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¿Es posible un mundo sin plástico?

El 93% del agua embotellada que consumimos contiene microplásticos. Además, la mayoría se utilizan una sola vez y tardan medio siglo en degradarse. Escuchar a la comunidad científica y cambiar nuestro comportamiento como consumidores es el primer paso para reducir nuestra huella ambiental. El nuevo número de la Revista Tres Sesenta de DKV Seguros centra su reportaje de portada en el desafío del plástico.

Ilustración

Carla Lucena

Fotografía

Noemí del Val
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05
Jul
2019
plástico

Carabanchel, dos y media de la tarde. Una familia se reúne, como cada día, alrededor de la mesa a la hora de comer. Hoy toca ensalada pero, para cuidar la tensión de la abuela, cada comensal decidirá cómo prefiere aliñarla. Hambrienta, la niña más pequeña se adelanta a todos y lanza al aire la pregunta: «Por favor, ¿alguien me pasa la sal?». Su hermano estira su brazo para alcanzársela sin ser consciente –ninguno de ellos lo es– de que el interior del minúsculo frasquito alberga algo más que cloruro sódico: el 70% de la sal que consumimos contiene microplásticos.

Se trata de un demoledor dato ofrecido por la OCU, que también alerta de la presencia de estas micropartículas en el 93% del agua embotellada. La omnipresencia del plástico y la gestión de sus residuos es uno de los principales retos medioambientales a los que se enfrenta la humanidad si quiere seguir habitando el planeta. Se ha convertido en una cuestión de supervivencia: alrededor de ocho millones de toneladas de este derivado del petróleo acaban en los mares cada año. «Los cálculos indican que, en todo el mundo, se compran más de un millón de botellas de plástico por minuto. La mayor parte de ellas será utilizada una sola vez, pero tardará más de 450 años en degradarse», recordaba Silvia Agulló, directora de Negocio Responsable y Reputación del Grupo DKV en la presentación de la revista Tres Sesenta en Madrid.

Precisamente el plástico (y sus alternativas más sostenibles) es el tema del reportaje principal del nuevo número de la publicación, que alcanza ya las doce ediciones y que mantiene la misión de comunicar algunos de los logros de la compañía en materia de investigación, innovación y desarrollo sostenible, pero también de poner sobre la mesa los retos y trabajos que todos tenemos por delante. Para ello, además de la versión impresa de la revista, hace algo más de un año lanzaron el blog 360, para multiplicar el impacto de las acciones de comunicación y concienciación. «La Responsabilidad Empresarial no consiste en cumplir las reglas, sino en ir mucho más allá: las empresas tenemos un papel fundamental para acabar con la pobreza y mejorar el planeta», concluyó Agulló.

Elena Valderrábano: «Si quieres ser un actor de cambio como empresa, tu CEO es quien debe estar al frente de ese cambio»

En ese viaje, tanto grandes como pequeñas compañías tienen una gran responsabilidad. Elena Valderrábano, presidenta de Dirse –el órgano que aglutina a los directivos de responsabilidad social empresarial–, es una de las principales expertas sobre cómo lograr trasladar los valores éticos a la organización de las grandes corporaciones. «Antes la empresa tenía un papel más callado, pero ahora la sociedad demanda que te muevas», explicaba Valderrábano, mientras incidía en otro de los asuntos que se abordan en un reportaje en el número: el importante papel que juegan los CEOs comprometidos y activistas en el establecimiento de la identidad de la empresa. Es decir, si tú, como cabeza corporativa, no estás alineado y convencido con lo que predicas, es complicado que tus empleados lo estén. La también directora de Ética Corporativa y Sostenibilidad de Telefónica lo resume así en la entrevista para Tres sesenta: «Cuando se pregunta quién crees que va a ser capaz de abordar los retos sociales y medioambientales a los que nos enfrentamos, la mayoría de la gente dice que son las empresas. Eso hace que al final los CEO, que son quienes asumen la responsabilidad, tengan que implicarse. En general, antes las empresas mantenían una neutralidad política y de implicación en la sociedad, y eso ahora ya no es posible. Si quieres ser un actor de cambio como empresa, tu CEO es quien debe estar al frente de ese cambio».

