Innovación

La innovación al servicio del reciclaje

Si se cumplen los objetivos de Bruselas en tratamiento de residuos, la productividad de los recursos puede aumentar un 30% de aquí a 2030 y se crearán dos millones de puestos de trabajo.

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16
Dic
2014

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Luis Meyer

A los españoles nos preocupa dónde acaban los residuos: solo uno de cada diez encuestados por la Comisión Europea confesó hace un año no reciclar habitualmente, y más del 60% afirmó que separa en casa cada día los envases de plástico del vidrio y el cartón. Sin embargo, muy pocos saben qué se hace realmente con los residuos que arrojan semana tras semana a los tres contenedores. Basta con ir al centro de Madrid y realizar un par de preguntas para probar este desconocimiento: “Yo reciclo porque hay que hacerlo, pero no estoy seguro de a dónde va a parar esto”, dice un padre de familia señalando unas botellas de vidrio justo después de lanzarlas al contenedor verde. Otras respuestas son más alarmantes: “Dicen por ahí que luego lo vuelven a mezclar todo”, cuenta una joven. Otras tres personas han dicho algo parecido.

Una leyenda urbana, puesto que en España, según los datos aportados por el centro de estadística de la Comisión Europea (Eurostat), se recicla casi una tercera parte de los residuos urbanos, eso sí, aún por debajo de la media comunitaria del 42%. Con todo, en nuestro país se ha avanzado a pasos agigantados en la especialización durante los últimos años: aparte de la conocida gestión de los plásticos, papel y vidrio, hay otros SIG (Sistemas Integrales de Gestión) que supervisan todo el proceso de transporte, tratamiento, reutilización y/o reciclaje de muchos objetos con especificaciones diversas como bombillas, pilas, productos sanitarios, electrodomésticos, etc.

Es el caso de Signus, por ejemplo, una entidad sin ánimo de lucro cuya misión es garantizar un adecuado tratamiento del neumático usado hasta que deja de ser un residuo para convertirse en un material con valor: desde la suela de unas zapatillas hasta el relleno para la hierba artificial de un campo de fútbol, pasando por compuesto para carreteras, sus aplicaciones se cuentan por decenas y gracias a su activo departamento de I+D+i el número aumenta cada vez más. “Estamos probando ya una nueva barrera de hormigón que incluye caucho obtenido de neumáticos en su composición”, cuenta su director de Desarrollo de Valorización de Mercados, José María Bermejo, “esto la vuelve más flexible y por tanto más resistente y a la vez segura a los choques”.

I+D+i: los tres pilares del reciclaje

El reto principal de cualquier entidad dedicada al reciclaje está en encontrar nuevas vías que optimicen cada vez más el tratamiento de residuos y, sobre todo, que lo haga más eficaz. “Es positivo que los SIG inviertan I+D+i”, opina Eduardo Peredo, responsable de Residuos en Conama, organización independiente sin ánimo de lucro que promueve el intercambio de conocimiento en pro del desarrollo sostenible. Según este experto, “la primera misión de estas entidades de reciclaje es captar los residuos, pero no deben olvidar otros aspectos como, por ejemplo, investigar en nuevos envases que reduzcan su peso sin comprometer el producto que llevan dentro. Es solo un ejemplo, pero es muy valioso que las SIG colaboren con los productores”. En esta línea, la subdirectora general de Residuos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, María José Delgado, declaraba el verano pasado durante las jornadas El ciclo de vida del envase que “el objetivo último de todas las actuaciones de prevención es lograr en 2020 la reducción en un 10% en peso de los residuos generados en 2010”.

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La prevención, en cualquier caso, pasa por colaborar también con los propios productores en proyectos de I+D+i, como es el caso de Signus: la entidad trabaja codo con codo con fabricantes de diversos sectores, como la firma de moda sostenible Ecoalf. El resultado de esta alianza fue, tras dos años de investigaciones en el  Centro Tecnológico del Calzado de La Rioja, la primera colección de sandalias ‘flip-flop’ del mundo elaboradas a partir de neumáticos fuera de uso. “Un producto innovador y novedoso fabricado en España, respetuoso con el medio ambiente y que marcará tendencia ecológica”, aseguran desde la entidad.

