Internacional

Escapar del infierno

Arwa fue secuestrada con 15 años por el grupo extremista Estado Islámico (IS) y enviada a distintos países mientras era torturada y violada.

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08
Ene
2015
Diego García Moreno

Arwa fue secuestrada con 15 años por el grupo extremista Estado Islámico (IS) y enviada a distintos países mientras era torturada y violada. Randa, con 16, fue vendida como “regalo” a un hombre que le doblaba la edad y que la violó sistemáticamente después de que los terroristas mataran a su padre.

Son dos de las 200 niñas que han conseguido escapar y cuyos testimonios Amnistía Internacional ha recogido en un minucioso informe en el que la barbarie del terrorismo islámico queda documentada a través de los relatos de sus víctimas.

Desde que en 2004 emergió como una organización terrorista próxima a Al Qaeda, el Estado Islámico, que tiene como objetivo declarado unir todas las regiones habitadas por musulmanes bajo su control, ha labrado a conciencia una imagen de sanguinaria crueldad.

En su informe, Amnistía internacional advierte que aunque “200 chicas han conseguido escapar de los horrores del cautiverio de IS, cientos, posiblemente miles de mujeres continúan bajo el control de IS en zonas de Irak y Siria”, donde el grupo ha sentado sus bases.

El informe, plagado de declaraciones de víctimas y sus familiares, es totalmente desgarrador. Algunas incluso fueron obligadas a casarse, como relata Abla, de 19 años: “Tenía a mi bebé conmigo y mi embarazo era muy visible, y uno de los guardias me eligió como su mujer. Me dijo que si no aprobaba casarme con él me vendería a otro hombre que me llevaría a Syria».

La ONG también dedica un capítulo del informe a hablar del suicidio de muchas de estas mujeres. Su cautiverio y el trato vejatorio al que las someten es tal, que muchas de ellas deciden quitarse la vida para no tener que soportarlo. Jilan, de 19 años, se quitó la vida mientras permanecía cautiva en Mosul porque temía que la violaran, según contó su hermano a Amnistía Internacional.

Una de las niñas que estuvo recluida en la misma habitación que Jilan y otras 20 cautivas, entre ellas dos niñas de 10 y 12 años, explicó a la ONG: “Un día nos dieron una ropa que parecían trajes de baile, y nos dijeron que nos bañáramos y nos la pusiéramos. Jilan se mató en el cuarto de baño. Se cortó las muñecas y se colgó. Era muy hermosa, y creo que sabía que un hombre se la iba a llevar, y por eso se mató”.

Terrorismo impune

“El Estado Islámico no intenta esconder o negar sus crímenes. Al contrario, hace grandes esfuerzos para publicitarlos […]. Ha utilizado su reputación como un actor brutal y despiadado para infundir miedo en sus enemigo”, señala el informe. Gracias a esta estrategia, se infunde el miedo necesario a las víctimas para que no intenten escapar y para que no cuenten lo sucedido por temor a represalias.

En la parte final, el informe se centra en el resultado emocional de las víctimas después del infierno por el que han pasado. Además del sufrimiento físico y psicológico, muchas de las mujeres están lejos de sus hogares, y tienen que vivir en refugios siendo dependientes de las personas que les acojan.

Desde Amnistía Internacional instan a los gobiernos a actuar en contra de IS, ya que el grupo terrorista “no ha mostrado ninguna intención de poner fin a los crímenes de guerra». Insisten, además, en que se deben aumentar las prestaciones de determinados servicios para las víctimas, como médicos de apoyo y asesoría, la atención de salud sexual o asistencia legal y financiera.

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