Derechos Humanos

Siglo XXI: Los retos del agua y el saneamiento rural

En África y en el sur de Asia la cobertura de saneamiento no supera el 50%. Las inversiones en infraestructuras no pueden dar la espalda a los hábitos socioculturales de cada región.

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19
Ene
2012
Por María del Mar Rivero, responsable de Agua y Saneamiento ONGAWA, Ingeniería para el Desarrollo Humano

Existe un consenso general sobre la importancia que tiene el disponer de servicios de saneamiento mejorado para garantizar un nivel de vida digno, debido a los importantes beneficios en la salud de las personas y sus comunidades y a la contribución directa que supone en términos de reducción de la pobreza. Esta constatación ha llevado a la comunidad internacional a realizar un intenso esfuerzo durante las últimas décadas para tratar de alcanzar la universalización del saneamiento.

Si bien se han apreciado importantes avances en este sentido, los datos del último informe del Joint Monitoring Programme (JMP) de la OMS y Unicef, muestran que aún el 36% de la población no dispone de acceso a una infraestructura de saneamiento mejorado, ésta es compartida o, simplemente, continúan practicando la defecación al aire libre.. En la región de América Latina y Caribe, el porcentaje de la población que aun carece de saneamiento mejorado se cifra en el 18%. Los datos desagregados muestran que esta circunstancia continua siendo más relevante en las zonas rurales (llegando incluso al 70%) y afecta especialmente a la población más vulnerable.

Si hablamos de África subsahariana, junto con el sur de Asia, la situación es aun más grave. Estas regiones siguen siendo las de menor cobertura de saneamiento del mundo, con datos que no superan el 50% de su población. En estas regiones se concentran los países con mayores índices de desnutrición, pobreza, y mortalidad infantil. Según los registros de prevalencia, la mayor parte de las muertes de menores de 5 años se asocian a casos de diarrea, directamente vinculados a prácticas higiénicas deficientes.

El sistema de cooperación internacional es muy consciente de esta situación y en los Objetivos de Desarrollo del Milenio consensuados para el 2015, se incluye como una de sus metas, la reducción a la mitad de las personas que carecen de acceso a una instalación de saneamiento mejorada. Lamentablemente, esta es una de las metas que previsiblemente no llegue a alcanzarse.

Un análisis de las causas por las que no se está consiguiendo erradicar esta realidad, a pesar de las importantes inversiones realizadas durante los últimos años, concluye que muchos de los enfoques de las acciones diseñadas para alcanzar mayores índices de cobertura de saneamiento rural no han sido eficaces ni han tenido el impacto deseado.

Una intervención basada únicamente en la provisión de infraestructura, sin tener en cuenta la complejidad sociocultural del saneamiento, con demasiada frecuencia no consigue cambios duraderos en las conductas y hábitos higiénicos de la población. En cambio, intervenciones que buscan la participación activa de los miembros de la comunidad, como individuos y como colectivo, y de las autoridades locales como responsables de proteger, respetar y facilitar el derecho humano al saneamiento, consigue más fácilmente la sostenibilidad del servicio.

El 19 de noviembre Naciones Unidas celebraba el Día Mundial del Saneamiento como una llamada de atención sobre la importancia de este derecho humano, con el fin de alentar a los gobiernos y a la sociedad en general a asumir los compromisos y tomar las medidas necesarias para que el acceso al saneamiento deje de ser un privilegio.

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