Pero la I+D+i es más que la investigación en nuevos materiales y procesos de fabricación. También tiene que ver con el control de esos procesos y la capacidad de trazar el recorrido de un residuo desde que se genera hasta que se valoriza o, dicho de otra manera, se convierte en algo material o directamente en energía. Para Daniel López, responsable de la Comisión de Contaminación y Residuos de Ecologistas en Acción, “es vital la recogida de residuos y evitar que terminen en vertederos o en incineradoras no controladas”. El experto admite que “algunas SIG están haciendo bien su trabajo en cuanto a la recogida, el tratamiento y la separación, y siempre es positiva la valorización, especialmente si es material”. Enrique Redondo, director del Departamento Técnico de la fundación Ecolec (dedicada a la gestión de la recogida, tratamiento, valorización y eliminación de los residuos de aparatos electrónicos, electrodomésticos, pilas y acumuladores), añade: “Como consumidores podemos colaborar eligiendo los aparatos con la etiqueta de eficiencia energética europea más alta. Por su parte, los fabricantes, empleando criterios de ‘ecodiseño’ en sus productos y asumiendo la correcta gestión ambiental al término de la vida útil de los aparatos. Sin embargo, el reciclaje de algunas partes de estos aparatos por gestores irregulares y sin control, dificulta la correcta gestión ambiental”.

El proyecto WEE Trace, por ejemplo, pretende evitar esta situaciones. Se trata de un sistema de trazabilidad y control de residuos que los monitoriza desde su entrada en la cadena de gestión hasta las plantas de reciclaje. Así, se evitan las fugas a canales irregulares y se garantiza la correcta gestión ambiental y normativa, al tiempo que se recuperan las materias primas. Esta iniciativa piloto liderada por Ecolec se desarrolló durante 36 meses (de julio de 2011 a julio de 2014), y en él participaron todos los actores de la cadena de la gestión de residuos, desde fabricantes como Fagor, pasando por el sector de la distribución -en este caso Carrefour, que hizo las funciones de observador-, llegando hasta los operadores logísticos.

La utilización de aparatos eléctricos y electrónicos no ha parado de crecer en el entorno doméstico en las últimas décadas. A los electrodomésticos tradicionales como el frigorífico, la lavadora o el horno se han sumado el lavavajillas, la secadora, el televisor curvo, la tablet, el teléfono inteligente o el robot de cocina, entre otros”, cuenta Enrique Redondo, director de su Departamento Técnico de Ecolec. A esto hay que añadir la conversión de lo analógico a lo digital en los últimos años, que ha provocado un gran aumento de aparatos electrónicos desechados. Son situaciones habituales: con la llegada de las pantallas planas, las televisiones de tubo catódico abandonaron los hogares en tiempo récord, y hoy se ven como algo del pasado. Los mismo ha sucedido con los aparatos de música frente a los dispositivos de mp3, por ejemplo: la sociedad se desprende de la vieja tecnología con una frecuencia exponencial, y eso acelera la acumulación de desechos.

Desde la Fundación Vida Sostenible aseguran que “en el caso de aparatos como los televisores, esta conversión está trayendo consecuencias ambientales desastrosas a las que en países como Inglaterra, EEUU y Francia no han sabido hacerle frente, amontonando cantidades ingentes de residuos electrónicos y enviándolas a destinos ‘exóticos”. Para evitar esto en España, entidades como Ecolec llevan años gestionando el reciclaje de aparatos eléctricos y electrónicos en desuso (RAEE), y en 2013 esta organización supervisó la recogida de más de 61 millones de kilos de residuos. Además, según afirma la entidad, una media del 70% de cada dispositivo es potencialmente transformable en materias primas aprovechables.

