Cambio Climático

Acuerdo de París: ¿triunfo o farsa?

Distintas voces de la sociedad civil y del mundo político y empresarial nos dan su punto de vista sobre el alcance del acuerdo climático firmado en París.

Artículo

Redacción
¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 5 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
14
Dic
2015
Redacción | Foto: Ethic©

Distintas voces de la sociedad civil y del mundo político y empresarial nos dan su punto de vista sobre el alcance del Acuerdo del Clima firmado en París el 12 de diciembre. ¿Marcará realmente un punto de inflexión hacia la sostenibilidad del planeta o será otro brindis al sol?


    Víctor Viñuales
Director de Ecodes

Razones para la esperanza

No es un acuerdo perfecto. No es el acuerdo que las ciencias del clima reclaman, no es el acuerdo que en Ecodes hubiéramos redactado, pero es un acuerdo que supone un paso irreversible hacia una economía baja en carbono. La economía de los combustibles fósiles que conocemos entra en el tiempo de descuento.

Hay muchos aspectos criticables y habrá que seguir peleando para corregirlos, pero hay un cambio de ciclo. Este acuerdo y las iniciativas desplegadas al calor de la COP21 por empresas, entidades financieras, municipios, regiones, ONG…muestran que la transición hacia una economía baja en carbono es irreversible.

¿Y por qué ver el vaso medio lleno? Porque necesitamos hacer una revolución para construir una economía baja en carbono y, como decía muy bien André Malraux, el motor de la revolución es la esperanza. Los desmoralizados no cambian la sociedad. Además, en esta ocasión hay fundadas razones para la esperanza.


Teresa Ribera
Copresidenta de REDS y directora del IDDRI

La hora de la verdad

Llega la hora de la verdad. Esa en la que los gobiernos han de responder de lo que han prometido poniéndose manos a la obra. La neutralidad en carbono en la segunda mitad de siglo y la plena adaptación a los efectos del cambio climático son dos tareas inmensas que requieren acción inmediata. Se trata de asegurar un sistema eléctrico sin emisiones a 30 años vista, un transporte con la mitad de las actuales para 2050 y una correcta identificación de las vulnerabilidades al cambio climático, como el agua o las áreas costeras, cuya respuesta es prioritaria.

El Acuerdo de París  compromete una revisión al alza de las contribuciones nacionales en 2020 compatible con el objetivo de 1,5º/2ºC, construye un sistema de transparencia y rendición de cuentas periódico y orienta todos sus instrumentos a la acción y el aprendizaje colectivo.

Corresponde ahora a quien aspire a gobernar diseñar una estrategia de rápida descarbonización del sistema energético, un impulso a la innovación industrial y una visión clara y coherente del lugar que ocupan los ecosistemas. A los ciudadanos y empresas, permanecer activos y vigilantes.


Mar Asunción
Responsable del Programa de Clima y Energía de WWF España

Redoblar los esfuerzos

Mientras que el acuerdo de París entrará en vigor en el 2020, la ciencia nos dice que para alcanzar la meta global que limité el calentamiento a 1,5 °C o que no exceda los 2°C, las emisiones deben alcanzar su límite máximo antes de 2020 y después reducirse de manera drástica. Los actuales compromisos alcanzados en el Acuerdo de París solo nos brindarán la mitad de lo que se necesita, dejando una brecha de 12-16 gigatoneladas de emisiones.

Para ello se acordó revisar las contribuciones de los países, ya que con las presentadas de manera voluntaria por 186 países para la Cumbre de París se duplicaría este límite lo cual supondría importantes impactos a nivel ecológico, económico y social.

Es también fundamental asegurar nuevos esfuerzos de cooperación de los gobiernos, las ciudades, las empresas y los ciudadanos, para reducir las emisiones con mayor profundidad, brindar los recursos para la transición energética en los países en vías de desarrollo, y proteger a los pobres y más vulnerables.

En países como España, que sigue quemando carbón y apoyando las prospecciones de petróleo y gas, tiene que dar un giro en su actual política energética y desde WWF pedimos al futuro gobierno que se comprometa de verdad con un modelo renovable 100% y a terminar con el apoyo a las energías contaminantes. #NoMásHumo, http://nomashumo.org/


Antonio López Rodríguez
Responsable de Gestión de Energía y Carbono en Repsol

El desafío: la capacidad de innovar

El Acuerdo de París supone un avance histórico en materia climática, ya que es la primera vez en la que tanto naciones desarrolladas como países en desarrollo se comprometen a gestionar la transición hacia una economía baja en carbono.

Si el objetivo de limitar los 2ºC es ya muy ambicioso, realizar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5ºC sin duda va a requerir de grandes dosis de innovación y tecnología, elementos clave para que cada vez más personas tengan acceso a los recursos que necesitan, de una forma eficiente y sostenible.

