Cambio Climático

Migraciones climáticas: un drama sin legislar

Gonzalo Fanjul, Cristina Monge y Mar Asunción Higueras participan en el debate ‘Migraciones climáticas’ dentro del V Encuentro Planeta Responsable, organizado por grupo Planeta en colaboración con Ethic.

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Luis Meyer
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11
May
2018
Migraciones

Las migraciones climáticas suponen que cada año, unas 20 millones de personas se ven forzadas a desplazarse de sus hogares, pero no son reconocidos como refugiados. Desde la ONU llevan años alertando de que el calentamiento global es una amenaza equiparable al terrorismo o los conflictos armados, por su capacidad para generar traslados poblacionales. «Hay más refugiados por el clima que por guerras. Las cifras dan miedo. No hay que ser alarmistas, pero sí realistas» opina Pablo Blázquez, director de Ethic: «La ONU habla ya de 200 millones de desplazados. Muchas veces cuando hablamos de cifras tan enormes nos vamos a lo abstracto, pero hay una historia detrás de cada desplazado».

Blázquez moderó el debate Migraciones climáticas, dentro del marco del V Encuentro Planeta Responsable, organizado por Prisma Publicaciones (Grupo Planeta) y Hazteco. Tres expertos pusieron sobre la mesa varias cuestiones de, hoy por hoy, uno de las problemáticas mundiales más urgentes. «Vivimos en un mundo loco, porque el cambio climático es el síntoma de un modelo de desarrollo insostenible», arranca Mar Asunción Higueras, responsable del Programa Clima y Energía de WWF España: «Es la fiebre de un planeta enfermo. Los impactos son consecuencia de algo que hemos ido creando. Nuestro modelo de desarrollo sigue basado en los combustibles fósiles. Desde la Revolución Industrial los hemos ido concentrando en la atmósfera».

Gonzalo Fanjul, Fundación porCausa: «Hace falta un mecanismo legal más allá de la Convención Internacional de Refugiados»

Higueras matiza: «Hay que diferenciar entre tiempo y clima: el Acuerdo de París fija que la temperatura global no supere los dos grados de aumento este siglo. Hay gente a la que le parece anecdótico, pero el clima es la temperatura media medida durante muchos años. Por tanto el aumento es un hecho. El año pasado hubo cinco olas de sequía seguidas en España. El cambio climático exacerba la injusticia. Los países que más energía consumimos somos los más desarrollados, por tanto hemos emitido más CO2. En países de África sufren hambrunas porque la sequía acaba con las cosechas, y no tienen en muchos casos un sistema de seguridad social como el nuestro. Y los pequeños estados isleños se llevan la peor parte: en el Pacífico hay países que ven mermado su territorio. Incluso pueden eliminar un país entero. Y no se van a queda de brazos cruzados, igual que los africanos. Esa es la causa de las migraciones climáticas».

El investigador y activista contra la pobreza de la Fundación porCausa, Gonzalo Fanjul, arranca con una reivindicación: «La legislación es extremadamente lenta. Aún no hay un marco legal para los refugiados climáticos. Un profesor de la Universidad de Oxford los llamaba el otro día migrantes de supervivencia a todos aquello que se han visto a salir de sus hogares en contra de su voluntad. Hace falta un mecanismo legal de protección que vaya más allá de la Convención Internacional de Refugiados. Hace falta una compensación. Es un ámbito donde los países más ricos, más desarrollados, son los más contaminantes y deben compensar a los países más pobres. La gestión de la movilidad humana está sujeta a normas decimonónicas. Pero creo que una estrategia de arriba abajo es mucho menos efectiva que un mecanismo más creativo, plurilateral y constructivo».

Cristina Monge, Ecodes: «Nos falta plantearnos hasta qué punto el calentamiento global influye en nuestro día a día»

Cristina Monge, directora del área de Conversaciones de Ecodes, opina en esta línea: «Hay que hablar más. Y entender a los otros. Hacer un ejercicio de empatía». Y añade: «Naomi Klein dijo que el cambio climático lo cambia todo. Y lo hemos convertido en un eslogan, pero nos falta pararnos y plantearnos hasta qué punto el calentamiento global influye en nuestro día a día: los que compramos, lo que comemos, lo que transpiramos. Muchas veces nos quedamos en los titulares, y las imágenes más llamativas. Un desplazamiento interno, local, ya es dramático. Deben dejar su hogar, su vida. Y estas situaciones requieren leyes que aún no existen». Monge añade: «La ONU calcula que hay unas mil millones de personas que viven en un lugar diferente al que nacieron. Casi la mitad, por el cambio climático».

Hechos frente a catastrofismos

Los intervinientes consideran que, a pesar de que el panorama es desolador, aún estamos a tiempo de revertirlo. «Hay tres ejes sobre los que trabajar», opina Monge: «Un frente legal, hay un vacío legal. Falta una ley solidaria en Europa que obligue a acogerles. En segundo lugar hay un frente financiero, que quiere una transición a las renovables, pero dejan en el aire la aceptación de inmigrantes El norte de Kenia acoge a desplazados climáticos de Somalia. Y hay, finalmente, un desafío político. La movilidad urbana en su término más amplio, debería incorporar el cambio climático. Porque es el reto más grande de este siglo. El problema es que afrontamos un desafío del siglo XXI con normas del siglo XIX. Hay un curioso rechazo a las migraciones de corte nacionalista. Hay un pacto mundial que se está negociando en Naciones Unidas, pero lo importante es pactar entre regiones del continente especialmente expuestas. Europa está siendo miserable, y mina cualquier posibilidad de un acuerdo global. No solo más justo: también más inteligente».

Mar Asunción Higueras, WWF España: «Tenemos que poner la igualdad y la redistribución como prioridad»

«No estamos condenados a un cambio climático catastrófico», añade Higueras, «se puede revertir con un cambio de modelo, basado en cambiar de los combustibles fósiles a las energías renovables. Y la tecnología: debería haber un impulso para que se desarrollara a una escala mayor. Poniendo la igualdad y la redistribución como prioridad». Fanjul añade: «El sector privado en Estados Unidos está yendo por delante del Gobierno, yo diría que incluso de la sociedad civil. Y eso es una muestra de que las cosas están cambiando. Aunque Trump se saliera del Acuerdo de París, el mundo empresarial ha decidido permanecer». Y concluye: «Ya existen soluciones tecnológicas, basadas en la creatividad, por ejemplo, para que la población pueda hacer frente a periodos de sequía más prolongada. Pero son medidas paliativas. Hay que atacar el problema más de raíz: no olvidemos que una de las principales maneras de tratar las migraciones climáticas es combatiendo el cambio climático».

 

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