Medio Ambiente

65 años mirando al futuro

En 1953, Coca-Cola abría su primera fábrica en España. 65 años en los que ha hecho del cuidado del medio ambiente una de las claves de su estrategia, con multitud de campañas y acciones directas sobre el entorno.

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17
Ago
2018
Coca-Cola-medio ambiente

El 11 de diciembre de 1997 los países industrializados firmaron el Tratado de Kioto dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) con el objetivo de reducir, al menos, un 5% las emisiones de gases de efecto invernadero. Con este hito, la lucha contra el cambio climático se situaba como uno de los mayores retos de la humanidad. Sin embargo, el problema no surgió (ni mucho menos) en la década de los 90: entidades sin ánimo de lucro y empresas privadas llevaban años trabajando para concienciar a la sociedad e influir de manera positiva en el entorno.

En 1953 aterrizaba en España Coca-Cola con la apertura de la primera fábrica en el país. Durante estos 65 años, el cuidado del medio ambiente ha ido ganando peso hasta convertirse en la piedra angular de su estrategia. Para andar este a veces farragoso y siempre largo camino, la compañía ha contado con la colaboración de diferentes ONG, como WWF, así como de distintas universidades e instituciones y del Ministerio de Medio Ambiente.

WWF España se fundó en 1968 con el nombre de Adena y ya desde el principio contó con Coca-Cola entre sus aliados, llegando a utilizar la sede de la empresa de Madrid para celebrar sus primeras asambleas. «Al principio se hacían muchísimas campañas de concienciación y para eso también nos ayudamos de empresas con alcance a públicos a los que no llegan las asociaciones. Y ahí estaba también Coca-Cola», cuenta Juan Carlos del Olmo, secretario general de la organización.

Desde su fundación en 1968, WWF España contó con Coca-Cola entre sus aliados, llegando a utilizar la sede madrileña de la empresa para celebrar sus primeras asambleas

Durante los años 70 y 80, la compañía de refrescos centró sus esfuerzos en comunicar la necesidad de cuidar el planeta con campañas de concienciación. De esta forma, en 1971, se puso en marcha la acción ‘Plante una flor’ bajo el eslogan «una flor es un refresco para la vista». Con frases como «el cuidado de las flores y la naturaleza es índice del nivel cultural de un pueblo», pretendía que los ciudadanos no solo tomaran conciencia, sino que realizaran el acto (no tan) simbólico de plantar una flor. En 1978 llegó la primera acción formal junto a WWF. Con ‘El árbol, fuente de vida’, la ONG y Coca-Cola en España buscaban consolidar el sentimiento de protección de los árboles y los paisajes naturales entre los españoles. «Eran las primeras campañas básicas de sensibilización. La sociedad española nunca había recibido ese tipo de mensaje», explica Del Olmo.

Tras la conciencia llegó la acción. En la década de los 90, con la campaña ‘El buen Retiro’, Coca-Cola cedió al Ayuntamiento de Madrid nuevas papeleras para que instalaran en el parque, así como una flota de ciclomotores para las tareas de conservación. En 1995, la compañía sufragó la creación de la cátedra de Medio Ambiente de la Universidad de Alcalá. Un proyecto que sentó las bases para la posterior de Ciencias Ambientales y al que Coca-Cola apoyó hasta 1999, cuando pasó a financiarse enteramente con fondos públicos.

Empezar el siglo XXI siendo pioneros

Con la llegada del nuevo siglo también llegaron nuevos retos y medidas internacionales en torno al cuidado del medio ambiente y a la lucha contra el cambio climático. Con la aprobación del Tratado de Kioto, las agendas políticas nacionales e internacional incluyeron la sostenibilidad como uno de sus puntos clave y la ciudadanía mostró su cara más activista. Por eso, si Coca-Cola quería hacer del cuidado del planeta uno de sus sellos de identidad, tenía que dar pasos dirigidos a participar, como agente de transformación social, en aquel desafío.

En 2001, la compañía volvió a unir fuerzas con WWF y contó, además, con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente para recuperar el lince ibérico aprovechando las nuevas tecnologías. Crearon un portal en el que la gente donaba dinero para proyectos de repoblación del felino y a cambio recibían en el móvil iconos del lince ibérico y melodías de algunos de los anuncios más famosos de la marca. Fue una de las primeras acciones en usar el móvil con fines solidarios.

Tres años más tarde, se construyó la planta embotelladora de Can Fenosa, Barcelona, que sirvió para desarrollar el corredor biológico entre el parque de la Serralada de la Marina, en la sierra Litoral, y el río Besós. Único que conecta ambos ecosistemas en los 18 kilómetros de recorrido fluvial. Para ello «se plantaron unos 11.300 árboles y arbustos que representan los tres tipos de ecosistemas presentes en la zona. La Sierra Litoral y la ribera del Besós se han unido con una transición gradual pasando progresivamente de los ambientes forestales hacia otros más característicos de las lagunas y los cauces fluviales», explica Ángel Oliva, jefe de Sistemas de Gestión de la planta de Coca-Cola en el Vallés.