Estos ingredientes dependen en gran medida del esfuerzo y las inversiones del sector industrial y de las empresas privadas. Repsol considera que el sector industrial y, en concreto, el del Oil& Gas, debe formar parte de la lucha contra el cambio climático. Con este convencimiento, a principios del año 2015 se puso en marcha la iniciativa Oil and Gas Climate Initiative (OGCI), de la que Repsol forma parte, organización que agrupa a diez de las compañías del sector más importantes del mundo que suministramos una quinta parte de la producción mundial del gas y el petróleo y casi el 10% de la energía mundial.


Florent Marcellesi
Portavoz de Equo en el Parlamento Europeo

Entre el milagro y el desastre

Alcanzar un acuerdo universal de este tipo, firmado entre 195 países con intereses y visiones totalmente antagonistas, es digno de elogio. Por eso, en primer lugar, el Acuerdo de París es un milagro. Y por supuesto que es un acuerdo de mínimos, lleno de ganchos variopintos y contradictorios para que todos los países puedan volver a sus casas con la cabeza alta. Con el tipo de gobernanza mundial débil que tenemos y con los mimbres geopolíticos actuales, difícilmente podría ser otra cosa.

Tampoco se puede esperar mucho más teniendo en cuenta las corrientes culturales dominantes: sintiéndolo mucho, las opiniones públicas mayoritarias y sus reflejos gubernamentales en COP21 no apoyan las tesis más ambiciosas que defendemos desde el movimiento por la justicia climática. Pero si ni siquiera el cambio climático está presente en el debate electoral español en plena cumbre, ¡cómo vamos a pretender que los negociadores sean más ambiciosos!

Al mismo tiempo, es un desastre. A nivel científico, queda poca duda de que el Acuerdo de París es totalmente insuficiente para lograr el propio (y buen) objetivo a largo plazo que se marca: no superar 1.5°C de aumento de temperatura al final de este siglo. Con los compromisos actuales de reducción de gases de efecto invernadero (GEI) presentada por los países, el aumento de temperatura va más bien hacia los 3°C, poniendo en riesgo la vida y la dignidad de millones de personas en el mundo. Tampoco se ha incluido en el acuerdo el sector de la aviación y el transporte marítimo, hoy responsables de un 10% de las emisiones de GEI. Sin regular de manera concreta ambos sectores el objetivo del 1,5ºC es ilusorio.

Visto desde un punto de vista dinámico, París abre una brecha. Muy pequeña, pero una brecha que se cerrará o se ampliará según nuestra capacidad de crear a todos los niveles geográficos las correlaciones de fuerzas necesarias en favor de un mundo sin fósiles y carbono.


Elena Valderrábano
Directora global de Ética Corporativa y Sostenibilidad de Telefónica

El mejor punto de partida

El Acuerdo de París es un hito histórico, ratificado por todos los países y con mención expresa a los límites de temperatura considerados por los científicos. Se trata del mejor punto de partida, y aunque hay aspectos que tendrán que definirse en los próximos años para lograr que el aumento de la temperatura global se quede entre 1,5 y 2º, tenemos las piezas clave para lograrlo.

Durante la Cumbre las empresas han estado muy presentes, en el debate y apostando muchas de ellas por la descarbonización de la economía, como actores esenciales para lograr los objetivos que necesitamos. Iniciativas como We Mean Business son ejemplo de ello. La necesidad de alianzas público-privadas es patente y reconocida. En este sentido, tenemos la tecnología pero hace falta, por ejemplo, un impulso mayor a las energías renovables, el establecimiento de un precio del carbono que fomente la innovación y favorezca de forma más rápida un modelo bajo en carbono o la necesidad de que las empresas contribuyamos con objetivos de emisiones en base a ciencia. Telefónica está alineada con todo esto, porque nos ayudará a avanzar en algo fundamental: convertir la economía digital en una economía verde.

El cambio climático es uno de los retos más acuciantes de la sociedad actual, y las soluciones que vienen de la mano del mundo digital, el internet de las cosas, la nube, M2M, las Smart Cities… son ya una realidad pero tienen que alcanzar una escala mucho mayor. Un estudio reciente señala que el uso de la telefonía móvil en Estados Unidos y Europa está permitiendo un ahorro de más de 180 millones de toneladas de emisiones de carbono al año, una cantidad superior a las emisiones anuales totales de los Países Bajos. ¿Vamos a desaprovechar este potencial? El Acuerdo de París tiene que ser el pistoletazo de salida para alinear políticas, inversiones e innovación de modo que podamos sacarle el máximo partido. Y un último punto de suma importancia, una mayor sensibilidad y responsabilidad de los ciudadanos, para que con sus decisiones de consumo promuevan productos y servicios green. El trabajo no ha hecho más que empezar.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME