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Vaticanleaks y la revolución del Papa Francisco

Los actos de Jorge Mario Bergoglio están calando y sus críticas al capitalismo salvaje como germen de la desigualdad social son ya una de sus señas de identidad. ¿Conseguirá transformar la Iglesia?

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29
Ene
2014

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Por Luis Meyer | Imagen: Akim Fimin©

Los actos de Jorge Mario Bergoglio están calando en la ciudadanía. Y también sus mensajes. Sus críticas directas al capitalismo salvaje como germen de la desigualdad social son ya una de sus señas de identidad. ¿Conseguirá transformar y modernizar la Iglesia? ¿Habrá un antes y un después del Papa Francisco?

¿Qué tienen en común Miley Cyrus y el Papa Francisco? Ambos están entre los temas más comentados en Facebook en 2013. Si bien la estrella postadolescente del pop ha acaparado la atención  de millones de internautas por contonearse sensualmente en muchas de sus apariciones en público, Bergoglio ha provocado una auténtica tormenta dentro y fuera de los contornos de la Iglesia católica que ha pillado desprevenidos a todos, incluso a quienes lo votaron.

Abrazar postulados progresistas, criticar duramente el neoliberalismo, dejar de dogmatizar sobre los matrimonios gays o replantear el papel de la mujer en la organización institucional de la Iglesia son puntos de un guión que no estaba previsto entre los cardenales de Roma. «Posiblemente quienes lo eligieron no esperaban un cambio de paradigma, sino un simple revoque de fachada para que la Iglesia no tuviera esos tintes tan radicales», opina el teólogo Juan José Tamayo en una conversación mantenida con Ethic. «El modelo neoconservador de Juan Pablo II y Benedicto XVI ya estaba agotado, aunque podría haberse mantenido un tiempo más; lo que está sucediendo ha sido una grata sorpresa, pero seguro que no estaba en los planes de los cardenales».

En las últimas décadas, la Iglesia se ha distanciado cada vez más del pueblo, especialmente del no católico, pero también de ese público que por razones culturales le podría ser más receptivo. La lejanía y el boato de su cúpula, las oscuras operaciones del Banco Vaticano,  la pasividad ante los casos de pederastia y los juicios terminantes sobre temas como la homosexualidad fueron agigantando cada vez más esa desconexión con las personas a la que el jesuita Bergoglio quiere poner punto y final.

La revista Time ha elegido al Papa 'Persona del año'.

La revista Time ha elegido al Papa 'Persona del año'.

De momento, los actos clericales del nuevo Papa han dejado de apuntar al exterior para poner orden en su propia casa. «Bergoglio se transforma, como San Ignacio de Loyola, para llevar adelante una misión específica: reformar las estructuras de la curia romana», aclara el historiador y periodista argentino Marcelo Larraquy, autor de la reciente Recen por él: La historia jamás contada del hombre que desafía los secretos del Vaticano, fruto de meses de investigación desde las tripas de la Santa Sede. «Es la única forma de que su gobierno trascienda su papado y pueda dejar un legado para el futuro de la Iglesia: con la creación de distintas comisiones de investigación y análisis para esta reforma».

¿Qué era tan perentorio reformar en el Vaticano? Había otros dos hechos que estaban desangrando a la Iglesia católica con un goteo de fieles cada vez más preocupante: su insólita tibieza ante los casos internos de pederastia y la instrumentalización del Banco Vaticano, una de las instituciones financieras por la que fluían (y fluyen) a diario sospechosas operaciones de millones de euros.

El Papa Francisco ha incluido estos dos asuntos entre sus máximas prioridades. Con medidas como crear comisiones de investigación, endurecer las penas de derecho canónico o exigir un expediente legal y psiquiátrico intachable a los sacerdotes y religiosos que trabajan con niños lleva más lejos que nunca la lucha interna contra los abusos de menores y todo apunta a que la cosa va en serio.

La Banca Vaticana

La destitución hace un año de Ettore Gotti Tedeschi, presidente del IOR (Instituto de Orden Religioso), órgano ejecutivo del Banco Vaticano, tras las escandalosas filtraciones, conocidas como Vaticanleaks, que denunciaban turbios manejos con transferencias al exterior de millones de euros aún sin aclarar, fue un punto de inflexión. Según la versión oficial de la Santa Sede, el cese fue por la responsabilidad de Tedeschi en dichas prácticas; según otras fuentes, el presidente estaba dispuesto a destapar todo el entramado en un acto de contrición.

