Reiniciar España: manual de instrucciones

Incentivar el turismo, el consumo interno y proteger el empleo son las propuestas esenciales de los expertos para conectar un país casi desconectado de la prosperidad.

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Valeria Cafagna
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26
May
2020
economía turismo

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Valeria Cafagna

Vivimos tiempos extraños. Los economistas han abandonado los números por la gramática. Estos días existe una extraña competición por averiguar si la recuperación será una V, una L, una W o una U. Detrás de este damero de letras, e independientemente de quién acierte o yerre, no hay ninguna duda de que la palabra que urge es reiniciar. Y la primera frase, guste o no, lleva los conceptos de sol y playa. Antes de la pandemia, el turismo aportaba el 12% de la riqueza del país. Más de 70.000 millones de euros, más de 190.000 puestos de trabajo. La riqueza de una provincia. La particular California de España. «Por el peso que tiene en nuestra economía debe ser una de las prioridades y además ha sido el sector que ha salido al rescate del país en crisis anteriores», refrenda Ignacio Rel, socio responsable del área de Consultoría de EY.

El reto es profundo y oscuro como una gruta. Hasta julio –así lo ha anunciado el Gobierno–, los extranjeros no podrán acceder a sus destinos turísticos y va a ser complejo usar el transporte aéreo. Los números auguran una caída del 60% de los ingresos. Pero uno puede sumar tristeza a la tristeza hasta que solo queden playas vacías, hoteles sin huéspedes, bulevares sin parejas, noches sin luna. Hay que enrolarse en el optimismo. Urge, en la respuesta, recurrir a los verbos en infinitivo. «Reforzar el concepto de país seguro para el visitante, potenciar nuestro atractivo como destino vacacional, atraer demanda llegando a acuerdos de apertura de fronteras con Europa, ampliar, si es necesario, la temporada hasta otoño e incentivar el consumo turístico entre españoles», propone Rel.

Hay algo que es obligatorio cambiar si queremos reiniciar con éxito. El turismo ha sido una industria bastante competitiva, aislada y solitaria. Cada país ha levantado su propia isla. La idea de abrir las fronteras de forma coordinada y crear corredores turísticos resulta esencial, sobre todo en la Europa del sur, donde habita el 13% de la economía italiana, el 19% de la portuguesa o el 21% de la griega. Y detrás de los porcentajes viven millones de empleos.

El turismo supone más de 70.000 millones de euros y más de 190.000 puestos de trabajo para la economía española

Es indispensable trazar estrategias comunes y contradecir al escritor Ángel Ganivet, quien siempre defendió que los españoles vivimos en perpetua guerra civil. Apremia perseverar. «La reactivación del turismo será más lenta que en otros sectores», concede Roberto Scholtes, director de Estrategia de UBS España. Y necesita, al menos, dos de las tres virtudes teologales: fe y esperanza. La primera a través –desgrana– de avales y préstamos a hoteles, agencias y negocios de restauración para evitar que quiebren estos meses. También prolongar los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTEs), la forma de evitar la destrucción de trabajo, diversificar y tener otras esperanzas. «Incentivar el turismo rural, cultural, gastronómico y evitar esa dependencia del sol y la playa», recomienda el experto. Además, cinco puntos del PIB proceden de las artes, el ocio y el entretenimiento. «Y hay que reformular ideas, reinventar propuestas y pensar cómo será, por ejemplo, un museo en los próximos dos años. Hay que ver el tiempo suspendido a largo plazo», reflexiona Manuel Borja Villel, director del Museo Reina Sofía. La situación es la que es, no existe otra. Dada nuestra estructura económica, la recuperación será más lenta y vulnerable a rebrotes de la epidemia en el sur de Europa que en el resto del mundo desarrollado.

Frente a esa pesadumbre, existe la oportunidad para progresar hacia una economía de mayor valor añadido, más diversificada y sostenible. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima de España (PNIEC) es, quizá, el más ambicioso de toda la Unión Europea. En su ADN radica la descarbonización del sector eléctrico. El Pacto Verde debe convertir a Europa, nada menos, que en el primer continente con cero emisiones de CO2 para 2050 y en Bruselas –exceptuando las cuencas carboníferas polacas o húngaras– hablan de él como uno de los espacios de la reactivación económica. Debe serlo. Sobre todo en un país, como el nuestro, favorecido por una alta insolación–básica para el sector fotovoltaico, que ocupa a 60.000 personas– y viento –esencial en la energía eólica, y 25.000 empleados–. Pero hay que evitar la tentación a corto plazo de unos combustibles fósiles, hoy, muy baratos. 17 países, entre ellos España, se han comprometido por escrito con el Pacto Verde. No debe tener marcha atrás. Y no lo parece. «Iberdrola –explica un portavoz de la compañía– prevé efectuar inversiones sin precedentes, que este año ascenderán a la cifra récord global de 10.000 millones de euros». El dinero se destinará a energías renovables, redes inteligentes y sistemas de almacenamiento. Y en esto, al menos, a España le mece el sol y el viento. «Tenemos un buen recurso de renovables, territorio suficiente para su desarrollo, empresas energéticas potentes, un mix de generación diversificado, capacidad de inversión y el despliegue de redes eléctricas inteligentes para responder a un nuevo modelo energético», comentó, en la presentación de resultados, Ángeles Santamaría, consejera delegada de Iberdrola España. Sin embargo, no todo lo verde servirá para generar empleo y prosperidad. El país ya sufrió una burbuja fotovoltaica. «Los proyectos tienen que estar bien enfocados para que sean rentables económica y medioambientalmente. Hablamos, por ejemplo, de la distancia al punto de conexión con la red o un recurso de viento y sol suficiente», advierte Yann Dumont, responsable de la consultora energética Reolum.

