Transparencia

Las ONG, a examen

El escándalo de Oxfam ha abierto la caja de Pandora. Afloran denuncias de otras ONG por todo el mundo y se pone en entredicho la transparencia en los proyectos de cooperación y desarrollo.

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Luis Meyer

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Madi Robson
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23
Feb
2018

¿A qué nivel de sinrazón puede llegar la manera en que funciona esta sociedad cuando un país que lleva años al borde del precipicio decide, motu proprio, prohibir en su territorio la ayuda de una ONG? El Gobierno de Haití lo anunció ayer mismo: retiraba «provisionalmente» los permisos que tenía Oxfam para actuar en el país caribeño. Diez desalmados de la organización habían explotado reiteradamente la prostitución en la isla devastada por el terremoto y la pobreza. La sucursal de Oxfam en Holanda estaba al tanto, pero miró hacia otro lado. Esto sucedía hace siete años. Hoy, los cientos de trabajadores y voluntarios de la organización que intentan dar algo de futuro al país más desestructurado del mundo tendrán que hacer las maletas e interrumpir proyectos de saneamiento, reconstrucción y sanidad.

El escándalo de Oxfam destapado recientemente por el Times empieza a generar una onda expansiva: han salido a la luz denuncias similares contra otras organizaciones humanitarias en la República Democrática del Congo, en Costa de Marfil, o en Bosnia, donde hubo acusaciones contra algunos mandos y oficiales de UNPROFOR (Fuerza de Protección de Naciones Unidas). El goteo de socios que pierde Oxfam cada día se va convirtiendo en cascada: solo en España, ya van más de mil. Esto significará mucho menos presupuesto y, por tanto, menos hospitales, menos sistemas de acceso a agua potable, menos campos habilitados para el cultivo. Menos esperanza para millones de personas que lo han perdido todo.

El escepticismo, claro, no se limitará a Oxfam. En medio de una crisis económica que se resiste a desaparecer, occidente se lo pensará tres veces antes de marcar la casilla de la declaración de la renta para proyectos de cooperación y desarrollo y, desde luego, de domiciliar en su cuenta una donación periódica a una ONG. Urge, por tanto, buscar herramientas para evitar que se repitan sucesos como este y que la herida causada cicatrice lo antes posible. Preguntarse, al fin y al cabo: ¿qué debería haber hecho Oxfam en un caso así?

Ana Benavides: «El principal mecanismo de rendición de cuentas es el escrutinio de los donantes»

«Las ONG representan un puente esencial entre las instituciones, las empresas y la sociedad. En las últimas dos décadas, el crecimiento de alguna de estas organizaciones ha alcanzado una dimensión equivalente al de las grandes multinacionales», opina Santos Ortega, consultor de comunicación y asuntos públicos, y sigue: «Sin embargo, a diferencia del mundo corporativo, muchas de estas ONG no han sido capaces de aplicar un pensamiento global sumado a la acción local en su organización interna, algo que sí han logrado con éxito a la hora de poner en marcha campañas de concienciación. La fuerte descentralización en su operativa les ha llevado a descuidar el efecto global que puede tener una crisis reputacional».

La reputación, igual que puede decidir el éxito o fracaso de una empresa, es un elemento que las ONG no pueden descuidar. «Deben ser ejemplares para poder demandar esa misma ejemplaridad a otros colectivos», explica Ortega, «aunque cada crisis es diferente, queda patente en el caso de Oxfam que no se hizo un correcto análisis del riesgo y sus posibles consecuencias. Si hubieran cuestionado sus propias certezas y hubieran visto el asunto con perspectiva global, no lo habrían circunscrito a un hecho local y habrían actuado de forma centralizada, en vez de mirar para otro lado. El impacto negativo de un hecho local sobre la marca global es el pan nuestro de cada día en el mundo corporativo y, muchas veces, como consecuencia de una denuncia proveniente del Tercer Sector [como las condiciones de las fábricas en países en vías de desarrollo], por lo que resulta aún más paradójico  lo que le ha ocurrido a Oxfam con este caso. Ahora mismo está en el momento de la eclosión de la crisis, cuando la presión mediática es muy alta y se empieza a hacer una interpretación del suceso que, en algunos casos, se puede convertir en una perversión del suceso».

