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Banca ética: no lo llames utopía

La banca con valores vino para redefinir el rol del sistema financiero del siglo XXI. Cuatro décadas después de su irrupción, ocupa un lugar clave para la transición sostenible e inclusiva. Su crecimiento a lo largo de los últimos años evidencia el poder de las finanzas éticas para transitar hacia un futuro respetuoso con el entorno.

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Carla Lucena
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20
Jun
2019
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Las últimas advertencias de los científicos internacionales son incontestables: si no los frenamos a tiempo, el cambio climático y la contaminación dejarán un planeta escaso en recursos, enfermo de polución, sometido a constantes desastres naturales de gran intensidad e inundado por vastos mares de plástico. Reorientar la situación pasa por tomar medidas drásticas. De ahí que empresas, instituciones y ciudadanos hayan comenzado a cuestionarse si los valores que les definen contribuyen, o no, a acabar con la situación de emergencia ambiental en la que nos encontramos.

En el sector de las finanzas –que al fin y al cabo es el que mueve las demás actividades productivas–, una nueva banca llegó, a mediados del pasado siglo, para replantear las líneas estratégicas y de valores del sistema financiero: fundada en los años 60 en Europa, la conocida como banca ética está actualmente formada por todas aquellas entidades que orientan su actividad a la economía real, sin especulaciones y con la intención manifiesta de aportar beneficios sociales y medioambientales. Una propuesta transformadora que no ha parado de crecer en los últimos lustros: cada vez son más los consumidores que, conscientes del impacto de sus hábitos de consumo y sus decisiones financieras, se replantean dónde poner su dinero.

Con el incremento de presencia internacional, las responsabilidades sociales de las entidades financieras con valores también aumentaron. Así, en 2009, las diferentes entidades éticas se unieron bajo la Alianza Global para una Banca con Valores (GAVB, por sus iniciales en inglés), un organismo sin ánimo de lucro que define el objetivo común de reconstruir el sistema financiero con base en pilares como la transparencia, la sostenibilidad y el impacto social. Tras diez años de cooperación, 26 de los 54 miembros que la forman se han comprometido a evaluar y comunicar el impacto medioambiental de sus carteras de préstamos en un plazo de tres años.

«Este acuerdo global nos permitirá saber dónde asignamos exactamente las inversiones de capital y, sobre todo, conocer cuál es nuestro grado de implicación en el cambio hacia un escenario más sostenible», subraya Mikel García-Prieto, director general de Triodos Bank, miembro cofundador de la GAVB que lidera este proceso por ser la entidad ética con mayor cartera de préstamos.

Sobre papel, la organización persigue la Iniciativa de las 3Cs que, como su propio nombre indica, busca Combatir el Cambio Climático. En la práctica, según expone García-Prieto, las finanzas con valores basan sus acciones en tres pilares fundamentales: financiar una economía verde, rechazar la economía contaminante y apoyar modelos de negocios o iniciativas que sean inclusivos. A su juicio, «solo la combinación de estos elementos llevará a la banca ética a cumplir con objetivos sostenibles como la reducción de las emisiones». En este sentido, se espera que esta alianza responda a la pregunta que García-Prieto deja en el aire: «¿Hasta qué punto cada banco está alineado con el objetivo mundial de descarbonizar el planeta para 2050?».

Mikel García-Prieto: «¿Hasta qué punto cada banco está alineado con el objetivo mundial de descarbonizar el planeta para 2050?»

Para fomentar la transparencia, Triodos Bank ya cuenta con la innovadora metodología de medición conocida como plataforma PCAF (Platform for Carbon Accounting Financials), que permite calcular, por ejemplo, cuántas emisiones de gases invernadero producen las carteras de préstamos e inversiones. El director general de Triodos Bank –el único en España que, por el momento, utiliza este sistema–, explica que el método permite comparar resultados de una manera objetiva. Así, asegura, «ciudadanos y clientes tendrán la oportunidad de tomar decisiones sobre su banco de manera independiente y responsable, y no solo basadas en una visión parcial de la actividad bancaria como son la rentabilidad o las facilidades de acceso al sistema».

La voluntad de las finanzas sostenibles de crear un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente no implica renunciar ni a la rentabilidad ni a la solvencia. Por el contrario, la banca con valores ha demostrado ser también muy rentable. Incluso, en los momentos más delicados de la economía. El Informe sobre las finanzas éticas y sostenibles de Europa 2019, presentado recientemente en el Parlamento Europeo por dos fundaciones miembro de la red de Banca Popolare Etica, señala que, desde el estallido de la crisis financiera, la rentabilidad media anual de la banca ética ha sido del 3,98%, frente al 1,23% que han obtenido el resto de los bancos. Sin ir más lejos, el crecimiento anual del sistema financiero en España acostumbra a ser de un 0% y, en algunos casos, negativo. En comparación, Triodos Bank España ha cerrado estos últimos años con un ritmo de crecimiento de, aseguran desde la entidad, entre un 15 y un 20%.

Ante estos datos, surge inevitablemente la pregunta de por qué los bancos tradicionales se resisten todavía a orientar sus actividades hacia un modelo más sostenible e inclusivo. El último estudio de GABV Real Economy – Real Returns: The Business Case for Values-based Banking, que analiza la actuación financiera de la banca ética en contraste con las entidades más importantes del mundo de 2010 a finales 2017, propone algunas respuestas. Según el análisis, la comodidad que otorga el statu quo, la existencia de incentivos personales, la falta de coraje e innovación y el desconocimiento de los datos de rentabilidad de la banca con valores son los principales motivos por los que todavía no se ha dado el salto a un sistema financiero más ético, pero no exento de retos.

En los quince años que Triodos Bank lleva operando en nuestro país –hace 40 años que nació en Europa–, sus clientes representan ya un 0,5% de la población en España. Para García-Prieto, esto demuestra indiscutiblemente la viabilidad de transitar hacia un sistema financiero con valores. No obstante, «siempre se corre el riesgo de no tomarse en serio el camino hacia la sostenibilidad y quedarse en un mero lavado de imagen», arguye. De la misma manera, la sobreexplotación de la terminología, que ha acabado por desvalorizar conceptos como el de sostenibilidad, o la laguna legal que deja a la libre interpretación de cuál es el nivel de emisiones a reducir son algunos de los factores que están frenando el impulso de las finanzas sostenibles. De ahí que el nuevo acuerdo global de la GAVB se presente como una posible palanca de cambio que permita al sistema financiero (y a los clientes) llegar a tiempo de frenar la degradación total del planeta.

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