Opinión

Oxfam: ¿el Enron de las ONG?

«El escándalo de Oxfam va a replantear la forma en la que ciudadanos, Gobiernos y legisladores se relacionan con las ONG», sostiene Alberto Andreu, experto en reputación.

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21
Feb
2018

En octubre de 2001 estalló el caso Enron, que supuso el inicio de los grandes escándalos corporativos (WorldCom, Parmalat, Merry Linch, Madoff, Lehman Brothers, AIG, Odebrech…) y dio lugar a los grandes movimientos legislativos y empresariales para impulsar la trasparencia y el Gobierno Corporativo. Samuel Buell, entonces investigador del caso Enron y hoy profesor de la Universidad de Duke, aseguró que «Enron era el canario en la mina de todo el sistema, y no nos dimos cuenta». Por su parte, Emilio Ontiveros, en un debate organizado por Ethic sobre el décimo aniversario del caso, afirmó que Enron «fue un chispazo en el sistema financiero, que ha puesto en llamas la hojarasca de las economías del mundo».

«El escándalo de Oxfam va a replantear la forma en la que ciudadanos, Gobiernos y legisladores se relacionan con las ONG»

El escándalo de Oxfam ha sido de tal calado que me ha llevado a hacerme una pregunta: ¿será el caso Oxfam el canario en la mina o el chispazo en el sector de las ONG que ponga en llamas la hojarasca del sector social? En mi opinión, este caso va a representar un antes y un después en el tercer sector y en la forma en la que se gestionen y controlen a partir de ahora las ONG en el mundo occidental.

Antes de explicar los motivos por los que considero que este caso es tan importante para el tercer sector, quiero dejar claro, de entrada, que, gracias a Oxfam y a otras ONG globales, podemos decir que hoy las leyes y que las empresas son mejores de lo que eran hace 20 años. Gracias a su labor de presión y concienciación, se han producido muchos avances en todos los terrenos: la legislación de muchos países, incluida la española, ha ido incluyendo algunas viejas reclamaciones del tercer sector, como la responsabilidad penal de las personas jurídicas; se están promoviendo movimientos globales, como la iniciativa BEPS2 de la OCDE y el G20, para impulsar los informes fiscales por país; la opinión pública es más exigente hoy que hace años; y las empresas han ido adaptando algunos de sus procesos para minimizar los impactos negativos de sus operaciones en el proceso de globalización.

Dicho esto, y reconociendo la labor de Oxfam… ¿por qué considero que el caso va a suponer un antes y un después para Oxfam en particular y para las ONG y el tercer sector en general? Mis motivos son éstos:

Por lo que respecta a Oxfam, este caso abre una profunda grieta en su línea de flotación: la legitimidad. Esta grieta, de facto, hace de Oxfam una organización más débil y más vulnerable para poder dar las batallas a las que se ha enfrentado hasta ahora, entre las que destacan la desigualdad, los paraísos fiscales o los derechos humanos en la cadena de suministro de las grandes corporaciones. Oxfam siempre ha estado en la primera línea de fuego en los ámbitos más sensibles de la economía de mercado y de la globalización, por lo que tener un gap de legitimidad le hace más débil para enfrentarse a Gobiernos y grandes corporaciones en esas batallas.

Además, se pone en riesgo el sistema de financiación de Oxfam. Según su memoria correspondiente al ejercicio 2015-2016 (la última que puede encontrarse con datos consolidados), el 42% de los ingresos (443,3 millones de €) proceden de fondos institucionales (Naciones Unidas, UE e Instituciones Europeas, Organismos Multilaterales, Instituciones Gubernamentales de los países afiliados, otros Gobiernos y ONG) mientras que el 39,5% (424,1 millones €) procede de fondos privados, donde destacan los 170,8 millones de las cuotas de afiliados.

Tras el escándalo, la ONG ha perdido 7.000 afiliados y la UE ha dejado caer la posibilidad de retirar los fondos a Oxfam. Adicionalmente, la cadena Sky lanzó una encuesta sobre la posición de los ingleses sobre este caso: el 46% pensaba que el gobierno debería retirar los fondos a Oxfam, frente al 54% que afirmaba lo contrario; el 47% de los ingleses afirmó también que Oxfam era una organización que no generaba confianza.

Por lo que respecta al tercer sector en general, se corre el riesgo de contaminación generalizada. Según el Barómetro de Confianza de Edelman, las ONG ocupan la primera posición entre las instituciones que generan más confianza a nivel mundial en 2017, tanto para el público informado como para el público en general (64 y 53 puntos, respectivamente), aunque a un solo punto de diferencia de las empresas. Estos resultados, que se han presentado antes de estallar el escándalo, ponen en riesgo esta posición de liderazgo de las ONG. Perder este liderazgo en la confianza es relevante porque ese atributo es el que confiere a las ONG la legitimidad para actuar como vigilantes del sector empresarial.

Además, este caso, pone en bandeja una excusa perfecta a quienes tienen en el punto de mira las actividades de las ONG dedicadas a la defender causas difíciles y a denunciar abusos. Estas ONG (como es el caso de Oxfam, Amnistía Internacional, Human Right Watcht, Save the Children, Transparencia Internacional, Greenpeace…) son molestas para muchos Gobiernos y grandes corporaciones por su permanente rol de investigación, vigilancia, movilización y denuncia. Y no nos olvidemos: si hay negacionistas del cambio climático… ¿acaso no vamos a encontrar enemigos declarados de la labor de estas ONG?

Este es el panorama que veo: el caso de Oxfam, definitivamente, va a suponer un antes y un después para las ONG y el tercer sector. De la misma manera que los escándalos empresariales de algunas compañías dieron lugar a un nuevo modelo de relación y a nuevas reglas de juego para todas las empresas, estoy prácticamente seguro de que el escándalo de una única ONG, Oxfam, va a replantear la forma en la que ciudadanos, Gobiernos y legisladores se relacionan con todas las ONG.

«La consecuencia de todo esto es una doble pérdida: de reputación y de ingresos»

Los antecedentes son claros. Tras el escándalo de Enron, la administración Bush aprobó en 2002 la Sarbanex Oxley Act, por la que reformó la contabilidad pública de empresas y de protección al inversionista) que ha impactado en todas las empresas que, directa o indirectamente desarrollan actividades económicas con los Estados Unidos. De igual forma, tras el escándalo de Lehman Brothers, la administración Obama promovió la Dodd-Frank Act para proteger a los consumidores.

Quien piense que esto no va a suceder no entiende la dinámica del espacio público actual. Y es que, una vez estalla un escándalo público, se produce una secuencia que, personalmente, he llamado Highway to Hell (retomando la mítica canción de AC/DC): intervienen los medios para denunciar; después intervienen la política (comisiones parlamentarias, etc); intervienen los jueces; y, por último, interviene el regulador, para generar nueva legislación. La consecuencia de todo esto es una doble pérdida: de reputación y de ingresos.

A esto, ni más ni menos, se enfrenta hoy el tercer sector. Mas nos vale, desde ya, empezar a pensar en cómo abordar esta situación. Pero eso lo veremos en el siguiente artículo. Para empezar una buena noticia: Oxfam ya tiene en marcha su plan de acción para recuperar la confianza de la sociedad.

Alberto Andreu Pinillos es doctor en Economía y profesor asociado de la Universidad de Navarra

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