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Opinión

Sociedad civil en Siria

Siria es un mosaico de religiones y de minorías étnicas que constituyen parte de la riqueza cultural de este país. Pero la religión en Siria es algo más: es un componente esencial de las estrategias políticas del régimen.

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11
Mar
2011
Por Laura Ruiz de Elvira, investigadora, y Mazen Yaghi, periodista.

11 de julio

En esta entrega de las Reflexiones Cruzadas de Siria, la investigadora Laura Ruiz de Elvira y el periodista Mazen Yaghi analizan el papel de la sociedad civil en Siria y los mecanismos de represión que el régimen ha utilizado para controlar los movimientos sociales.

Mazen:

En la Siria de al-Asad padre, entre 1970 y 2000, se aniquiló a la totalidad del movimiento civil salvo a aquellos entes vinculados al partido Baath, como sindicatos o centros culturales.

Un alto porcentaje de la población en Siria son empleados públicos, con un horario acotado en su trabajo, de 8 a 14 horas. El resto del tiempo libre se dedica a la familia y al círculo cercano de amistades, sin otras actividades lúdicas más allá de la rutina diaria. Sin vacaciones y sin ahorros ya que el sueldo mensual proporciona lo suficiente para comer pero sin margen para nada más.

Laura:

A finales del año 2000, con la reciente llegada de Bachar al-Asad al poder, Siria conoció lo que se ha llamado la “Primavera de Damasco”, un movimiento civil liderado por profesores universitarios, miembros del Congreso, escritores y periodistas que se reunían en sus casas y discutían de los problemas sociales, económicos y políticos del país. Según Najati Tayyara, “‘La Primavera de Damasco’ vió crecer el papel de los intelectuales, multiplicarse los boletines de opinión, nacer y renacer los núcleos de la sociedad civil, así como la puesta en marcha en varios lugares de círculos y de fórums de discusión” [«Chronique d’un Printemps », Confluences Méditerranée, 44, 2002-2003]. Sin embargo, seis o siete meses después de su comienzo, este movimiento sería brutalmente reprimido por los servicios de seguridad sirios. Con su extinción, las promesas y las esperanzas de cambio se desvanecían.

Mazen:

Las décadas durante las cuales al-Asad padre gobernó se caracterizaron por una inmovilidad total a nivel social. Incluso el único canal oficial de TV se limitaba a dar siempre las mismas noticias sobre los actos oficiales del presidente sin proporcionar otro tipo de entretenimiento. Era el Reino del Silencio. Tal era la inactividad en Siria durante los últimos quince años que ni siquiera el propio Hafez Al-Asad realizaba viajes oficiales a otras provincias. El único acto oficial anual en el que podía verse al presidente era la cena con los hijos de “los mártires”, en la que se le podía ver comiendo y hablando en el dialecto sirio. Era el único momento del año en el que los ciudadanos sirios podían ver a la momia moverse como ellos.

Laura:

Bajo el “reinado” de Bachar al-Asad las actividades asociativas se han desarrollado y diversificado de manera significativa, sobre todo en la segunda mitad de la década. No obstante dichas asociaciones están controladas muy de cerca y se limitan, en su mayoría, a la acción social y a la beneficencia. Asma al-Asad, la Primera Dama, ha querido aparecer como la “protectora” de la sociedad civil en Siria y para ello ha creado sus propias organizaciones dedicadas a la juventud, al mundo rural o a las mujeres. Pero dichas estructuras, que han sido activamente apoyadas por los organismos internacionales, en lugar de ser iniciativas que emanan de la sociedad son más bien centros de control y de disciplinarización de la sociedad civil.

Mazen y Laura:

La revuelta que ha estallado en Marzo de este año no es una revuelta liderada por las asociaciones o por los grupos que constituían hasta ahora la sociedad civil siria. Es una revuelta que emana del pueblo mismo, de los ciudadanos descontentos, de los individuos desencantados que ya no creen en el proyecto de desarrollo baathista, de las personas hartas de un sistema de gobierno autoritario. Es una revuelta motivada por un deseo ardiente de justicia, libertad y dignidad.

24 de julio

La investigadora Laura Ruiz de Elvira y el periodista Mazen Yaghi analizan el papel de la religión en Siria y cómo se usa como un componente esencial de las estrategias políticas del régimen.

Mazen:

A su llegada al poder el 8 de marzo de 1963, el partido Baath, que gobierna el país desde esa fecha, creó una célula formada por una quincena de capitanes del ejército que sirvió como una comisión secreta de seguridad. El capitán alawí Hafez al-Assad participó en esta célula y constituyó, junto con otros miembros de las minorías alawí, drusa e ismaelí, otro subgrupo que le impulsaría posteriormente al poder; poder que mantendría desde 1970 hasta su muerte en el año 2000 bajo el paraguas de un régimen autoritario.

Siria es un mosaico de religiones y de minorías étnicas que constituyen parte de la riqueza cultural de este país. Pero la religión en Siria es algo más: es un componente esencial de las estrategias políticas del régimen.

Siria es un mosaico de religiones y de minorías étnicas que constituyen parte de la riqueza cultural de este país. Pero la religión en Siria es algo más: es un componente esencial de las estrategias políticas del régimen.

