Derechos Humanos

Cuando la clase media se vuelve ‘okupa’

Un intenso frío recorre Madrid y poco pueden hacer las cerca de 70 familias que han “okupado” la urbanización de viviendas que la inmobiliaria Castellana ha abandonado a su suerte en la localidad de Valdemoro.

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23
Ene
2013

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Son las diez de la mañana. Un intenso frío recorre Madrid y poco pueden hacer las cerca de 70 familias que han “okupado” la urbanización de viviendas que la inmobiliaria Castellana ha abandonado a su suerte en la localidad de Valdemoro tras no haber podido hacer frente a las deudas que contrajo con los bancos que financiaron su construcción.

Algunas familias calientan el salón, donde duermen todos, con una estufa de ‘camping gaz’. Otras han mandado a sus hijos a dormir a casa de amigos o familiares para evitar que las bajas temperaturas les hagan enfermar. “Yo llegué a esta casa hace tres meses con mi marido y con mi hija, Lucía, que tiene 6 años. No teníamos dónde ir. Los dos estamos sin trabajo”, explica a Ethic María, una madrileña de 28 años que lleva desde 2010 en el paro y que antes trabajaba como cajera en Carrefour.

Los nuevos inquilinos ponen banderas en su fachada para señalar que la vivienda está habitada, pero salta a la vista lo que ocurre nada tiene que ver con el 'movimiento okupa'.

La situación de esta familia se ha convertido, por desgracia, en un caso de lo más común. Técnicamente, se les conoce como ‘desempleados de larga duración’ y la cifra de afectados en España asciende a 2 millones, la más alta de la Unión Europea. “Mi pareja trabajaba en la construcción y también lleva mucho tiempo sin trabajo. Esta mañana iba a una entrevista para trabajar de reponedor en un supermercado. Espero que tenga suerte”.

María se ha puesto en contacto con Iberdrola para ver si pueden activar la electricidad y coincide con otros vecinos en que es necesario crear asambleas. “Nosotros no somos okupas. Somos trabajadores que de momento no hemos encontrado una oportunidad. Sabemos que no está bien, no nos ha quedado más remedio que hacerlo. Estamos cuidando y arreglando unas casas que nos encontramos destrozadas”.

En todas las casas viven familias. De las 70, sólo 3 son compradas. Sus propietarios las adquirieron en 2007 a precio de burbuja inmobiliaria: entre 350.000 y 400.000 euros. Ahora conviven con otras 67 familias, muchas de las cuales han sido desahuciadas. Los nuevos inquilinos ponen banderas en su fachada para señalar que la vivienda está habitada, pero salta a la vista lo que ocurre nada tiene que ver con el movimiento okupa: las banderas que ondean son de España, de grupos de música o de equipos de fútbol. Estos cronistas no observan ni un rastro de simbología anarquista o antisistema.

En el interior de la casa hace mucho frío y quienes pueden envían a sus hijos a dormir a casa de amigos o familiares.

“En todo caso será el sistema el que está contra nosotros”, dice María, que nos confiesa que al principio no quería hablar nosotros: “Desde que salimos en televisión han llegado muchas familias que quieren instalarse en las casas. Y anoche intentaron robar en algunas casas. Tememos por nuestra seguridad”.

Cuando salimos de la casa nos encontramos con Leo, un brasileño de 49 años que trabajaba como mecánico. “Mi hija está durmiendo en casa de unos amigos, hace demasiado frío para que un crío pase aquí las noches. Rezo a todas horas para que el mundo nos de otro oportunidad”. Mientras habla con nosotros, Leo hace un rollo con el periódico gratuito que lleva entre sus manos e inconscientemente crea una imagen que retrata a la perfección el sentimiento generalizado de injusticia que hay en la sociedad española. En la portada aparece el ex tesorero del PP, Luis Bárcenas. El titular lo sabemos todos: “Escondía 22 millones de euros en Suiza”.

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