En la última etapa de su mandato, el Papa Benedicto XVI –ese pastor rodeado de lobos, como le definió L’Osservatore Romano–inició medidas para que el Banco Vaticano dedicara sus esfuerzos a lavar su imagen en vez de a lavar dinero, una sospecha cada vez más instaurada. Moneyval, órgano de control del Consejo de Europa para la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, siempre ha mantenido a la entidad de la Santa Sede en su lista negra, la que incluye aquellos bancos y empresas que no hacen lo suficiente para atajar la corrupción y evitar que muchas de sus operaciones se usen para actos delictivos.

El Papa Bergoglio ha continuado esta senda y la ha potenciado con medidas inéditas como publicar, por primera vez en su historia, los resultados de Banco Vaticano –ha gestionado 6.300 millones de euros con más de 80 millones de beneficios netos en 2012–. El Consejo de Europa ha valorado positivamente estas y otras medidas como adherirse a la ley de transparencia e información financiera, pero todavía no ha sacado a la entidad de la lista negra, ya que mantiene altos niveles de opacidad en órganos como el Instituto para las Obras de Religión, y ha apuntado que el papel, la misión, las competencias, los poderes y la independencia de la autoridad encargada de la supervisión financiera (ARF) en el Vaticano todavía «no tienen suficiente claridad».

En cualquier caso, es la primera vez que Moneyval confía en la regeneración de Banco Vaticano y hace al respecto declaraciones tan esclarecedoras como que la Santa Sede «ha progresado mucho en muy poco tiempo». Al mismo tiempo, el Papa ha contratado los servicios de la consultora Ernst & Young para auditar a fondo las cuentas del Gobernatorio Vaticano, el organismo encargado de la gestión financiera de la Santa Sede.

Algo debe estar haciendo bien Jorge Mario Bergoglio cuando algunos medios de comunicación italianos alertan sobre reacciones poco tranquilizadoras en el seno de la mafia. El fiscal Nicola Gratteri, procurador adjunto de Reggio Calabria, con una experiencia de más de 20 años en la lucha contra la poderosa red delictiva calabresa, declaró recientemente en una entrevista al diario Il Fatto Quotidiano que Bergoglio «va por el buen camino y ha lanzado señales importantes: lleva el crucifijo de hierro, clama contra el lujo. Es coherente, creíble. Está decidido a hacer limpieza total». El magistrado asegura que estos actos no han pasado desapercibidos: «Aquellos que se alimentaban hasta ahora del poder y la riqueza que deriva directamente de la Iglesia están nerviosos, agitados. El Papa está desmontando centros de poder económico en el Vaticano. Si los jefes mafiosos pudieran hacerle la zancadilla no lo dudarían».

La persona del año

Sea como fuere, el nuevo Papa ha conseguido ganarse a la opinión pública, con unas cotas de popularidad solo alcanzadas por Juan Pablo II en momentos puntuales de su mandato. Aparte de ser portada en la revista Time como «Persona del año» (anteriormente lo fue Obama), las cifras de las encuestas no dejan lugar a dudas. En Francia, el 82% considera acertada su elección, y el 79% de los católicos esperan de él grandes reformas; en Estados Unidos lo aprueba el 79% de los católicos; en Italia, inspira confianza a un 83% de la población y hasta en Rusia, en sus primeros seis meses ha contado con el apoyo del 71% de la ciudadanía. En nuestro país, lidera el ranking de líderes mundiales, con una puntuación media de 7.0, que alcanza el 8.6 entre quienes se definen como católicos practicantes. Las puntuaciones logradas en España por sus predecesores estuvieron entre un 3.9 y 4.5 en el caso de Benedicto XVI, y entre 5.9 y 6.9 en el caso de Juan Pablo II.

Los actos de Bergoglio están calando en los más de 1.500 millones de católicos y en muchos que no lo son. Pero también los mensajes. Sus críticas directas al capitalismo salvaje como germen de la desigualdad social son ya una de sus señas de identidad.

«Actúa como San Francisco de Asis, en el sentido de que promueve una Iglesia de pobres, que reza con las víctimas del tráfico de personas en la isla de Lampedusa, que denuncia al neoliberalismo económico y clama por el respeto de la dignidad humana», afirma Larraquy.

De momento, el viento de la opinión pública sopla a favor del nuevo Papa. Lo que salga de la reunión con el G8 –los ocho cardenales nombrados por el propio Bergoglio- el próximo mes de marzo, en la que va a tratar una profunda remodelación de la curia romana, será la prueba de fuego para demostrar que va en serio, según opina Larraquy. «Permitirá visualizar hacia dónde va la Iglesia que quiere Francisco, y si sus mensajes de apertura pueden llegar a consolidarse».

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