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Por qué la educación financiera puede evitar la próxima crisis

Madrid se convierte en la capital mundial de la educación financiera gracias al tercer EduFin Summit, una cumbre de BBVA centrada, este año, en la digitalización, la educación y la generación de confianza.

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12
Jul
2019
educación financiera

Hagamos un pequeño ejercicio de reflexión: ¿Qué es la inflación? ¿Y el tipo de interés compuesto? ¿La diversificación del riesgo? Para más de la mitad de la población española todos estos conceptos se asemejan a un lenguaje jeroglífico cuasi desconocido. Sin duda, nuestro desconocimiento de nociones económicas básicas es preocupante; sin embargo, no se trata de un problema exclusivamente de nuestro país. Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, asegura que esta falta de conocimientos financieros «resulta particularmente elevada entre las generaciones más jóvenes —milenials y generación Z— y los mayores de todo el mundo».

Esas palabras entrañan un mensaje un tanto desmoralizador: pareciera que los nativos digitales no estuviesen preparados para un futuro —y casi podríamos decir presente— de economía digital, en el que todas las operaciones diarias —pagos, transferencias, compras, etc.— se realizan a través de aplicaciones que gestionan y controlan nuestros datos sin que, en muchas ocasiones, sepamos cómo. A pesar de todo, «vivimos el comienzo de una nueva era que se presenta como fuente de oportunidades si las sabemos aprovechar, aunque el desarrollo provoque grandes retos a nuestra sociedad, tanto a nivel climático como social», asegura Carlos Torres Vila, presidente del BBVA lanzando un mensaje un tanto alentador. Los retos sociales de los que habla radican en «lograr un crecimiento económico que sea inclusivo, accesible, que permita la educación para todo el mundo, conseguir la igualdad y, sobre todo, preservar los derechos fundamentales de las personas», añade. Para ello, la tecnología se presenta como esencial, siempre y cuando vaya acompañada de información suficiente y, sobre todo, educación específica.

Por ello, en un intento de favorecer el conocimiento y la información financiera en un mundo cada vez más interconectado y digitalizado, lleno de retos, pero también de posibilidades, el Centro para la Educación y Capacidades Financieras de BBVA celebra por primera vez en Madrid la tercera edición del EduFin Summit, un foro de debate y reflexión centrado en la educación financiera y la digitalización del sector bancario. José Manuel González-Páramo, consejero ejecutivo y responsable de Economía y Relaciones Institucionales de BBVA, aseguraba en la sesión inaugural de la cumbre que cada vez tiene más claro que «la inversión en educación y conocimiento es la inversión con la mayor tasa de retorno también desde el punto de vista social». Sin duda, el sector bancario, en su labor de generar confianza a la sociedad, «tiene una gran responsabilidad para lograr una mejor educación financiera y una mayor inclusividad», reconoce Torres Vila.

Carlos Torres Vila: «Vivimos el comienzo de una nueva era que se presenta como fuente de oportunidades si las sabemos aprovechar»

La desconfianza en los bancos tocó techo en España durante la crisis económica y financiera de hace diez años, por lo que «el reto al que se enfrenta el sector se centra en ganar (o recuperar) esa confianza de las personas que es, al final, el activo más importante de cualquier banco», reconoce Antoni Ballabriga, director global de Negocio Responsable de BBVA. A pesar de todo, «las entidades financieras han sido tradicionalmente agente de confianza para las personas, y últimamente se han convertido en verdaderos guardianes de datos que permiten personalizar los servicios que se ofrecen», explica Ballabriga.

Helen Gibbons, miembro del Consejo de Administración de Better Finance, es optimista y reconoce que, a pesar de la tensión y hostilidad que sigue habiendo hacia los bancos por parte de clientes e inversores, la confianza perdida se puede reconstruir, puesto que se encuentra «en los cimientos de la industria de la banca y, sin ella, esta fallará, no podrá evolucionar». Para Gibbons, la tecnología es una herramienta esencial a la hora de ganarse (o recuperar) la confianza de los clientes. Para asentar esa confianza tradicional volcada en el sector y asegurarse un uso adecuado de la tecnología, José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca, apuesta por «la educación financiera para construir una industria más sólida a medio plazo». Diana Mejía, especialista senior en Desarrollo Productivo y Competitividad del Banco de Desarrollo de América Latina, coincide con Roldán en remarcar la relevancia de la educación financiera, sin la cual «resulta imposible que la tecnología a nivel bancario y financiero desarrolle todo su potencial». Sin duda, la tecnología es el futuro de la relación banco-cliente. Si se utiliza de manera responsable, «desarrollará un ecosistema financiero digital en el que se podrá trabajar en suplir las necesidades de los diferentes segmentos poblacionales, sean clientes de determinada entidad o no», sentencia Mejía, quien relaciona digitalización con confianza no sin obviar los retos tecnológicos que esta «banca para todos» puede suponer, como la gestión de la cesión de datos o el cibercrimen.

Antonio Ballabriga: «El reto al que se enfrenta el sector radica en ganar (o recuperar) esa confianza de las personas que es, al final, el activo más importante de cualquier banco»

Los datos son el petróleo del siglo XXI. De ahí la importancia de que todos y cada uno de nosotros —los ciudadanos del mundo— conozcamos qué empresas gestionan nuestra información y por qué los bancos controlan la mayor parte de esta, para que no se repita algo similar a la relación tóxica entre las redes sociales y Cambridge Analytica. La educación financiera aterrizada en la práctica puede hacer que las personas tomen mejores decisiones a nivel económico, de privacidad y cesión de datos. El reto al que se enfrenta ahora mismo el sector bancario radica en conseguir, por tanto, que los nativos digitales se conviertan en una especie de conocedores no expertos del sistema financiero y no solo de las aplicaciones que utilizan, para evitar endeudamientos innecesarios y escasez de recursos económicos tras la jubilación. De este modo conseguirá recuperar la confianza perdida y proteger a los usuarios de los peligros que conlleva la toma de decisiones financieras desinformadas. La apuesta de los bancos, si quieren despuntar en el sector, reside por tanto en la educación financiera para enseñar a ahorrar a las nuevas generaciones.

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