Santos concluye: «Oxfam ya está actuando para poder influir en la siguiente fase, que será la de síntesis. Sin embargo, es previsible que la crisis, al igual que los terremotos, tenga réplicas que sucederán cuando ya parezca que el fuego se apaga. Esas réplicas pueden ir dirigidas a las remuneraciones y estilo de vida de los directivos señalados y tendrán un efecto global sobre la marca. Otra cuestión que Oxfam deberá tener en cuenta es la renovación de sus códigos y políticas. También crear la figura del Compliance Officer como hacen las empresas, que genere un protocolo de control y prevención de delitos, además de tener la capacidad de analizar sucesos como el ocurrido».

A este respecto, el presidente de Transparencia Internacional, Jesús Lizcano, añade: «Los proyectos deberían alcanzar un nivel siempre riguroso de control de los fondos y la debida aplicación de los mismos en función de los objetivos y razones para los que se han concedido, y sobre todo deberían contar con un estricto código ético para todos sus empleados, voluntarios y directivos, y un sistema de control exhaustivo y permanente del nivel de cumplimiento de dicho código por parte de los mismos». Y rompe una lanza por la mayoría de los trabajadores de Oxfam: «Es injusto que por unas actuaciones indebidas de una proporción pequeña de sus empleados o directivos, se pierdan tantos miles de socios en esa ONG, ya que los que van a sufrir las consecuencias son las personas pobres e indefensas que recibían finalmente las ayudas. En todo caso, debería quizá haber sido más contundente para atajar la posible reiteración de esas conductas».

Jesús Lizcano: «Es injusto que por los actos de unos directivos se pierdan tantos miles de socios en esa ONG»

La Fundación Lealtad es una organización sin ánimo de lucro cuya misión es aumentar la confianza en las ONG y, por tanto, el número de socios. Su directora general, Ana Benavides, opina al respecto: «Es importante tranquilizar al donante e incidir en el importantísimo trabajo que realizan las organizaciones en contextos muy complicados en muchos casos. No debe verse empañada su función. La transparencia y la información ayudan a mitigar la desconfianza. El sector de las ONG es profesional y tiene un alto compromiso con la transparencia, las buenas prácticas y una fuerte cultura de rendición de cuentas».

En este sentido, la experta no cree que falten elementos de control: «Las entidades no lucrativas están sujetas al marco jurídico que establecen la Ley de Fundaciones y la Ley de Asociaciones, entre otras legislaciones. También tienen controles anuales de su actividad a través de los correspondientes registros. Justifican a través de informes y auditorías muy exhaustivos los proyectos financiados con fondos públicos. Someten sus cuentas y proyectos a auditoría. Trabajan bajo el marco de códigos éticos y de conducta, tanto propios como sectoriales. Y también pueden someterse voluntariamente al análisis de evaluadores externos como es el caso de las ONG acreditadas por la Fundación Lealtad».

Respecto al caso de Oxfam, Benavides opina que «lamentablemente puede pasar, por eso es importante que las ONG cuenten con procedimientos de control interno que por un lado eviten que se puedan llegar a dar estas situaciones y, por otro, de producirse, permitan detectarlas para tomar las medidas oportunas. Es tan importante la autorregulación (códigos o prácticas por grupos) como la evaluación externa e independiente». Algo en lo que también debe participar, a su parecer, la propia sociedad: «El principal mecanismo de eficiencia y rendición de cuentas es el escrutinio de los donantes, los voluntarios y los medios de. Por eso es importante informarse antes, durante y después de colaborar, porque cuanto más exija la sociedad mejor trabajarán las ONG».

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