Fatiga informativa
Alienados por la actualidad
La alienación del siglo XXI es estar más informados que nunca en la historia, pero completamente desconectados de lo que realmente importa.
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En la filosofía moderna, la alienación es la experiencia en la que el individuo se siente separado de sí mismo, como si lo que produce o vive no le perteneciera realmente. Karl Marx, el pensador que popularizó el término, describió cómo el trabajador, bajo el capitalismo, se siente ajeno al fruto de su esfuerzo. Es la sensación de que la vida se escapa de las propias manos, dirigida por fuerzas que no se controlan. Lo que Marx observó en la fábrica del siglo XIX, hoy puede aplicarse a la esfera de la información y la política del siglo XXI.
Vivimos pegados a las noticias. Abrimos el móvil y nos encontramos con un titular que nos indigna. Cerramos la aplicación y abrimos otra, y ahí está de nuevo: enfrentamiento, crispación, conflicto. Y al cabo del día, después de horas consumiendo información política, nos sentimos vacíos, agotados, y con la extraña sensación de no haber hecho nada.
La actualidad política, ese flujo constante de declaraciones, reproches y escándalos, en lugar de movilizar a la ciudadanía para cambiar las cosas, la está paralizando. En lugar de hacernos más conscientes, nos confunde. La polarización que domina el debate público no solo divide a la sociedad en dos bandos irreconciliables, sino que además convierte la política en un espectáculo del que cada vez más personas quieren huir.
Cuando las noticias nos agotan
Uno de los síntomas más claros de esta alienación es el creciente desinterés por la información. Según el último informe anual sobre noticias digitales del Instituto Reuters, cuatro de cada diez encuestados a nivel global evitan las noticias con frecuencia, una cifra que ha ido en aumento constante desde 2017. En España, el desapego ha crecido ocho puntos en el último año hasta alcanzar el 37% de la población. Seis de cada diez encuestados dudan de la veracidad de los contenidos online, una proporción que en España asciende a siete de cada diez.
La fatiga informativa afecta al 44% de los españoles, y el 58% de quienes evitan las noticias sienten una sobreexposición mediática
Este desinterés no es casualidad. La fatiga informativa afecta al 44% de los españoles, y el 58% de quienes evitan las noticias sienten una sobreexposición mediática. Nunca hemos tenido tanta información disponible, y nunca hemos estado tan saturados. La política se sitúa por primera vez como la principal preocupación nacional en España, por encima incluso de la economía, según el estudio Sensor de Havas Media Network. Pero esa preocupación no se traduce en participación, sino en agotamiento.
El mecanismo de la polarización: dividir para alienar
La polarización política es el motor de esta dinámica. La sociedad se divide en dos bloques ideológicos contrapuestos, donde la mayoría se identifica con uno de los bandos y percibe negativamente todo lo relativo al otro, mientras que los ciudadanos moderados se convierten en una minoría. En España, siete de cada diez españoles perciben más crispación política, y los líderes políticos generan cada vez más rechazo entre los ciudadanos.
Hay dos tipos de polarización. La ideológica, que tiene que ver con las diferencias en cuestiones simbólicas o prácticas entre los partidos. Y la afectiva, que se refiere a los sentimientos que despiertan partidos y líderes. Esta polarización afectiva es especialmente relevante para entender la alienación. No se trata de una separación ideológica, sino emocional, que no apela a la racionalidad sino a nuestros sentimientos más básicos. Es más fácil odiar que pensar.
Y es más rentable para quienes se benefician del enfrentamiento. Porque la polarización no es un accidente del sistema, sino su método operativo. El antagonismo constante anestesia en lugar de despertar, divide a los de abajo y los entretiene en guerras culturales sin fin, impidiéndoles ver las desigualdades y las injusticias. Polarizar no es dividir entre iguales, sino impedir que los de abajo se unan para cuestionar a los de arriba.
La desinformación como combustible
Este mecanismo no funcionaría sin el combustible de la desinformación. Ocho de cada diez españoles se declaran muy preocupados por el aumento de las noticias falsas, y tres de cada cuatro consideran que las fake news suponen una amenaza real para la democracia. La desconfianza se concentra especialmente en las redes sociales (88%) y en la prensa online (61%), mientras que la radio y la prensa tradicional resurgirían como espacios de credibilidad.
El problema es que en un entorno hipersaturado de estímulos, triunfan las formas más elementales de pensamiento: la consigna, el desprecio, la caricatura. El algoritmo privilegia lo ofensivo, lo divisivo, lo incendiario, y cuanto más se grita, más se beneficia quien vende los altavoces.
El resultado es que la política se ha convertido en espectáculo. Los partidos y líderes políticos han perfeccionado estrategias de mensajes que aprovechan las emociones y los miedos de sus votantes para consolidar sus bases de apoyo, aunque sea a costa de polarizar la sociedad.
El enfrentamiento constante distrae la atención de estas causas profundas, como el desempleo o la desigualdad económica. La polarización funciona como dique de contención frente a cualquier posibilidad transformadora. El ruido lo ocupa todo, y solo queda espacio para el espectáculo, el algoritmo y el aplauso fácil.
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