de bienestar? Hagamos un pequeño flashback de hitos.

En noviembre de 2019, poco antes de la llegada del coronavirus, la Organización Mundial de la Salud en la Región Europea publicó un crucial informe sobre el papel positivo de las artes en la salud y el bienestar. Avalado por centenares de estudios científicos, instaba a los Gobiernos de la región europea a introducir las prácticas artísticas en las políticas sanitarias: no solo en las de prevención y promoción de la salud, sino también en las de gestión y tratamiento de la enfermedad.

La OMS ya ha instado a los Gobiernos europeos a a introducir las prácticas artísticas en las políticas sanitarias para el tratamiento de enfermedades

En otras latitudes, la cultura por prescripción médica es ya una realidad –como en Canadá, donde los médicos recetan visitas al Museo de Bellas Artes de Montreal– y está un poco más cerca de institucionalizarse en nuestro país, como muestran el proyecto piloto Receta cultura llevado a cabo en Valencia o las diferentes acciones en torno a los museos y la salud del Govern de Catalunya.

Arrecia la pandemia del coronavirus, y medio año después, el 22 de septiembre de 2020, el Govern de Cataluña da un paso al frente y declara la cultura como bien esencial. ¿Un intento de alinearse con las políticas centroeuropeas, donde las artes gozan indiscutiblemente de mayor consideración social? Casualmente o no, ese mismo día el Senado español realiza una declaración institucional en la que literalmente «anima al Gobierno» a hacer lo mismo.

Pero eso no es todo: en una proclamación sin precedentes, añade que «debemos incluir arte y cultura en el marco de la atención sanitaria ya que la música, el arte y las actividades culturales producen grandes beneficios para nuestro cuerpo y nuestras emociones». Toda una declaración de intenciones.

La ciencia ha ratificado en innumerables estudios los positivos efectos físicos, bioquímicos, psicoemocionales, cognitivos y sociales de la música

Y ahí no acaba: en octubre de 2021 nace el Centro Colaborativo de Arte y Salud de la OMS (WHO Collaborating Centre for Arts & Health), en colaboración con el University College de Londres. Y dos meses después, la Comisión Europea promueve el proyecto Culture for Health, una plataforma intersectorial con el objetivo de mapear los proyectos de arte y salud existentes en Europa –en la que aparecen diferentes proyectos de Cultura en Vena–.

Si buscamos referentes en la aplicación de las prácticas artísticas en el ámbito sanitario, el Reino Unido es un modelo a seguir. El valor del arts in health y su enorme impregnación social han logrado el respaldo institucional por parte de todos los partidos del Parlamento británico: el All-Party Parliamentary Group on Arts, Health and Wellbeing. ¿Es un acuerdo parlamentario multipartidista sobre cultura, salud y bienestar una utopía en nuestro país?

No solo hay razones para creer que no, sino que ya se está haciendo camino al andar. En Cultura en Vena trabajamos intensamente con agentes sanitarios, culturales y políticos con el objetivo de impulsar los marcos legislativos necesarios para que las artes se integren en los protocolos médicos como tratamiento coadyuvante en el ámbito sanitario.

Un medicamento sonoro de rápida absorción

Sin duda, mientras nos encerrábamos en nuestros hogares durante la primavera de 2020, la música demostró por enésima vez en la historia de la Humanidad sus innegables propiedades balsámicas. Por múltiples razones que la neurociencia explica con todo detalle, los estímulos musicales nos resultan más directos, poderosos e inmediatos que los que podemos recibir de las otras artes. Porque, como dijo el musicólogo y crítico musical austríaco Eduard Hanslick: «las otras artes nos persuaden, pero la música nos toma por sorpresa».

En su libro Musicofilia, el neurólogo Oliver Sacks afirmaba que «es un remedio, un tónico, un zumo de naranja para el oído». Y añadía que para muchos de sus pacientes neurológicos, especialmente aquellos a los que la farmacopea no puede ya ofrecer alivio, la música puede proporcionar el acceso al movimiento, a la palabra, a la vida. La ciencia ha ratificado en innumerables estudios sus positivos efectos físicos, bioquímicos, psicoemocionales, cognitivos y sociales.

Ya en las dos Guerras Mundiales –especialmente la segunda– se puso de moda en los hospitales militares entretener con música en vivo a los soldados y veteranos heridos

Desde los himnos incluidos en el tratado médico hindú Athatvaveda (1.200-1.000 a.C.) hasta aquel Resistiré –la canción-amuleto cantada por cientos de gargantas desde los balcones–, la relación entre música y salud despliega una larga historia. Probablemente, los mayores influencers de los albores de la historia terapéutica de la música hayan sido los filósofos griegos, especialmente Pitágoras, Platón y Aristóteles. Les seguirían figuras como el filósofo Boecio (s. VI), la polímata y compositora Hildegarda de Bingen (s. XII) o los tratadistas que disertaron sobre los efectos de la música en el cuerpo y mente durante el enciclopédico Siglo de las Luces, como el médico francés Louis Roger, el farmacéutico Richard Brown y el cirujano Richard Brocklesby, ambos británicos.

La relación entre arte y salud dura ya más de 35.000 años

Sin embargo, en un terreno más práctico nos preguntamos: ¿cómo de reciente es la incorporación de la música dentro de los hospitales? Pues nada nuevo bajo el sol. Durante el siglo XIX se aplicó especialmente en el ámbito de la psiquiatría: en Alemania, el asilo para enfermos mentales de Illenau fue todo un ejemplo de activismo al priorizar el uso de la música sobre los fármacos. Tenía un coro, una banda y una orquesta de cámara; una temporada musical de 140 conciertos anuales y un instructor musical en plantilla que trabajaba codo con codo con el personal médico.

