Walter Mignolo
La idea de América Latina
«Una vez que el continente recibió el nombre de América en el siglo XVI y que América Latina fue denominada así en el siglo XIX, fue como si esos nombres siempre hubiesen existido», señala Walter Mignolo.
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Antes de 1492, América no figuraba en ningún mapa, ni siquiera en el de los pueblos que vivían en el valle de Anáhuac (territorio azteca) y Tawantinsuyu (territorio inca). Los españoles y los portugueses, únicos ocupantes europeos durante el siglo XVI, bautizaron el continente cuyo control y posesión estaba en sus manos. Hoy en día resulta difícil pensar que los incas y los aztecas no vivían en América y más aún que no vivían en América Latina. Hasta comienzos del siglo XVI, el continente no figuraba en los mapas porque no se había inventado la palabra ni había nacido la idea de un cuarto continente. El territorio existía y los pobladores también, por supuesto, pero ellos daban su propio nombre al lugar donde vivían: Tawantinsuyu a la región andina, Anáhuac a lo que en la actualidad es el valle de México y Abya-Yala a la región que hoy en día ocupa Panamá.
Los pobladores originarios no conocían la extensión de lo que luego se denominó «América». En Europa, Asia y África nadie sabía de la existencia del territorio que se llamaría Indias Occidentales y más adelante América, ni de los pueblos que lo habitaban, que luego serían conocidos como indios. América cayó del cielo —literalmente hablando— que Américo Vespucio estaba observando cuando descubrió que las estrellas que veía desde el sur del Brasil de hoy en día no eran las mismas que solía ver desde el Mediterráneo. Lo confuso del asunto es que una vez que el continente recibió el nombre de América en el siglo XVI y que América Latina fue denominada así en el siglo XIX, fue como si esos nombres siempre hubiesen existido.
«América» nunca fue un continente que hubiese que descubrir sino una invención forjada durante el proceso de la historia colonial europea
«América» nunca fue un continente que hubiese que descubrir sino una invención forjada durante el proceso de la historia colonial europea y la consolidación y expansión de las ideas e instituciones occidentales. Los relatos que hablan de «descubrimiento» no pertenecían a los habitantes de Anáhuac ni de Tawantinsuyu sino a los europeos. Debieron transcurrir 450 años hasta que se produjera una transformación en la geografía del conocimiento, y así lo que Europa veía como un «descubrimiento» empezó a considerarse una «invención». El marco conceptual que permitió dar ese giro surgió de la conciencia criolla del mundo de habla hispana y portuguesa.
Cabe destacar que hasta ese momento las formas de pensamiento aborigen y africano de América del Sur aún no habían entrado en el debate público, mirando al continente desde su propia historia fragmentada. «América», y luego «América Latina» y «América Sajona», son conceptos creados por europeos y criollos de ascendencia europea. Los indios y los criollos descendientes de africanos no fueron invitados al diálogo. Los afrocaribeños habían participado de una transformación similar y complementaria en la geografía del conocimiento, pero en el mundo de habla inglesa y francesa. Los criollos de ascendencia africana no se interesaban por la llegada de los europeos a la región que hoy se conoce como islas del Caribe: el transporte de esclavizados al continente que ya se denominaba América empezó varias décadas después del descubrimiento o invención del continente. El hecho de que América fuese un continente descubierto o una entidad inexistente no era un tema relevante en la genealogía del pensamiento indígena.
Hace algunos años, el historiador y filósofo mexicano Edmundo O’Gorman esgrimió un argumento sólido y convincente: la invención de América implicó la apropiación del continente y su integración en el imaginario eurocristiano.
Los españoles y los portugueses, como los únicos intrusos europeos del siglo XVI, reclamaron el continente para sí y lo rebautizaron al tiempo que iniciaron una organización territorial similar a la de España y Portugal. Vespucio pudo bajar a América del cielo cuando, navegando por las costas del actual Brasil, se dio cuenta de que se encontraba en un «Nuevo Mundo» (nuevo, claro está, para los europeos) y no en la «India», como había creído Colón diez años antes. Es bien conocida la historia de que desde que Vespucio «descubrió» América en el plano conceptual (en el sentido de «darse cuenta» o «tomar conciencia»), los europeos se encontraron frente a un Nuevo Mundo, continente que recibió el nombre de «América» en honor a Américo Vespucio, con un ligero cambio en la terminación de la palabra para que fuese análoga a la de los continentes no europeos existentes: África y Asia.
Este texto es un extracto de ‘La idea de América Latina’ (Herder), de Walter Mignolo.
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