Laura:

Desde entonces el régimen alawí sirio ha apostado por apoyarse en las minorías religiosas para asentar su poder. La comunidad cristiana, por ejemplo, que representa un 10% de la población del país, ha mantenido siempre unas relaciones privilegiadas con el régimen. En cuanto a la comunidad chií, se ha beneficiado de mayor libertad en la práctica del culto religioso e incluso se habla de casos de proselitismo chiíta potenciado por Irán.

Mazen:

En el año 1970, tras cuatro años como ministro de defensa, Hafez al-Assad dio el golpe de Estado más limpio que nunca hayamos visto. Entre deserciones y detenciones acabó con todos sus compañeros militares y del partido Baath, miembros del subgrupo minoritario. Entre 1979 y 1982, con mano de hierro, aplastó la rebelión liderada por los Hermanos Musulmanes, que representaban a gran parte de la mayoría sunní en Siria.

Laura:

El traumatismo de ese periodo está aún muy presente en la mente de todos los sirios y sobre todo en las representaciones colectivas de la comunidad sunní. No osbtante, sería erróneo pensar que el régimen alawí sirio se sostiene únicamente gracias a su alianza con las minorías. De hecho, el apoyo de la burguesía sunní es fundamental. Por ello, en una tentativa de lavado de imagen y de apertura hacia la mayoría sunní, tanto Bachar al-Assad como su hermano Maher se casaron con mujeres provenientes de familias pudientes de esta comunidad.

Mazen y Laura:

Siria es un mosaico de religiones y de minorías étnicas que constituyen parte de la riqueza cultural de este país. Pero la religión en Siria es algo más: es un componente esencial de las estrategias políticas del régimen. Y hoy en día, en tiempos de revuelta, la importancia del factor religioso y comunitario es más evidente que nunca. El régimen intenta desestabilizar la oposición y el país atizando las rivalidades sectarias; estrategia que no parece funcionarle del todo puesto que las minorías religiosas están participando, aunque aún tímidamente, en las acciones de denuncia contra el régimen.

9 de junio

En esta entrega de «Cuadernos de Bitácora», los colaboradores de Ethic en Siria reflexionan en torno al poder de los medios de comunicación en este país de Oriente Medio, como instrumento para asentar el régimen autoritario existente. Según los autores, poco ha cambiado desde el anterior presidente, Hafez al-Asad, hasta el actual, su hijo Bachar al-Asad. De momento, ningún medio ha criticado la actuación violenta del régimen.

Mazen:

El anterior presidente sirio, Hafez al-Asad, se mostraba a su pueblo como un “dios”, un todo. Las calles de Siria se llenaban con carteles como “el primer agricultor”, “el primer profesor”, “el primer camarada”, etc. Las imágenes de al-Asad tenían que ser previamente autorizadas por el gabinete de prensa del Palacio Presidencial. Un error en la escritura de su nombre llevó a la cárcel durante 6 meses a cuatro de los compañeros del periódico donde yo trabajaba. Pocos años antes de su fallecimiento, las imágenes de Hafez junto a su hijo cubrían las paredes de todo el país.

Laura:

Sin embargo, cuando Bachar al-Asad llegó al poder en el año 2000 apostó en un primer momento por reducir el culto a la imagen presidencial; una estrategia de marketing político que pretendía reforzar su imagen como “renovador” y como “modernizador” tanto de cara al pueblo sirio como a la comunidad internacional. No obstante, a partir del año 2007, con la organización del plebiscito presidencial, el régimen optó por cambiar de estrategia y las fotos del presidente empezaron a proliferar por todo el país, acompañadas del eslogan “mnhebbak” («te queremos»).

Hasta finales de los años 90, todos los medios de comunicación eran públicos en Siria. Si querías limpiar un cristal con una hoja de periódico, tenías que fijarte bien que no hubiera ninguna imagen del presidente porque era un delito.

Mazen:

Hasta finales de los años 90, todos los medios de comunicación eran públicos en Siria. Si querías limpiar un cristal con una hoja de periódico, tenías que fijarte bien que no hubiera ninguna imagen del presidente porque era un delito. La frase “el padre luchador, el líder, el señor presidente Hafez al-Asad” se repetía hasta la saciedad en los periódicos. La libertad de prensa estaba presente en todos los discursos de Al-Asad, mientras que la realidad revelaba unas prácticas radicalmente opuestas.

Laura:

En cambio, con la llegada de Bachar al poder en el año 2000, se llevó a cabo una “liberalización” de la prensa. Los primeros periódicos y revistas privadas “independientes” vieron efectivamente la luz, aunque principalmente a manos de personas cercanas al poder. Dicha “liberalización” se reveló, no obstante, limitada e incompleta puesto que el margen de maniobra del que disponían estos medios era mínimo y que la censura (y la auto-censura) siguieron a la orden del día.

Mazen y Laura:

El estallido de las protestas en Siria en Marzo del año 2011, los dos discursos del presidente Bachar al-Asad y la feroz represión practicada desde entonces, ponen de manifiesto que las diferencias entre la época de al-Asad padre y de al-Asad hijo eran ficticias. El tratamiento vergonzoso de la revuelta por los medios de comunicación sirios demuestra claramente hasta qué punto éstos últimos son instrumentalizados por el régimen para asentar su poder. El día en que un periódico como Tishrin o al-Thawra critique de manera contundente la actuación violenta del régimen, la Siria post-Asad estará más cerca.

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