Innovación

¿Y tú, cómo te mueves?

Los vehículos limpios son, con el transporte público y el uso de la bicicleta, la solución para construir una verdadera cultura de la movilidad sostenible.

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05
Oct
2015
Carmen Gómez Cotta

Si mañana introdujéramos 1.000 coches eléctricos en Madrid, y otros 1.000 en Barcelona, evitaríamos la emisión de dos toneladas de CO2. Los vehículos limpios son, con el transporte público y el uso de la bicicleta, la solución para construir una verdadera cultura de la movilidad sostenible.

¿Has pensado alguna vez en el impacto del transporte en el medio ambiente? Un sector que ha crecido ininterrumpidamente desde la década de los 90 y que continúa haciéndolo. Porque las necesidades de desplazamiento de las sociedades aumentan al mismo ritmo que lo hacen los núcleos urbanos. «El transporte es el sector que más energía consume y genera importantes emisiones», apunta Tomás Gómez, profesor de Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Comillas.

Sólo en España, este sector demanda un 40% de la energía primaria y es responsable de casi el 25% de las emisiones de CO2, según datos del Observatorio del Transporte y la Logística. Desarrollar tecnologías para afinar su eficiencia se ha convertido en una prioridad. El gran escollo energético, coinciden los expertos, es la carbonización. «Los vehículos convencionales funcionan por combustión fósil, que genera una gran cantidad de dióxido de carbono, así que ahora una de las prioridades en materia de movilidad es la descarbonización del transporte», explica Gómez.

Se trata, pues, de reducir las emisiones de CO2 por kilómetro recorrido. Y para desarrollar una movilidad inteligente, que respete el entorno al mismo tiempo que cubre las necesidades de desplazamiento de personas y mercancías, los expertos insisten en que hay que innovar en el uso de los materiales, la energía y la información. 

Vehículos limpios

La Unión Europea ha puesto el foco en el desarrollo de vehículos limpios basados en la electricidad. «No cabe duda de que el coche eléctrico es una de las claves para reducir las emisiones de CO2», afirma Juan Antonio Garrigosa, del departamento de Innovación de Endesa. Desde su punto de vista, la electrificación del transporte se perfila como la mejor opción para una movilidad urbana sostenible.

Está comprobado que la eficiencia energética del vehículo eléctrico es casi el doble que el de combustión interna. La energía primaria que salga de la electricidad será más sostenible, porque no emite emisiones donde consume, añade el profesor de Comillas Tomás Gómez, que no duda que «la transición a vehículos eléctricos ayudará a conseguir una movilidad urbana más sostenible».

Aunque la cultura de la bici en nuestro país por fin ha eclosionado y afortunadamente cada vez cuenta con más adeptos (ya hay tres millones de usuarios) y más políticas públicas a su favor, el automóvil sigue siendo la opción preferente de desplazamiento. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, alrededor de un 47% de los españoles se mueve en coche. «La movilidad eléctrica es la clave del transporte urbano del siglo XXI», señala Garrigosa. Con la introducción de 1.000 vehículos eléctricos en una ciudad se dejarían de emitir más de 30.000 kilogramos anuales de gases contaminantes y más de dos toneladas de CO2, según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía (IDEA).

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«Ahora hay que dar un paso más para transformar el vehículo en una pieza del sistema eléctrico. Empezar a pensar que al comprar un coche eléctrico invertimos además en una batería de dos ruedas que genera energía», explica Garrigosa. La idea de poner en valor la batería del coche, junto al desarrollo de cargadores bidireccionales (de carga y descarga del coche), son las dos principales líneas innovadoras en las que más se está trabajando en los últimos años. «La energía todavía no se puede almacenar de manera masiva y barata, pero un coche eléctrico puede acumular energía para dos días. Los coches se pasan el 95% del tiempo parados, así que podemos usar su capacidad de almacenamiento para abastecer al edificio en el que estamos, por ejemplo», apunta el directivo de Endesa.

Desde el punto de vista del coste, las nuevas tecnologías están ayudando a desarrollar redes eléctricas inteligentes que hacen que los vehículos eléctricos se beneficien de precios competitivos. «Estas redes permitirán que los coches se carguen con precios de la electricidad que cambian en el día. El coste es más bajo si se consume por la noche, mientras las baterías actúan como almacenamiento de electricidad, prestando servicios a la red eléctrica», plantea el profesor de Comillas.

Transporte público inalámbrico

La clave de una red urbana eficiente es que el motor del transporte sea el sistema eléctrico. En este esquema, el vehículo privado es una pieza esencial pero no única. Un 30% de la población española usa medios públicos para desplazarse, así que desarrollar vehículos urbanos eléctricos será una solución efectiva. «Hay que apostar de manera intensa por el transporte público y prestigiar su uso», opina Pablo Molina, presidente de la Asociación Española de Técnicos Urbanistas (AETU). Evidentemente, el desplazamiento más sostenible es el que se hace a pie, «pero esto es más común en las ciudades densas y para recorridos que no superen los 2 kilómetros», y en las últimas décadas, las ciudades españolas han tendido a crecer en extensión en vez de en densidad aumentando las distancias entre recorridos habituales».

