Siglo XXI

«El modelo de trabajo fijo de cuarenta horas se va a acabar»

La tecnología avanza imparable pero, ¿puede ayudar a frenar la desigualdad? El economista Luis Neves, presidente de GeSI, analiza cómo afecta al presente y futuro de la vida humana.

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Cristina Crespo Garay
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17
Ago
2018

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Cristina Crespo Garay

¿Cómo afecta la tecnología a la desigualdad? ¿Cómo cambiarán las relaciones humanas ante el avance de la robotización? Luis Neves (Covilhã, Portugal, 1953) es el presidente de la Global e-Sustainability Initiative (Gesi), uno de los organismos internacionales más importantes, que aglutina a empresas tecnológicas por el desarrollo sostenible. En este encuentro, charlamos sobre el cambio de paradigma social y digital en plena era del ‘big data’.

Hay una fuerte corriente de escepticismo ante la revolución digital. ¿Qué le dirías a alguien que abomina la tecnología?

Este tipo de reacción es natural porque la tecnología se está desarrollando muy rápido y es difícil comprenderlo en todas sus dimensiones. Hay un proceso disruptivo tremendo, de ahí que haya cierta preocupación y escepticismo, porque al final no se entiende su impacto. A las personas nos gusta controlar y manejar las cosas, y este tipo de procesos no son controlables ni, en ocasiones, predecibles. Las tecnologías son necesarias para el bienestar de las personas, de ahí que haya que pedir a las empresas más compromiso. Es necesario que las corporaciones asuman su responsabilidad con las tecnologías de forma que se cree una confianza de los ciudadanos que permita el desarrollo social.

Hablamos de un temor que parece fundado, sobre todo ante la existencia de profesiones que van a desaparecer con la digitalización.

En todas las disrupciones y revoluciones industriales ha habido ganadores y perdedores, pero creo que esta cuarta revolución va a ser más compleja y va a crear procesos disruptivos que impacten más a la gente. Esto va a crear nuevas oportunidades para los ganadores, pero también va a haber más perdedores. Habrá un impacto negativo en el empleo, por lo que es necesario que la sociedad entienda que hay que prepararse, porque habrá que cambiar todo el modelo de sociedad. Posiblemente, habrá que repartir más la riqueza, que se concentra en un 1% de la población del mundo, dejando fuera al resto. Desde el punto de vista político, es necesaria otra actitud para garantizar que no haya disrupciones críticas que puedan causar guerras, porque si la gente no tiene cómo comer o vivir, habrá conflictos. Éstos serán evitables si la sociedad crea las condiciones para repartir la riqueza mundial de forma más equilibrada.

Apelas a que los gobernantes participen pero, ¿cómo podemos buscar soluciones entre todos para amortiguar la caída de esos perdedores?

El problema es que miramos el trabajo de una forma muy tradicional. Para nosotros, trabajar es tener algo que hacer: estar en una empresa, despertarnos, ir a un lugar determinado y regresar a casa por la noche. Este modelo está obsoleto o, si aún existe, va a cambiar. La tecnología va a permitir nuevas formas de empleo más flexibles, pero aún no están cien por cien definidas. Tenemos que estudiar estos modelos para intentar entenderlos y permitir que se creen nuevos tipos de empresas, de partidos y de convivencia social. El modelo de trabajo fijo de cuarenta horas de trabajo se va a acabar, y habrá que reinventarlo. Tenemos que pensar cómo se va a organizar la sociedad en el futuro, porque no va a ser la misma que ahora.

¿Podemos esbozar nuevos modelos sociales ante ese cambio de paradigma?

Está claro que el paradigma tiene que cambiar completamente, pero no hay una respuesta definitiva. En realidad, nadie está en condiciones de entender cuál va a ser la dimensión de la transformación social que se va a producir tras el desarrollo tecnológico. Es un proceso continuo que no sucede de repente, por lo que es necesaria educación para entenderlo, así como trabajar para fomentar otro tipo de oportunidades. Las tecnologías van a crear mucho volumen de trabajo y puestos diferentes, pero hay que evitar que unos pocos lo controlen todo dejando a los demás en desventaja.

Dentro de una economía digital, ¿cómo puede la tecnología usarse con eficacia para reducir la brecha de la desigualdad?

