Diversidad

Fuera del armario… ¿en el trabajo?

Un 60% de las personas homosexuales, transexuales o bisexuales han vivido algún tipo de discriminación u hostilidad en su trabajo.

Artículo

Sinay Sánchez
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15
May
2017

«Casi un 60% de las personas homosexuales, transexuales o bisexuales han vivido algún tipo de discriminación u hostilidad en su trabajo». Esta fue una de las conclusiones de un estudio realizado por Ben Capell, investigador de ESADE Business School y la Universidad Ramon Llull, en 2014. Desde entonces, las cosas no han mejorado para las personas LGTB dentro del entorno laboral.

La discriminación, el rechazo y la desigualdad son barreras con que se topan a cada paso. Hacer de los espacios de trabajo lugares más inclusivos con la orientación sexual e identidad y expresión de género es uno de los grandes retos a los que se enfrentan empresas, administraciones y sociedad civil.

Una reciente investigación realizada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, a través del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades, da a conocer las dificultades que las personas LGBT encuentran en su entorno laboral: el temor al despido, a los comentarios o al cambio de actitud por parte de jefes y compañeros son solo algunos de los motivos por los que no expresan de manera libre y natural su orientación o identidad en el ámbito del trabajo. Por lo general, las organizaciones no propician un «entorno no hostil» para que las personas LGTB sientan la confianza suficiente para mostrar abiertamente su orientación o identidad sexual.

Durante los procesos de selección de personal, se ha manifestado la existencia de prácticas discriminatorias donde, según relata el documento, «es relativamente habitual que se pregunte por la vida íntima, especialmente por el lugar en el que viven y con quién». La ocultación, o al menos la no expresión, es la tónica habitual en entrevistas y en los inicios de un nuevo empleo.

La falta de respuesta ante el acoso es otra de las razones que incentiva el silencio. Rara vez se llega a la denuncia. Lo habitual es que las empresas no cuenten con protocolos singulares para situaciones de este tipo, ya que domina la idea de que disponer del protocolo de acoso laboral (a secas) es suficiente.

El caso de las personas transexuales es más complejo. Esto se debe en gran medida a los obstáculos, discriminación e incomprensión que han vivido en su propio proceso de identidad de género. Las barreras son aún mayores para las mujeres trans. En el caso de los hombres trans, su aspecto, según ellos mismos reconocen, «pasa más desapercibido», y tienen menos problemas para participar del mercado laboral y más libertad para gestionar qué información ofrecer y a quién.

El autoempleo aparece como una salida para las personas transexuales, especialmente durante el proceso de transición, ya que así evitan tener que dar «explicaciones» en relación con sus visitas médicas o los cambios que van experimentando, según la investigación, que también apunta que es necesario ampliar la concepción de lo que se entiende por «diversidad» e «igualdad de oportunidades», ya que ambos conceptos suelen ser interpretados de forma muy reduccionista: hombre-mujer. Los planes de igualdad se asocian con la mujer y solo minoritariamente con las personas LGTB.

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