Dentro del complejo maremágnum empresarial, hay grandes retos aún pendientes. La igualdad de género, la conciliación de la vida familiar y laboral o el uso de la tecnología de manera inclusiva y accesible para todos son algunos de ellos. Laura Baena, fundadora del movimiento MalasMadres, y Guillermo Martínez, CEO de la ONG Ayúdame 3D, se sentaron a debatir sobre ello. La primera, a raíz de un tuit, comenzó una comunidad de apoyo entre mujeres sobrepasadas por sus tareas como madres y como profesionales que no ha parado de crecer con el paso de los años, impulsando una red de cuidados (y autocuidados) cada vez más grande. El segundo, que desde pequeño quiso diseñar juguetes, decidió aplicar sus conocimientos de ingeniería industrial para mejorar la vida de los que más lo necesitan: con un modelo que encontró en Internet, diseñó una prótesis para aquellas personas que habían perdido un brazo, comenzó a fabricarlas con la impresora 3D en su habitación y hoy las ha repartido a más de cien personas en doce países diferentes.

Baena insistió en la importancia de las políticas públicas y privadas de conciliación familiar para romper la brecha de género en el ámbito laboral que hace que, hoy, 6 de cada 10 mujeres renuncian a su carrera profesional al ser madres. «Yo era creativa publicitaria y durante dos años intenté conciliar, pero terminé por dejar mi trabajo porque era muy difícil. Ser madre y profesional es imposible en un país que no lo fomenta», explicó. Sin embargo, muchas empresas sí lo están haciendo: por ejemplo, desde el propio Club de Malasmadres colaboran con DKV en #LaHoraDeCuidarse, un proyecto que busca sensibilizar sobre la importancia del autocuidado.

Por su parte, Guillermo Martínez incidió en el rol que jugamos las personas, con nuestras propias acciones, en la transformación social. Y en esa misión tiene un papel fundamental la tecnología y el aliado que tienen en las redes sociales. «El conocimiento colectivo es muy importante: Internet nos permite encontrar personas que se interesan por lo que hacemos y nos impulsan a crear una comunidad. Gracias a alguien que subió un diseño libremente a Internet, estoy aquí ahora mismo. Esa es la forma de impulsar nuevos proyectos, con información necesaria y relevante que hace veinte años no era accesible», explicaba el creador de Ayúdame3D.

Josep Santacreu: «Decir que vivimos una emergencia climática no es una teoría de ecologistas extremistas»

Pocos dudan de que, en casi todos los aspectos que tienen que ver con el mundo empresarial y la innovación, en estos veinte años, todo ha cambiado. También en materias como conciencia social y medioambiental. «En todas partes la ciencia abre camino, y en temas de sostenibilidad también lo hace», explicaba Carmen Vela, ex secretaria de Estado de Investigación y directora general de Ingenasa, que pedía escuchar más la voz de los científicos (y de las científicas, para quienes revindicó una presencia en los puestos de mando y en cátedras de investigación acorde con el porcentaje de mujeres en las aulas) para buscar soluciones a la crisis ecológica y recordaba cómo, hace más de diez años, ya existían investigaciones sobre materiales totalmente biodegradables que no han sido lo suficientemente apoyadas para reducir el uso de plástico.

«La tecnología puede ayudar a solucionar el problema generado por el plástico, pero lo más necesario es tomar conciencia como ciudadanos y evitar usos innecesarios, un reto que tenemos aún pendiente», añadía en la misma línea Josep Santacreu, consejero delegado de DKV. «En general, la ciencia suele acertar en sus predicciones. Ahora, todos aceptamos que vivimos una emergencia climática de la que se viene hablando desde hace mucho tiempo por parte de todos, no solamente de grupos ecologistas extremistas. La paradoja es, que con toda esta información, aún hay empresas y gobiernos que se atreven a negarlo porque no se lo creen (y eso es malo) o por proteger sus propios intereses (y eso es peor)», concluía.

Si ya en 2008, el documental de Al Gore revelaba lo que era Una verdad incómoda, ahora no es posible cuestionar si el cambio climático es o no cierto. Océanos con más plástico que peces, bosques en retroceso, temperaturas cada vez más elevadas, deshielo, pérdida de biodiversidad… El planeta ha dado la voz de alarma y buscar soluciones pasa por tener (con)ciencia.

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