“Gracias a la implantación de este proyecto de trazabilidad se consigue un triple objetivo: el aumento del reciclado controlado, la disminución de las emisiones de CO2 como resultado de la mejora de la logística y el control del tratamiento de los aparatos con CFC, que son los gases destructores de la capa de ozono”, asegura Redondo.

España y los objetivos de Europa: ¿cada vez más cerca?

“La tendencia es cumplir el reto de ‘cero residuos sin reciclar’, lo que significa un máximo de un 5%”, asegura Peredo. La Comisión Europea propuso a finales de octubre un objetivo de reciclaje obligatorio del 70% de los residuos urbanos de aquí a 2030 para reducir el impacto medioambiental, al tiempo que se garantiza un uso más sostenible de los recursos.

Por el momento es solo un objetivo, a la espera de ser aprobado por los Gobiernos comunitarios y la Eurocámara, pero España ya está haciendo un gran esfuerzo. Por el momento, deberá duplicar su tasa actual de reciclaje para cumplir una directiva ya establecida que marca un 50% de residuos reciclados para 2025. Según Daniel López, “una de nuestras asignaturas pendientes son los residuos orgánicos, sobre todo en el origen”. El experto en residuos de Ecologistas en Acción asegura que es fundamental la recogida selectiva que ya se aplica en comunidades como Euskadi o Cataluña. “Debe desaparecer el contenedor verde en el que se mezclan los residuos orgánicos con los de cualquier otro tipo para terminar en un vertedero”, sentencia. En este sentido, Bruselas reclama medidas para reducir los residuos alimentarios un 30% de aquí a 2025 y prohibir al mismo tiempo arrojar materiales reciclables en los vertederos.

Si bien a España le queda mucho que hacer para poder cumplir con los objetivos comunitarios, muchas SIG ya están haciendo sus deberes. En el caso del reciclaje de envases, por ejemplo -que según la Unión Europea debe llegar al 80% en 2030- la organización sin ánimo de lucro Ecoembes, dedicada a la recuperación de envases en todo el territorio nacional, afirma que en 2013 se reciclaron más del 70% en España o, lo que es lo mismo, 1,7 millones de toneladas.

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La sociedad sin ánimo de lucro Signus gestiona desde 2006 la recogida del 100% de los neumáticos fuera de uso (es decir: ninguno acaba ya en un vertedero), y en 2013 casi 80.000 toneladas se trataron para generar nuevos materiales y 65.000 fueron destinados a generar energía. “España es líder en Europa en la construcción de carreteras con materiales tomados del tratamiento de neumáticos usados”,  afirma Bermejo. El  director de Desarrollo de Valorización de Mercados de esta entidad afirma que en nuestro país ya hay 1.200 kilómetros de pavimento “con un compuesto que aumenta la flexibilidad y por tanto lo hace más resistente al paso de vehículos pesados, y además mejora el drenaje en caso de lluvia”.

En el caso de Ecolec, su sistema de trazabilidad aumenta el porcentaje de residuos recogidos hasta alcanzar entre un 65% y un 85% de recogida efectiva aparatos eléctricos y electrónicos, al tiempo que garantiza un tratamiento adecuado en las plantas de reciclaje y minimiza las exportaciones ilegales. En definitiva, “se eleva la capacidad de recogida, identificación y tratamiento de los residuos en las plantas, logrando que se incrementen los índices de almacenamiento, reciclaje y recuperación”, según el director del Departamento Técnico.

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El reciclaje del vidrio también mejora sus cifras cada año: la entidad Ecovodrio recogió en 2013 casi un millón de toneladas procedente de los contenedores, 100.000 más que en 2009. Tras pasar por la planta de tratamiento, el vidrio triturado (calcín) permite fabricar envases exactamente iguales que los originales, con la ventaja de que requiere una menor temperatura de fusión que las materias primas originales (arena, sosa y caliza) y, con ello, en el proceso de elaboración se consume menos energía.