La realidad es que la mayoría de los ciudadanos usan vehículos motorizados para moverse en su vida diaria, y el transporte público eléctrico, ya sea autobús o tranvía, es una alternativa perfecta. «Es más eficiente porque no produce emisiones, no hace ruido, ocupa menos superficie urbana y transporta más número de personas», explica Molina.

Con esa misma visión, un grupo de tres organismos de investigación y seis empresas españolas han desarrollado un proyecto pionero en nuestro país basado en tecnologías de transferencia de inducción que permite la carga dinámica de autobuses públicos eléctricos. Autobuses que se cargan tanto estática como dinámicamente y gozan por tanto de una mayor autonomía respecto al vehículo eléctrico convencional. Estos vehículos del proyecto Victoria, liderado por Endesa, ya circulan por la ciudad de Málaga. Una ruta de 10 kilómetro de recorrido que cuenta con una estación de recarga inalámbrica en la primera parada de la línea mientras los pasajeros suben y bajan, una ruta modificada con un carril de recarga por inducción dinámica mientras está en movimiento y un punto de recarga estática en los garajes donde se aparcan los autobuses eléctricos.

La recarga inalámbrica es el medio para apostar por la movilidad eléctrica en el transporte urbano. Es cierto que esto requiere una infraestructura costosa y gran financiación, pero es posible si conseguimos crear un ecosistema de innovación adecuado, como en más de una ocasión ha señalado la secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela. Cuanto más estrecha sea la colaboración público-privada y la participación de la ciudadanía, más tupida y extensa será la red innovadora.

©Sylwia Bartyzel

En España estamos empezando a consolidar ese sistema porque, haciendo de la necesidad una virtud, «es el momento propicio para la cooperación; las administraciones no tienen mucho dinero y necesitan entidades privadas», reconoce Víctor Viñuales, director de la Fundación Ecología y Desarrollo (Ecodes). Y lo más interesante de esta colaboración, subraya, es que «en la frontera donde se juntan Administración Pública, sector privado y ciudadanos emprendedores surge un campo de mucha creatividad e innovación que hay que aprovechar».

Innovación social

Cuando hablamos de innovación, tendemos a pensar enseguida en el lado tecnológico. Pero, a veces, «la más disruptiva es la innovación social, porque es la que provoca los cambios culturales y de costumbres», afirma Viñuales. Desde su punto de vista, esta innovación social es la que ha hecho que en los últimos años las ciudades se estén encaminando hacia un tipo de modelo más sostenible «donde los peatones, las bicis y el carsharing son los protagonistas». La bicicleta se está convirtiendo en un elemento urbano cada vez más frecuente y el automóvil empieza a asociarse con el despilfarro. Una de las principales consecuencias es que el fenómeno del coche compartido se ha disparado en nuestro país, sobre todo en los dos últimos años. Según la Asociación Española de Carsharing, más de 33.000 personas utilizan uno de los casi 500 vehículos para compartir.

Una cifra alta si tenemos en cuenta que «este sistema se introdujo en España en 2010, mientras que países como Suiza lo implantaron de manera masiva en los años 70», explica Gabriel H. Beaumont, cofundador de Blue Move, una start up española de coches compartidos que ya cuenta con un 10% de autos eléctricos en su flota.  Beaumont aprecia un cambio de costumbres en el ciudadano respecto al uso del coche privado, que ya no representa un símbolo de poder y estatus. Ahora la idea de usar uno de manera puntual cuando lo necesitamos empieza a ser normal en España.

Se está racionalizando el uso del coche. Coger un coche compartido cuando necesitamos hacer un trayecto concreto, ir en bici a comprar el pan al lado de casa o coger el transporte público para ir a trabajar son hábitos cada vez más frecuentes. Cuantas más opciones de transporte ofrece una ciudad, más eficiente es su movilidad. «La multimodalidad es fundamental en la rueda de la sostenibilidad», añade este emprendedor.

Las nuevas tecnologías no sólo están permitiendo avanzar en el diseño y desarrollo de sistemas multimodales eficientes, sino que también están contribuyendo de manera notable en la recopilación y análisis de datos. «Entender los itinerarios obligados y habituales de la ciudadanía es la base para implantar cualquier plan de movilidad urbana ofreciendo distintas alternativas», señala el presidente de la Asociación de Urbanistas, Pablo Molina. Conocer y analizar los diferentes hábitos de desplazamiento de toda la población con el objetivo de dibujar patrones de conducta y buscar soluciones concretas, según las demandas y necesidades crecientes.

Contar con esta información disponible también nos va a permitir «diseñar espacios públicos que generen una convivencia urbana positiva y segura». Porque el objetivo de un buen plan de movilidad urbana sostenible es satisfacer las necesidades de desplazamiento de personas y mercancías, sin dejar de mejorar la accesibilidad y la habitabilidad para una mejor calidad de vida.

«Si electrificáramos el transporte, la salud ambiental  y la seguridad en las ciudades sería mejor, y por tanto la calidad de vida de las personas sería mayor», concluyen desde Endesa.

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