Historia economía

Es evidente, hay que apoyarse en lo mejor del país, como sus energías, y apagar las llamas de cierta confrontación social que ya empiezan a verse. «La reacción quema herejes y libros y la revolución quema iglesias e imágenes; el caso es quemar algo. El español tiene alma de falla valenciana, cuanto más fuego mejor», escribió el Nobel Camilo José Cela en su San Camilo, 1936.  «La fase de reactivación empieza ya, durante la etapa de parálisis de la actividad, preservando el mayor tejido empresarial posible y minimizando la destrucción de empresas», observa Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE). Hay que cuidar a España –narró Cela– porque, si no, se nos muere. El organismo económico ha colocado sus mojones y trazado las lindes. Son ideas que se desprenden como esas virutas de cobre que saltan al pulir el metal. Prolongar las medidas de apoyo a las empresas más allá del estado de alarma, autorizar a las compañías a que hagan test a sus plantillas y apoyar esa vuelta a la conexión en las «firmas líderes», aquellas capaces de adaptarse a este nuevo escenario. «Estas se encuentran en el sector financiero, energético, telecomunicaciones, construcción, textil, turismo», desgrana Izquierdo. Organizaciones e industrias que han demostrado su resistencia y levantan la mano en la fase de recuperación.

Los sectores eólico y fotovoltaico ocupan hoy a más de 85.000 personas en nuestro país

España hace tiempo que convirtió a las grúas en aves migratorias, capaces de adaptarse a muchos vientos. El presidente de Seopan, la patronal de las grandes constructoras y concesionarias, Julián Núñez, estima que para cumplir la Agenda 2030 hace falta invertir 157.000 millones de euros en infraestructuras. Muchas de ellas –más que nunca– sanitarias y residencias. Y parece que el sector inmobiliario ha encontrado la chispa que enciende el fuego. «El reinicio del mercado se ha centrado, sobre todo, en obra nueva», analiza Luis Corral, consejero delegado de Foro Consultores Inmobiliarios. Y añade: «Los promotores parten de una situación bastante saneada y se han puesto en marcha de manera rápida, siguiendo con la construcción de sus promociones». Tienen fe en las virtudes teologales. «Esperamos que en el tercer trimestre la situación se normalice», prevé el experto. En un espacio de normalidad debe generar dos millones de empleos.

El riesgo, se está viendo en algunas comunidades, es querer atajar en los tiempos sacrificando los requisitos medioambientales. O transformando la regulación en una tabula rasa de los intereses de las grandes promotoras: en todo este manual de instrucciones para reiniciar un país existe un sentimiento intangible con una poderosa capacidad de cambio pero que es un paréntesis vacío de texto. «Nadie sabe cómo será el comportamiento del consumidor bajo esta nueva normalidad», avisa Julián Cubero, economista de BBVA Research. Ahí tiene un eco potente el relato de Laurent Perea, director general de Capgemini Invent en España. «Resulta esencial ser optimista, transmitir confianza para que la gente vuelva a comprar coches, casas o planifique las vacaciones», afirma.

Eso sucede en la orilla de la demanda, pero la oferta tiene su propio mapa. «Formación continua, flexibilidad laboral –un buen ejemplo es Alemania– y la asunción de que no podremos salvar ni a todas las empresas ni a todos los sectores», desgrana Perea. Y, claro, el plano será digital. El virus ha propagado su extensión pero, ¿conseguirá cambiar un país de servicios? Aunque la respuesta es incierta, conseguirá transformar algunas voces, algunos ámbitos, algunos sectores. «Los seguros se tienen que reinventar», defiende por ejemplo Julián del Saz, autor de Los seguros de la empresa y el empresario y Executive Director del bróker asegurador Aon. «Y la crisis del coronavirus debe acelerar el proceso. Hay mucho comprador de seguros que desconfía de sus pólizas, que piensa que los seguros no valen para nada y que nunca pagan». Es innegociable una transformación. Un nuevo modelo para armar. «Las relaciones entre aseguradores y clientes se deben basar en la confianza. No en cláusulas ininteligibles para la mayoría de los mortales ni en posiciones de fuerza», sostiene el experto.

Si no cambiamos las finanzas será imposible cambiar el mundo. Deben dibujar otra cartografía. «El sector financiero ha sido tratado injustamente en los últimos años. Tiene que formar parte de la solución. Es uno de los ejes para salir de la situación en la que estamos y vamos a estar. Necesitamos que sea fuerte, que siga funcionando», relata Gonzalo Sánchez, presidente de PwC España. Sí, pero quizá de una forma aún más comprometida con la sociedad. Reescribiendo su pacto con ella. Llega un nuevo mapa y un nuevo territorio para la economía en España.

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