En 2013, además, se valorizó en España el 72% de los residuos procedentes del papel. Una buena noticia, si se tiene en cuenta el coste medioambiental de su producción (por sustancias como la celulosa) y, sobre todo, que el destino en estos procesos de reciclaje es siempre volver a generar el mismo material una y otra vez.

Sostenibilidad ambiental… Y económica

El estudio presentado por Bruselas para su propuesta de objetivos lo deja claro: si se cumplen todas esas medidas la productividad de los recursos podría aumentar en un 30% de aquí a 2030, el PIB de la Unión Europea crecería casi 1% y se crearían dos millones de puestos de trabajo nuevos. La prevención de residuos, el ‘ecodiseño’, la reutilización y otras medidas permitirán, según el informe, ahorros netos de 600.000 millones a las compañías del ámbito comunitario, y reducirían las emisiones entre un 2% y un 4%.

El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente va más allá en su valoración de la importancia del tratamiento de residuos: según un informe presentado en 2013 a partir de datos europeos, el reciclaje crea más puestos de trabajo que el vertido o la incineración de residuos. “El empleo relacionado con el reciclaje de materiales en los países comunitarios ha aumentado de forma imparable, pasando de 422 por millón de habitantes en 2000 a 611 en 2007, esto es, casi un 50% e menos de una década”, aseguran desde la institución. Hasta antes de la crisis, los ingresos de la industria recicladora habían llegado a suponer un 2,5% del PIB de la Unión Europea.

Una cifra nada desdeñable que demuestra que la recogida, reutilización y tratamiento de residuos es mucho más que un ideal: es la pauta que marca una economía sostenible para el futuro. Por eso, según el experto de Conama, “la inversión de las SIG en I+D+i enfocada a una nueva estrategia de reducción, menor uso de materiales contaminantes y alargamiento de vida útil de los productos es, sin duda, algo positivo”.

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¿Sabías que…?

[/vc_column_text][vc_separator color=»grey» accent_color=»#436074″][vc_column_text]En España se generan 588 kilos de residuos por persona al año; más basura que la media de la Unión Europea, el 12,6%.

Se reciclan más de 160 kilos de papel cada segundo en España. Únicamente superada por Alemania, e igualada con Francia e Italia.

El 90% de los componentes de un teléfono móvil son reciclables.

Cuatro de cada diez españoles procura algunas veces comprar productos mínimamente envasados o empaquetados y otro 37,5% busca productos con envases que se puedan reutilizar.

El papel tarda un año en degradarse. Una lata de aluminio, 10 años. Una bolsa de plástico, más de 100 años. Una pila, hasta 1.000 años. Una botella de vidrio, 4.000 años.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row bg_color=»#ebebe3″ font_color=»#436074″ padding=»10px» el_class=»cuadro-reciclaje-1″][vc_column width=»1/1″][vc_column_text]

Recoge, transporta, separa, recicla

[/vc_column_text][vc_separator color=»grey» accent_color=»#436074″][vc_column_text]El funcionamiento de los diferentes sistemas integrados de gestión (SIG) sigue unas pautas comunes, aunque traten productos muy dispares entre sí. Todos ellos gestionan desde el recogido del residuo hasta su tratamiento, pasando por el transporte y, en muchos casos, la separación previa de los componentes.

En Ecolec nos ponen como ejemplo el caso de una nevera. “Gestionamos su recogida, bien en un punto limpio, bien en un comercio, que tiene la obligación legal de quedarse el electrodoméstico viejo cuando vende uno nuevo. Desde allí nos ocupamos del transporte a una planta de tratamiento en la que, de forma prioritaria, se separan los componentes nocivos, como el gas del tubo de refrigeración. Una vez la nevera está despiezada se tritura, se clasifican los materiales y se envían a diferentes empresas que los emplean para fabricar nuevos productos”.

Otros SIG, por las características del residuo, incluyen una fase añadida: la reutilización. Tal es el caso de Signus, que antes del tratamiento de un neumático gestiona su entrada en el mercado de segunda mano, o para recauchutado, si está en las condiciones óptimas.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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