«La tecnología creará nuevas oportunidades para los ganadores, pero también habrá más perdedores»

A través de la educación y formación, ya que el problema del big data es que mucha gente no lo entiende. Las grandes empresas como Facebook, LinkedIn o AirBnB proponen nuevos modelos de negocio en los que su creador tuvo una idea diferente y se hizo rico. Habrá que ver cómo se va a desarrollar el proceso tecnológico para asegurar los equilibrios sociales fundamentales para la convivencia en todo el mundo.

Zuckerberg compareció ante el Senado de EEUU. ¿Qué opinas del escándalo de Cambridge Analytica?

Es algo inaceptable. Para mí, el problema es Facebook sabe que puede pasar los límites. Las empresas de este tipo tienen que crear otro tipo de mecanismos para garantizar que esto no vuelva a suceder. Nos encontramos en un momento muy problemático en el que vemos que la filtración de ciertos datos está permitiendo interferir en gobiernos o democracias y manipular la comunicación de la gente. Es necesario que haya un freno por parte de los gobiernos para que no se vuelva a repetir. Hay mucho debate sobre Rusia, los espionajes, las armas químicas… Pero no se habla sobre cómo esto ha influido en el Brexit, por ejemplo: tenemos que preocuparnos por cómo se están usando los datos para interferir en el proceso democrático. Los que manejan los datos tendrán el poder, pero para evitar que éste se quede en las manos de cualquier loco, los políticos deben empezar a poner mecanismos legislativos necesarios para evitar la manipulación, el descontrol y la concentración del poder. No es un tema nuevo: se ha hablado mucho de monopolios, pero ahora se trata de un monopolio digital, y eso no puede continuar siendo así.

¿Qué parte positiva tiene esto? ¿Podemos usar estas herramientas del big data para afrontar los retos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible?

La tecnología puede ser utilizada para ser más transparentes, pero también puede usarse para el mal. Yo diría que más del 90% de la tecnología es empleada en el bien social… pero el problema es que, solamente con un 1% que se centre en el mal, se puede causar mucho daño. Hay que cuidarse de los aspectos negativos y crear los mecanismos para evitar las malas acciones que pueden cambiar el mundo. Si miras las inversiones en infraestructuras o telecomunicaciones, la mayoría van al desarrollo positivo de la humanidad: donde aplicas tecnología, ves crecimiento. Sin embargo, aunque en general el impacto sea bueno, también hay que analizar, de forma transparente, de qué manera las tecnologías tienen efectos negativos en el planeta. No podemos negarlos: escasez de recursos naturales, minerales…

El avance es tan rápido que muchas veces no da tiempo a regular o legislar ni a comprender lo que ocurre.

La atención de los gobiernos y de los poderosos está en ser reelegidos o continuar en sus puestos a corto plazo: no miran ni se preocupan por cuestiones como la sostenibilidad del planeta. Dentro de cien años, tendremos que partir porque los políticos no están poniendo el foco en lo que importa, y el clima es un buen ejemplo de ello. No se han tomado las medidas necesarias para evitar el calentamiento global y garantizar la sostenibilidad en todas sus dimensiones.

Hay quien dice que hemos llegado a un punto en el que lo importante no es quién gestiona la información, sino quién toma las decisiones: las personas o las máquinas.

«Más del 90% de la tecnología se emplea para el bien, pero aunque solamente un 1% vaya para el mal, ya puede causar mucho daño»

Existe un riesgo de que las máquinas empiecen a tomarlas y tomen el control de esos procesos disruptivos. La inteligencia artificial ha avanzado mucho, y ahora es posible que las máquinas sean más inteligentes que los humanos. Por esa razón es necesario controlar el proceso y garantizar la estabilidad social mientras se sucede este desarrollo. 

Las grandes empresas en Silicon Valley comienzan a fijarse en perfiles humanistas para incorporarlos a las plantillas en el proceso de toma de decisiones.

Eso se hace, pero aún hay que ver cómo se van a desarrollar los nuevos procesos. Si estudias cómo funciona la mente humana y cómo funcionan las máquinas, ¿lo puedes transportar del primero al segundo? ¿Y, si lo consigues, también lo llamarías hombre? ¿Tu amigo? Es un debate muy interesante. Puede llegar un punto en el que los robots tengan emociones como las personas. Si eso pasa, hay que reflexionar en qué medida nosotros, como humanos, estamos preparados para ello. ¿Cómo vamos a vivir? ¿Estamos mentalizados para estas nuevas relaciones e intercambios sociales? Yo creo que no, por lo que tenemos que empezar a educar para ello.

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