Opinión

"Hay un antes y un después para la energía nuclear tras Fukushima"

Juantxo López de Uralde es la gran cabeza visible del ecologismo en España. El director de Comunicación de Heineken, Eduardo Zaldívar, la entrevista para Ethic.

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03
May
2011
Por Eduardo Zaldívar

Juantxo López de Uralde es la gran cabeza visible del ecologismo en España. Fue detenido, junto a otros activistas de Greenpeace, por irrumpir en la Cumbre Contra el Cambio Climático de Copenhague con una pancarta en la que se podía leer: «Los políticos hablan, los líderes actúan». En esta entrevista, realizada por Eduardo Zaldívar, dircom de Heineken, analiza la situación en los países árabes, el desastre nuclear en Japón y el escenario político en España.

¿Qué opina sobre la intervención militar en Libia?

Ha habido una resolución de Naciones Unidas, la 1973, que por primera vez por motivos humanitarios insta a la comunidad internacional a evitar matanzas de la población civil. Creo que después de sucesos como el de Ruanda, que tuvo un gran impacto en la opinión pública, a día de hoy no es fácil, afortunadamente, aceptar que un dictador pueda masacrar impunemente a un pueblo. Y eso es lo que lleva a esta resolución. A partir de ahí, desgraciadamente, una vez que empieza el uso de la fuerza es muy difícil saber lo que está pasando. Nosotros lo que deseamos es que esta operación termine cuanto antes porque es difícil saber qué está pasando. Pero el hecho de que la comunidad internacional actúe por esta motivación en principio nos parece positivo.

La decisión de la ONU se considera el aval para intervenir en este tipo de conflictos. Pero después de estas intervenciones que se ponen en marcha para evitar mayores desmanes, cuando ya no hay una tutela tan clara del proceso, ¿qué se puede hacer?

Hay una hoja de ruta establecida, que establece dónde puede o no intervenir la comunidad internacional, y eso ya es un paso positivo. A partir de ahí tiene que intervenir la política y buscar una salida política. Debe buscarse un modo de transición que sea capaz de garantizar la supervivencia del pueblo libio sin la actuación de ningún dictador y a través de un proceso que lleve a la democracia.

Tras el desastre de Japón, se han alzado voces a favor y en contra de la energía nuclear. En un momento como éste, en el que, por un lado, se ha evidenciado el peligro y, por otro, se discute el modelo económico y sostenible de nuestra civilización, ¿cuál es su reflexión?

Los sucesos de Japón en la central nuclear de Fukushima van dejando cada día en evidencia a la industria nuclear. No sólo porque, una vez más, aquello que dijeron que no ocurriría ha ocurrido (llevamos muchos años de debate nuclear en el cual se nos decía que la seguridad estaba garantizada, que este tipo de hechos no podían volver a ocurrir). Cada día que va pasando, todo lo dice la industria nuclear que no va a ocurrir, desgraciadamente acaba ocurriendo. Estamos asistiendo a una situación gravísima y estoy convencido de que va a haber un antes y un después para la energía nuclear después de Fukushima. Lo hemos visto ya en algunos países como Alemania y lo vamos a seguir viendo. La industria nuclear ha demostrado que no sólo genera residuos radiactivos, no sólo es muy cara, sino que además es muy peligrosa y difícil de controlar. El gran reto es cómo conseguir dotarnos de energías procedente de fuentes renovables. Ése es el reto y no hay otro.

¿Cree entonces que este hecho va a cambiar la tendencia política que en los últimos años habían apostado por el desarrollo de la energía nuclear?

No me cabe la menor duda de que va a haber un antes y un después tras Fukushima. Algunos gobiernos lo están haciendo ya, como el alemán, que ha tomado decisiones en el sentido de dar marcha atrás en el alargamiento del ciclo de vida de las centrales nucleares, y otros países, como Suiza o China, han frenado sus planes de expansión nuclear. La UE ha obligado a todas las plantas a hacer nuevas plantas de seguridad y creemos que va a haber un antes y un después porque va a generar un gran rechazo hacia esta energía, similar al que ocurrió en Chernóbil en el año 73.

OPACIDAD EN LOS PARTIDOS. Juantxo durante la entrevista se muestra muy crítico con el papel actual de los grandes partidos en nuestro país. "En España los partidos se han convertido en maquinarias muy poco transparentes y muy poco sensibles a las demandas de las organizaciones sociales", apunta.

¿Y cómo se va a canalizar este debate en España?

Nosotros claramente proponemos desde la política una alternativa no nuclear. A diferencia de los grandes partidos, optamos por una opción clara, que es el cierre de las centrales nucleares. Aquí también vamos a ver movimientos en las posiciones de los partidos. Y percibimos cómo el PSOE vuelve a posiciones menos pronucleares, mientras el PP ha metido un freno a su discurso pronuclear.

¿Cuáles son los objetivos de Equo de cara a las elecciones generales de 2012?

Nuestro objetivo es tener representación parlamentaria en 2012. Y el gran reto es que nuestras propuestas lleguen a los ciudadanos.

¿Por qué abandonó el activismo en Greenpeace para dar el salto a la política?

Las organizaciones sociales son necesarias pero creo que habíamos llegado a una situación en España en la que los grandes partidos se mostraban impermeables a las demandas de la sociedad civil en torno a temas que a nosotros nos preocupan: cambio climático, modelo energético, ayuda el desarrollo, los derechos de los animales, temas sociales… Nosotros detectamos la posibilidad de dar este paso y poner en marcha una alternativa en línea con lo que ocurre en otros países europeos. Y creo que podemos tener repercusión.

¿Por qué hay tanta desconexión entre el tercer sector y los partidos políticos?

La influencia política del tercer sector es un tema interesante. Pero yo creo que no es tanto un problema del tercer sector como de los partidos políticos. En los países de nuestro entorno hay una mucho mayor osmosis entre partidos y ONG que en España, donde los partidos se han convertido en maquinarias muy poco transparentes y muy poco sensibles a las demandas de las organizaciones sociales. En España se da una situación y es que cada sector está muy cerrado en sí mismo. Cada uno está encerrado en su realidad y considera que ésa es la buena. Tiene que haber puentes entre los distintos sectores para que haya una mayor relación.

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