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El Rey León: ¿alternativa reaccionaria a la crisis del planeta?

El Rey León vuelve a las pantallas con un relato más naturalizado si cabe. Su contenido se relanza veinticinco años después en un contexto de crisis de las democracias y riesgos geopolíticos. La naturalización de una ideología se consigue cuando sus representaciones nos emocionan y las aceptamos acríticamente como «lo normal» y «lo correcto».

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30
Jul
2019
Rey León
Fotograma de El Rey León 2019 de Walt Disney Pictures

Se ha estrenado recientemente una nueva versión de la película El Rey León (The Lion King), de Walt Disney, realizada con técnicas que producen una especial sensación de realidad. Esto invita a reflexionar sobre las características ideológicas de uno de los relatos audiovisuales de mayor éxito en la historia del cine.

La problemática del desarrollo

En 1996, trabajaba en una ONG especializada en audiovisuales educativos. Ese año recibí una invitación de la Comisión Europea para dinamizar en Birmingham (UK) un taller de reflexión sobre distintas concepciones del desarrollo dirigido a representantes de ONG y funcionarios de la Comisión. El taller lo preparamos e impartimos dos personas. Como nuestra especialidad era utilizar el cine como herramienta didáctica, nos permitieron realizar un videofórum sobre El Rey León. Tuvimos éxito y después vinieron otros sobre la misma película.

¿Qué relación cabe establecer entre El Rey León y la problemática del desarrollo? La historia cuenta la crisis que padece un ecosistema (las Tierras del Reino) cuando el rey Mufasa es derrocado por su hermano Scar. Con el apoyo de las hienas expulsa al legítimo heredero y conquista el poder. Scar y las hienas no asumían el lugar subalterno que la Naturaleza les había concedido y querían cambiar de posición en la «cadena alimenticia». El triunfo de los usurpadores altera la estructura social y rompe el equilibrio natural del «ciclo de la vida».

El orden natural estaba garantizado por Mufasa y todos los reyes anteriores que habían comprendido que su función era respetar y hacer respetar las leyes de las que depende el equilibrio del ecosistema y la continuidad de la vida. El principio es claro: cada uno debe estar donde le ha situado la Naturaleza por nacimiento y el rey debe estar por encima de todos asegurando, incluso por la violencia, que ese orden no se altere. Se trata de un modelo de sociedad estamental y medievalizante.

Amenazan ese orden quienes no se resignan al lugar social y territorial que les ha sido asignado. Scar representa a un miembro de la élite gobernante que quiere sustituir al rey legítimo. Las hienas representan a un sector social compuesto por sujetos excluidos a los que –como regla– debe mantenerse siempre fuera de las fronteras del reino. Son seres poco inteligentes, manipulables y crueles que obedecen a Scar cuando este les promete no volver a pasar hambre.

Abundantes referencias

Se ha hablado de la influencia de Hamlet en la trama de El Rey León, del machismo (por ejemplo, las leonas pueden ser más fuertes que los leones –Nala derrota dos veces a Simba– pero la corona le corresponde al varón), de los rasgos etnocéntricos de los personajes (los leones «buenos» son de color claro y formas redondeadas y los personajes «malos» son de color oscuro y formas angulosas) o de la analogía xenófoba entre las hienas y los inmigrantes latinos (las hienas comen «tacos» y, en algunas versiones, tienen acento mexicano).

Además, en el filme hay abundantes referencias religiosas (cristianismo contra islam,  ya que el sol brilla sobre el territorio de «los buenos» y la media luna sobre el de «los malos»), políticas (como los distintos conceptos de monarquía, según Zazú) e históricas (el fascismo o nazismo, cuando las hienas desfilan ante Scar).

«Hay una propuesta política: recuperar y conservar un orden pre-moderno y antiliberal»

Estos elementos están articulados alrededor de una propuesta política: recuperar y conservar un orden pre-moderno y antiliberal donde el Dios-Naturaleza determina nuestro lugar en la Tierra y en la estructura de la sociedad, otorgando el control a una autoridad fuerte y paternalista, como lo es el rey león legítimo (Mufasa, Simba), con la mediación de una figura religiosa (Rafiki) y aliados que pueden ofrecer respaldo militar. El rey es respetado por el pueblo, en parte porque este teme su violencia y en parte porque es la garantía de que continúe el «ciclo de la vida», aunque esto suponga aceptar ser comido como consecuencia del lugar que el Dios-Naturaleza ha asignado a cada sujeto y grupo social en la cadena alimenticia.

La clave política está, por tanto, en la naturalización de un determinado orden social y en la legítima fuerza que puede ser aplicada contra cualquier conducta que pretenda alterarlo. Mufasa persigue y amenaza a las hienas, Simba es reconvenido por Zazú y Mufasa cuando juega a ser un rey que hace lo que se le antoja. Scar y las hienas son asaltados por Simba y sus aliados (las leonas, Rafiki, Timón y Pumba), y libran un combate que se salda con la derrota y el exilio de los usurpadores.