‘Recuperar el lince ibérico’ fue una de las primeras acciones en usar el móvil con fines solidarios

Poco después, en 2011, Coca-Cola y la Fundación Ecomar pusieron en marcha su plan de recogida de residuos en las costas españolas. Este proyecto y el de Can Fenosa fueron pioneros en su día y sentaron las bases de dos de las grandes acciones medioambientales de Coca-Cola en España en la última década.

El agua, objetivo número uno

Cerca del 90% de una Coca-Cola es agua. En 2010, la compañía empleaba 2,18 litros de agua por cada litro de bebida que fabricaba, incluida el agua contenida en la botella. Hoy, se ha reducido ese ratio a 1,89 litros, y el objetivo para el año 2020 es mejorar la eficiencia del uso del agua en un 20% con respecto al dato de 2010. Como ingrediente fundamental de sus productos, Coca-Cola es consciente de la necesidad de preservar los medios acuáticos y de trabajar por recuperar aquellos que estén en mal estado.

La mejora de los procesos de fabricación y la reutilización son las dos principales vías que utiliza Coca-Cola Iberia para reducir el consumo de agua en la producción de las bebidas. «Las botellas de plástico PET se soplan en la propia planta y las preformas vienen limpias del proveedor, además de protegidas en octavines de cartón y bolsas, de modo que, una vez enjuagadas, el agua utilizada en este procedimiento sigue teniendo una buena calidad. Con un pequeño tratamiento, se puede volver a usar en otro proceso», explica Susana Pliego, Environment & Safety manager en Coca-Cola Iberia.

El compromiso de la compañía con la preservación del agua no se limita a campañas concretas, es una carrera de fondo con resultados palpables. En 2015, cinco años antes de lo previsto, consiguió devolver a la naturaleza y a las comunidades en las que opera el 100% del agua contenida en sus bebidas a nivel global, convirtiéndose en la primera empresa de la lista Fortune en alcanzar un objetivo de reabastecimiento de agua tan relevante. En 2017, devolvió a la naturaleza 2.439 millones de litros de agua, el 75,7% del agua contenida en las bebidas comercializadas en España y Portugal.

En la actualidad, la marca desarrolla seis proyectos para proteger entornos de gran valor ecológico: un humedal artificial que sirve de depuradora artificial en el Parque Natural de la Albufera en Valencia; la restauración de la desembocadura del río Guadalhorce en Málaga, paraje Natural desde 1989; la implantación de un nuevo sistema de reforestación para proteger el agua en los montes de Teruel; el ya citado corredor verde de la laguna de Can Fenosa; trabajos de formación para que las comunidades regantes de las Tablas de Daimiel, La Mancha, ahorren agua sin que sus cosechas pierdan calidad; y a la regeneración de un acuífero sobreexplotado y salinizado por intrusión marina en La Vall d’Uxó, Castellón de la plana.

En 2017, devolvió a la naturaleza el 75,7% del agua contenida en las bebidas comercializadas en España y Portugal

La mirada puesta en el futuro

El optimismo de los logros conseguidos hasta ahora no puede empañar el camino que aún queda por recorrer. Por eso, Coca-Cola se ha fijado el objetivo de que el 50% del material empleado para los envases PET de sus envases provenga de plástico reciclado. Además, este año ha puesto en marcha Mares Circulares, un proyecto con impacto en los fondos y las reservas marinas y decenas de playas en España y Portugal para el que Coca-Cola ha contado con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la Fundación Ecomar y las asociaciones Chelonia y Vertidos Cero, así como la colaboración civil y ciudadana.

«Cada vez se habla más de la contaminación de los océanos y está bien que así sea. Coca-Cola en España tiene mucha visibilidad y gran capacidad de convocatoria. Si usan toda esa capacidad para poner de manifiesto esta problemática se llega más lejos de lo que podría llegar un país o una comunidad autónoma», subraya Manuel Merchán, presidente de Chelonia.

Según el último informe de sostenibilidad de la división ibérica de Coca-Cola European Partners, las emisiones de CO2 se han reducido desde 2010 en más de 30%. El objetivo ahora es rebajar un 50% las emisiones de gases de efecto invernadero en sus operaciones y un 35% las de toda su cadena de valor. «Los ciudadanos demandan de las compañías su intervención en su vida de una manera positiva. Cumplir con eso es muy satisfactorio» concluye Juan José Litrán, Director de Relaciones Corporativas de Coca-Cola en España.

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