Otro ejemplo: el compositor británico Edward Elgar fue durante cinco años músico residente del psiquiátrico Worcester & County Lunatic Asylum, cuya banda dirigió y para la cual escribía polkas y cuadrillas a razón de cinco chelines la pieza. Pero fue partir de las dos Guerras Mundiales –especialmente la segunda– cuando en los hospitales militares se puso de moda entretener con música en vivo a los soldados y veteranos heridos en conflicto. Ya en los años 70, el célebre violinista Yehudi Menuhin, impactado por sus conciertos a pie de cama durante la Segunda Guerra Mundial, cofundó en Gran Bretaña Live Music Now, organización pionera en la heroica tarea de acercar la música a los hospitales.

En resumen, la relación entre arte y salud dura ya más de 35.000 años, pero en este vídeo se resume en tres minutos.

¿Musicoterapia o terapia con música?

En nuestro país son varias las iniciativas que trabajan con esos objetivos. Con un equipo humano que atesora una década de experiencia en el binomio música-salud, nuestro granito de arena en Cultura en Vena consiste en impulsar la investigación clínica sobre los efectos de la música en directo en diferentes patologías. Es necesario definir claramente la naturaleza de estas intervenciones: no se trata de musicoterapia –disciplina realizada por un terapeuta con formación específica y competencias musicales muy variables, que felizmente ya ha encontrado su hueco en muchos centros hospitalarios—.

En Cultura en Vena exponemos al paciente a los efectos beneficiosos de una experiencia musical llevada a cabo por intérpretes profesionales, seleccionados bajo un criterio de excelencia artística y capacidad de empatía, y formados para trabajar en el entorno sanitario. No es, por tanto, musicoterapia en sentido estricto, aunque obviamente ambos enfoques comparten y se nutren de los beneficios de la música como herramienta terapéutica.

Dicho esto, el Proyecto MIR –Músicos (que no médicos) Internos Residentes– de Cultura en Vena es un programa con triple impacto social: investigación, humanización sanitaria y generación de empleo entre jóvenes músicos. La primera implementación se ha llevado a cabo en siete especialidades médicas del Hospital 12 de Octubre de Madrid (Medicina Intensiva, Neonatología, Cardiología, Neurología, Hematología, Rehabilitación y Medicina del Trabajo) contratando entre 2016 y 2019 a 46 músicos clásicos, de jazz y de flamenco.

Irene Senent, Proyecto de Músicos Internos Residentes. Fuente: Cultura en Vena

Un standard de jazz para pacientes neurológicos con migraña refractaria, una nana susurrada a pie de incubadora, una soleá para recién trasplantados de médula. Probablemente por primera vez en la historia de las UCI de nuestro país –y quién sabe si del mundo– un piano vertical ingresaba entre los boxes de Cuidados Intensivos cardiológicos y de politrauma.

Ya solo el concepto es rompedor: emplear un músico en el universo sanitario, como personal fijo de un hospital. Y claro, las preguntas explotan: ¿no sería mejor contratar a un neurólogo en vez de un clarinetista? ¿Qué hay de las prioridades en nuestra necesitada Sanidad pública, con camas en los pasillos, listas de espera desoladoras y un personal sanitario insuficiente y extenuado por una pandemia global? ¿Es realmente tan necesaria una partita de Bach en la UCI? En estos tiempos en que la transparencia es indispensable, hay que aclarar que, a pesar de actuar principalmente en hospitales públicos, ninguna acción de Cultura en Vena recibe un céntimo de la sanidad pública: el Proyecto MIR está financiado exclusivamente gracias a filantropía privada.

Hablemos de salud… en un museo

Uno de los grandes objetivos de Cultura en Vena es conectar a los sectores de la cultura y la salud para lograr un alto impacto y beneficio social. Nuestra labor habitual consiste en acercar las artes al entorno sanitario. Entonces, para cerrar el círculo, ¿por qué no llevar al mundo sanitario a un museo para abordar los vínculos entre arte y salud?

Así ha nacido la jornada Arte y Salud en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, que tendrá lugar el 19 de octubre, Día Mundial contra el Cáncer de Mama. Investigadores, pacientes, artistas, personal sanitario y especialistas en arte plástico se reunirán en mesas de diálogo e intervenciones artísticas acerca del cáncer de mama. Además, del 19 al 26 de octubre, una sala del museo acogerá una exposición muy especial producida por Cultura en Vena: tres réplicas a tamaño real de obras maestras de la historia del arte universal intervenidas digitalmente para simular una mastectomía.

En la jornada ‘Arte y Salud’, se colgarán en el Museo Thyssen tres réplicas a tamaño real de obras maestras intervenidas digitalmente para simular una mastectomía

Los visitantes podrán ver La maja desnuda de Goya, la Venus y Cupido de Rubens y el Adán y Eva de Hans Baldung Grien, con cicatrices en el pecho –también el Adán, representando ese 2% de cáncer de mama masculino–. Los textos de mediación, así como las visitas guiadas, ofrecerán un acercamiento especialmente comisariado para pacientes. Su planteamiento aborda, desde la piel al lienzo, una mirada diferente sobre el cáncer de mama, que habla de las nuevas ausencias y presencias en el cuerpo de la mujer, y de la cicatriz como oportunidad de reencuentro y belleza redescubierta.

Y no faltará la música, porque en la misma jornada se presentará además el Libro Blanco del Proyecto MIR con los investigadores principales del Hospital 12 de Octubre y los asistentes podrán disfrutar de micro conciertos a cargo de algunos de los músicos del proyecto. Una jornada que resume el espíritu de Cultura en Vena: ser el catéter que facilite las conexiones, tan ancestrales y a la vez tan actuales, entre arte y salud.


Marta Espinós es pianista, comisaria musical y directora adjunta de la fundación Cultura en Vena.

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