Contexto histórico y social

En los años 90 ya estaban en la agenda internacional la problemática del calentamiento global y la destrucción de los ecosistemas, las migraciones y los procesos de asentamiento urbano. Es también la década en la que se desarrolla la primera Internet (Web 1.0) y con ella las empresas, las Administraciones Públicas y los movimientos sociales transforman sus estructuras. El nuevo instrumento de comunicación abre grandes posibilidades y expectativas para una mayor democratización de las sociedades y de las organizaciones. El Rey León se estrena en junio de 1994. El 1 de enero de ese año comienza en Chiapas (México) la revolución Zapatista.

En el mundo acontecían grandes cambios. Desde 1986, la perestroika promovía reformas en la URSS, y entre 1988 y 1991 Gorbachov lideró la glásnost impulsando profundos cambios en la potencia comunista. En 1989 cayó el Muro de Berlín y, tras él, el bloque del Este. A finales de 1991 se disolvió la Unión Soviética. Entre 1990 y 1991 tuvo lugar la Primera Guerra del Golfo, con el presidente norteamericano George H. W. Bush al frente de una amplia coalición de países aliados para expulsar de Kuwait a las fuerzas iraquíes del presidente Sadam Husein, antes aliado de los EE.UU. en la guerra contra Irán.

En aquellos años, la derecha política norteamericana discutía acerca de qué cabía esperar tras la caída de la URSS. Francis Fukuyama defendía la idea del «fin de la historia» como el triunfo definitivo de la democracia liberal a nivel planetario. En 1993 Samuel Huntington, en un artículo publicado por la revista Foreign Affairs (transformado en libro en 1996) planteaba que lo que cabía esperar era un «choque de civilizaciones».

Rechazo a la autodeterminación

Esta información permite interpretar la ideología de El Rey León en su contexto histórico. Su argumento no apuesta por ninguna forma de democracia, solo distingue entre distintas formas de dictadura, es elitista al modo feudal y claramente antiliberal en su rechazo a la autodeterminación personal y grupal, y a la movilidad de los sujetos en la estructura y territorios de la sociedad. Representa, además, algo muy parecido a un choque de bloques civilizatorios.

¿Hay detrás de El Rey León una intencionalidad propagandística? No he encontrado evidencias al respecto, aunque tampoco debería descartarse como hipótesis, pues desde la Segunda Guerra Mundial ha quedado sobradamente acreditada la relación entre los gobiernos norteamericanos y la industria del cine utilizada con fines de propaganda.

«La naturalización de una ideología se consigue cuando sus representaciones nos emocionan»

La factoría Disney, además, ha producido muchas películas con mensajes y matices ideológicos distintos. No es necesario acudir a ninguna teoría conspiratoria para reconocer el contenido ideológico de un film y preguntarse por su influencia en las mentalidades. No tiene por qué haber sido producido con fines de propaganda, pero puede desempeñar esa función. La intencionalidad de los guionistas y productores no es determinante para que un relato tenga, de hecho, eficacia ideológica.

La mayoría nos emocionamos viendo la película y aceptamos subconscientemente su contrato comunicativo: primero, que Mufasa, Simba y sus aliados son «los buenos» y Scar y las hienas son «los malos» y, segundo, la violencia es un medio legítimo para restaurar y mantener el buen orden social-natural. Si luego analizamos la película en sus detalles nos daremos cuenta de sus explícitos contenidos elitistas, machistas, racistas, xenófobos e islamófobos.

¿Hasta qué punto El Rey León u otras películas con fuerte contenido ideológico pueden influirnos? Suponemos que lo hacen, pero ¿en qué medida? ¿Con qué evidencias podemos aportar pruebas? Vivimos en sociedades abiertas y plurales en las que no hay un solo discurso dominante, ni todos los discursos hegemónicos son equivalentes. En las sociedades democráticas hay muchas mediaciones culturales activas y los individuos podemos elegir y combinar ideas y prácticas diversas. Es un error caer en el determinismo.

Ahora bien, hoy en EE.UU. hay un presidente que construye muros en su frontera sur y expulsa sin piedad a los inmigrantes pobres. En EE.UU., Europa y Rusia crece la influencia política e ideológica del conservadurismo iliberal que quiere cerrar fronteras y pone en cuestión los derechos de las mujeres y de las minorías, mientras miles de refugiados padecen en campos y centros de internamiento o se ahogan en el Mediterráneo.

El Rey León vuelve a las pantallas con un relato más naturalizado si cabe, los personajes parecen más «de verdad», más «naturales». Su contenido se recrea y se relanza veinticinco años después, en un contexto de crisis de las democracias y riesgos geopolíticos (conflictos de EE.UU. y sus aliados con Corea del Norte, Irán, China, Rusia…). La naturalización de una ideología se consigue cuando sus representaciones nos emocionan y las aceptamos acríticamente como «lo normal» y «lo correcto» por naturaleza.


(*) Francisco Javier Malagón Terrón es profesor Asociado en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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