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Usar el hiyab no es feminista, ni su obligación es musulmana

Desde el 21 de septiembre de 2026 el gobierno de Azerbaiyán aprobó una modificación de las normas de uniforme escolar que prohíbe en los centros educativos el uso de prendas contrarias al principio de educación laica.

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21
octubre
2026

Desde el 21 de septiembre de 2026 el gobierno de Azerbaiyán aprobó una modificación de las normas de uniforme escolar que prohíbe en los centros educativos el uso de prendas contrarias al principio de educación laica. País de mayoría musulmana, no menciona expresamente el hiyab, pero algunos colegios han interpretado, obviamente, que no deberían asistir a las mismas alumnas y profesoras que lo llevan.

No son los azerbaiyanos los únicos que han legislado en esta dirección. Otros países de la zona, también de mayoría musulmana, han establecido leyes al respecto: Kazajistán, las normas de uniforme escolar excluyen el hiyab y otros elementos de identificación religiosa, también en escuelas privadas; Tayikistán: el código de vestimenta educativo restringe el hiyab, aunque admite determinados pañuelos tradicionales que dejan el cuello descubierto; Kosovo: una instrucción administrativa de 2010 prohibió las prendas religiosas en la enseñanza pública preuniversitaria; o Uzbekistán.

Pero no solo muy lejos de nuestras fronteras se establecen estos reglamentos. En Francia, desde 2004, se prohíbe en las escuelas, colegios e institutos públicos los signos y prendas que manifiesten ostensiblemente una pertenencia religiosa. Incluye el hiyab, pero también la kipá judía y las cruces cristianas de gran tamaño. En Austria, desde 2026 se prohíbe el pañuelo que cubre la cabeza conforme a las tradiciones islámicas a las alumnas menores de 14 años, tanto en centros públicos como privados. En Países Bajos, desde 2019, se prohíben las prendas que ocultan el rostro en escuelas, hospitales, transportes públicos y edificios oficiales. En Bélgica, desde 2011, se prohíbe cubrirse el rostro en espacios públicos. Los mismo que en Dinamarca, Bulgaria, Suiza… 

Es verdad que no en todos los países se aplica la norma a los centros escolares, pero sí en espacios públicos.

En Europa, la última en sumarse ha sido Italia. En septiembre de 2026, Giorgia Meloni anunció un proyecto para prohibir el burka y el niqab en las escuelas. La propuesta forma parte de un paquete de medidas educativas y de integración que todavía requiere tramitación legislativa, pero todo hace pensar que no tendrá problema.

En nuestro país no existe una prohibición estatal del hiyab en las aulas. Por más que en febrero de 2026 se debatió en el Congreso una propuesta de Vox relativa al burka y el niqab en espacios públicos, con apoyo anunciado del PP. Curioso que haya tenido que ser la ultraderecha y la derecha la que se plante frente a una indumentaria religiosa que cubre la cara y el cuerpo de las mujeres.

Ni que decir tiene que hay argumentos históricos feministas, y feministas de origen musulmán, que cuestionan el hiyab como una norma de vestimenta desigual y cuestionan las decisiones individuales de las mujeres al llevarlo, cuando esas mismas mujeres no pueden quitárselo en público en sus países para demostrar que es algo voluntario. Sin embargo, parece que no las escuchamos.

Centrándonos en la prohibición en centros escolares. Resulta abrumador tener que explicar que es difícil defender la coeducación si las interpretaciones religiosas exigen a las mujeres cubrirse el cabello, mientras esa misma obligación no se impone a los hombres. O cuando se justifica mediante el pudor, la modestia o la necesidad de evitar el deseo masculino y se atribuye a las mujeres una responsabilidad especial sobre la sexualidad y la conducta ajena.

No puede existir debate que enfrente la protección de las menores con la libertad religiosa

No puede existir debate que enfrente la protección de las menores con la libertad religiosa. La protección a los menores, obviamente, ha de estar por delante. El Estado tiene que estar por encima de las religiones, como bien han señalado en Azerbaiyán. Que una costumbre tenga raíces religiosas o culturales no determina su compatibilidad con la igualdad que ha de ser la norma predominante. Es curioso que lo entiendan en un país musulmán como Azerbaiyán y cueste explicarlo en la laica Europa. 

Es cierto, como argumentan los defensores del uso del hiyab, que hemos de plantearnos qué ocurre cuando el Estado les impide estudiar o participar en actividades públicas a las mujeres por su vestimenta. Una afirmación falsa porque lo que de verdad sucede es que una presión familiar, patriarcal y religiosa les pone como condición para salir de casa y estudiar, utilizar una vestimenta que les cubra parte del cuerpo. 

Por eso es importante que el Estado no pierda fuerza y sea capaz de contrarrestar con sanciones sobre aquellos que no dejan que sus mujeres, hijas o cualquier pariente mujer, no accedan a esas actividades para las que es requisito asistir descubiertas; así como de garantizar la autonomía de las mujeres.

Ahora más que nunca, debemos recordar a esas mujeres iraníes, saudíes, qataríes o afganas, por mencionar algunas de las nacionalidades que más sufren esa obligación, y que en no pocos casos llevan años enfrentándose a la imposición del velo hasta tal punto de perder su vida en defensa de su autonomía. Quizás ahora, en pleno período electoral, también nuestros políticos –de izquierda y de derecha– podrían explicarnos qué piensan hacer en aras de esa igualdad desde una escuela defensora de la coeducación.

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