Cultura

Mary Poppins o la libertad de ser mujer

El personaje creado por Pamela Lydon Travers en la década de los treinta del siglo pasado era alegre, se ganaba la vida por sí misma y tenía el respeto de cuantos tenía alrededor. Hablamos con la especialista en historia cultural María Tausiet, autora del ensayo ‘Mary Poppins. Magia, leyenda, mito’ (Abada Editores).

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Esther Peñas
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29
May
2019
Mary Poppins

A lo largo de la historia, encontramos mujeres que fueron un ejemplo de independencia y libertad. También en la literatura. Como Mary Poppins. Sí, leyeron bien. El personaje creado por Pamela Lydon Travers en la década de los treinta del siglo pasado se ganaba la vida por sí misma, ejercía el principio de autoridad y atesoraba el respeto de cuantos tenía alrededor. También era alegre, resuelta, estaba siempre de paso y cumplía sus deseos. Mary Poppins, además, se convirtió en uno de los personajes más fascinantes y entrañables de la literatura juvenil. Hablamos con la especialista en historia cultural María Tausiet, que ha escrito un interesante ensayo sobre este icono: ‘Mary Poppins. Magia, leyenda, mito’ (Abada Editores).

La figura de la institutriz presenta rasgos ambivalentes, entre la ternura y la crueldad. ¿De qué depende que se acerque a uno u otro extremo? ¿Cuáles eran las características de una institutriz al uso?

Las institutrices convencionales de los siglos XVIII y XIX, tal y como las conocemos a través de la literatura, solían ser serias, exigentes y rígidas con sus pupilos. Pensamos sobre todo en institutrices inglesas y francesas, pues en España fueron más tardías. La palabra institutriz no se incorporó a los diccionarios españoles hasta 1895 y no fue aceptada por el DRAE hasta 1899, es decir, ya casi en el siglo XX. Hay que tener en cuenta que todavía en el siglo XVIII apenas el 1% de la población femenina sabía leer y escribir. La educación era un privilegio al alcance de muy pocos varones y estaba prácticamente vetada a las mujeres. Por lo general, los niños ricos tenían un tutor y, las niñas, una institutriz que las adiestraba para su futuro papel de esposas y madres. Las familias adineradas solían recurrir a una amiga de confianza que les enseñaba a cantar y a bordar antes que a leer y escribir. En cualquier caso, pese al estereotipo, no todas eran severas ni mucho menos, tal y como mostraron maravillosamente las hermanas Brönte en algunas de sus novelas.

En Mary Poppins confluyen distintas tradiciones, desde la literatura fantástica a Alicia en el país de las maravillas. ¿Cuáles son las grandes influencias para la construcción de esta figura?

Como explico en mi libro, dada la enorme cultura de Pamela Travers -la autora de los ocho relatos que construyen el personaje-, las influencias son innumerables. Travers era una experta en historia de las religiones y en el folclore y las tradiciones de pueblos y épocas muy variadas, e incorporó sus amplios conocimientos y su amor por la mitología a las historias de la institutriz.

En su libro se refiere al perfil psicológico de Mary Poppins.

La psicología de Mary Poppins es un enigma, pues no sabemos nada de sus orígenes, ni siquiera lo que realmente piensa. Uno de sus lemas favoritos es No dar explicaciones nunca, de modo que lo único que conocemos es su forma de actuar. A diferencia de la mayoría de las personas, ella siempre sabe lo que quiere, y lo hace. Es decidida y optimista, y no se arredra ante ningún obstáculo o dificultad. Más que de una persona de carne y hueso, se trata de una heroína fabulosa que nos anima a volar más alto, en un sentido metafórico.

¿Sería posible imaginar una figura del alcance de Mary Poppins en el sexo opuesto?

En plena era del #MeToo es una buena pregunta: ¿por qué no? Aunque sólo pensamos en esta ocupación asociada a una mujer, lo cierto es que también existía la figura del institutor. Tanto él como la institutriz (ambos términos derivados del latín instruo) eran las personas encargadas de la educación e instrucción de niños y niñas, por lo general dentro del hogar. Actualmente este término ha sido sustituido por el de pedagogo, profesor o maestro.

¿Qué diferencia a Mary Poppins para convertirla en icono? ¿Acaso su don es la capacidad de establecer vasos comunicantes entre lo cotidiano y lo extraordinario?

«Julie Andrews no pudo haber hecho mejor su papel: transmitía firmeza y, al mismo tiempo, una enorme comprensión hacia los niños»

La gracia y la originalidad de Mary Poppins no pueden resumirse en dos palabras. Por eso le he dedicado un libro. Pero podría decirse que la magia del personaje radica en su misterio, en el hecho de ser a un tiempo lejana y accesible. Una de sus características principales es entender y enseñar que lo extraordinario que tanto anhelamos se encuentra en la vida cotidiana. Que lo que buscamos lejos está cerca, si sabemos mirar y adoptar la actitud adecuada. Como han transmitido todos los grandes maestros espirituales, el más allá no es sino el aquí y ahora.

Walt Disney, ¿la edulcoró?

Se ha escrito mucho sobre este asunto. Es cierto que la Mary Poppins literaria es mucho más distante, enigmática y áspera que el personaje cinematográfico de la primera película de Disney (1964). El carácter original del personaje ha tratado de recuperarse en la segunda película, que ha sido estrenada recientemente (en 2018). Sin embargo, tal y como la propia Travers reconoció, Julie Andrews no pudo haber hecho mejor su papel: transmitía firmeza y, al mismo tiempo, una enorme comprensión hacia los niños y su mundo.

El hecho de que no pronuncie conjuros, ¿la hace más humana?

Las hechiceras que pronunciaban conjuros eran completamente humanas. El hecho de que Mary Poppins actúe como una maga sin necesidad de pronunciar conjuros la convierte más bien en una especie de diosa. No en vano, viene del cielo y al cielo vuelve. Se trata de un personaje sobrenatural disfrazado de institutriz al uso.

¿Cuánto hay que tener de niños para poder entrar en el territorio del prodigio?

Sin duda, pese a las apariencias, seguimos siendo los niños que fuimos a lo largo de toda nuestra vida, aunque -como apunta Mary Poppins-, casi siempre lo olvidemos. Lo prodigioso está al alcance de todos: niños y adultos. Se trataría más bien de conectar con nuestro yo más íntimo, con nuestras auténticas necesidades y forma de entender las cosas, y actuar en consecuencia, sin miedo, en vez de estar tan condicionados por lo que nos exigen los demás y por los valores (o antivalores) de la sociedad en que vivimos.

¿Está vigente, hoy en día, esta figura emblemática, la institutriz?

A diferencia de lo que ocurría antiguamente, cuando sólo las familias adineradas podían permitirse una buena educación para sus hijos, hoy en día, al menos en los países occidentales, la mayoría de los niños acuden a la escuela. A raíz de ello, las figuras de los tutores e institutrices han dejado de ser importantes y su presencia se limita a algunas familias pudientes, que desean complementar la educación de sus vástagos.

¿Qué deberíamos aprender de Mary Poppins?

Muchas cosas, pero yo recalcaría el optimismo que se deriva de la confianza en uno mismo. También, la solidaridad con el resto de la humanidad y con toda la Naturaleza en su conjunto, incluyendo animales, plantas y minerales.

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