Derechos Humanos

El futuro incierto de Siria

Laura Ruiz de Elvira, investigadora asociada al Instituto Francés de Oriente Próximo, analiza para Ethic la situación en el país árabe.

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14
Sep
2011
Por Laura Ruiz de Elvira, investigadora asociada al Instituto Francés de Oriente Próximo

Hace ya seis meses que la chispa revolucionaria se encendió en Siria. Las primeras manifestaciones de marzo, que sorprendieron tanto a los analistas internacionales como a los mismos ciudadanos sirios, quedan ya lejos. Mucha sangre ha sido derramada desde entonces, todos hemos sido testigo. El entusiasmo inicial provocado por la visión del “despertar” del pueblo sirio contra el régimen autoritario baathista ha ido dando paso, paulatinamente, a una preocupación profunda ante la falta de perspectivas y ante el aumento del número de víctimas, de detenidos, de desaparecidos…

En este marco, muchos son los que se preguntan qué va a deparar la Historia, el destino o Dios (según las creencias de cada uno) a Siria.

Una cosa parece estar clara: la solución vendrá del interior, emanará de la propia sociedad. En efecto, la intervención militar extranjera es hoy muy poco probable en Siria. A las dificultades que la coalición internacional ha encontrado en Libia se añaden una posición geoestratégica delicada (la frontera con Israel e Irak, el juego de alianzas con Hamas, Hezbollah y el régimen iraní, la configuración étnico-confesional de la zona,…) y el apoyo de potencias como China, Rusia, África del Sur o Brasil. Además, hay que tener en cuenta que la situación tanto en Irak como en Afganistán no está aún estabilizada. Por último, y lo que es más importante, el propio pueblo sirio no ha pedido en ningún momento una intervención militar extranjera.

Pero por ahora la situación interna parece estar bloqueada. El pulso entre los manifestantes y el clan de los Assad se encuentra desde hace varias semanas en un punto de “equilibrio” frágil y sangriento. Por un lado las protestas se han ido extendiendo a todo el territorio para llegar, lenta pero firmemente, hasta la capital, Damasco, y Alepo, la segunda ciudad de Siria. Las manifestaciones, que en un principio no reunían más que algunas centenas de personas, se han transformado hoy en encuentros multitudinarios a los que asisten cientos de miles de personas. De Daraa, a Lataquia, a Homs, a Jisr al-Shughur, a Hama, a Deir ez-Zor,… los símbolos de la oposición al régimen han ido emergiendo envueltos en sangre. Paralelamente, el elenco de demandas se ha ido radicalizando: las reformas “menores” exigidas durante los primeros días de revuelta (acabar con la corrupción, acabar con las prácticas de los odiados y temidos moukhabarat, mayores libertades políticas, mayor participación ciudadana, justicia social, dignidad, etc.) han dado paso poco a poco a una voluntad inflexible de hacer caer el régimen. Por otro lado los medios de represión utilizados por el régimen van in crescendo. No hay más que ver la dramática situación en Homs o en Hama (símbolo histórico de la oposición que ha sido de nuevo bombardeada) para entender que el régimen no está dispuesto a dar marcha atrás, y que luchará hasta perder el aliento.

¿Qué desenlace podemos entonces prever para Siria?

Una caída rápida del presidente, como ocurrió en Túnez o Egipto, debe ser descartada después de varios meses de revuelta. La posibilidad de una extinción del movimiento de protesta queda cada día más lejos a medida que el número de manifestantes aumenta y que el discurso se radicaliza. Al mismo tiempo la implosión del régimen (algo que algunos esperan aún hoy en día) parece por ahora poco probable puesto que, aunque cada vez más frágil y aislado, mantiene aún su cohesión. Para que el régimen se fragilice realmente desde el interior, se necesitan defecciones de peso entre los altos mandos del ejército y de los servicios de seguridad. No obstante, dichas defecciones parecen hasta ahora improbables dado el alto grado de imbricación entre el aparato de seguridad, el ejército y el régimen en sí.

Si el régimen resiste, parece poco probable que proponga en un futuro las reformas que hoy en día, bajo presión internacional y nacional, no está dispuesto a pactar. Si el régimen termina por desintegrarse y el ejército, o una parte de él, se rebela, entonces podríamos asistir al inicio de una guerra civil entre las fuerzas pro-al-Assad y las facciones hostiles a éste.

Sea como fuere, todo parece indicar que el conflicto será largo.

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