La tecnología como factor clave para construir un futuro más sostenible
Un nuevo encuentro organizado por Movimiento Azul y Ethic analiza el papel de la digitalización como acelerador de la transición verde.
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La tecnológica es una revolución con dos caras, o incluso tres. Por un lado, la que nos ofrece avances y desarrollos que mejoran la vida de las personas. Y de otro lado, las que tienen que ver con el uso inadecuado o los riesgos e impactos asociados de esas mismas aplicaciones. En el caso concreto de la sostenibilidad, aunque existe un consenso general acerca del potencial de los desarrollos digitales como herramienta para frenar el cambio climático también hay que tener en cuenta o prever los desafíos y los efectos derivados de la tecnología sostenible.
Para debatir acerca de esa dualidad y arrojar luz sobre vías efectivas de lograr que la tecnología se convierta en aliado y factor acelerador de la transición verde, y no en un freno para su despliegue, Ethic y Movistar han organizado un nuevo encuentro de expertos, enmarcado en el programa Movimiento Azul.
«La tecnología es uno de nuestros principales poderes, un poder que nos brinda muchas oportunidades en la transición verde, pero que también implica unos riesgos que es necesario gestionar», afirmó Ana Pociña, moderadora del encuentro. La gerente de Oferta e Innovación Sostenible de Telefónica recordó que los efectos de la acción humana sobre el medioambiente son cada vez más tangibles en todos los rincones del planeta: «Incendios de quinta y sexta generación, inundaciones, sequías en lugares insospechados… Hay que frenar de manera urgente el cambio climático, pero para eso necesitamos herramientas, y las nuevas tecnologías pueden ayudarnos a lograrlo».
Ana Pociña: «La tecnología es uno de nuestros principales poderes»
Esta especialista puso en valor los impactos positivos en términos ambientales y de eficiencia energética que las nuevas aplicaciones tecnológicas ya están logrando en numerosos campos. «Por ejemplo, el teletrabajo permite reducir los desplazamientos y, con ellos, las emisiones derivadas de la movilidad. En la industria, tecnología como IoT está permitiendo sensorizar procesos y reducir las mermas productivas. También se está logrando mejorar la integración de las renovables en el proceso de electrificación de la economía», resumió.
Sin embargo, esos avances conllevan un coste en términos de infraestructuras, consumo de recursos y emisiones que a menudo pasan desapercibidos. Juan Ortiz Taboada, director general de ECODES, apuntó la necesidad de realizar «una gestión eficiente de los recursos a lo largo de todo el proceso de digitalización». También recordó que la transición digital no debe comprometer la transición energética: «Necesitamos una gobernanza del sistema que, por un lado, garantice que la descarbonización sea condición estructural del propio despliegue digital y que además no limite el proceso de electrificación efectiva de la industria, la vivienda y el transporte, auténticos pilares de la descarbonización de la economía».
«Los seres humanos somos, fundamentalmente, biología. Pero vivimos en un mundo en el que la tecnología nos aleja cada vez más de esa realidad», señaló el profesor de investigación del CSIC Fernando Valladares. El científico español alertó sobre la «falsa sensación de control» que brinda la tecnología y que provoca que haya «una gran distancia entre el riesgo real de su uso y la percepción de ese riesgo». «Tenemos que aprender a anticipar y medir los impactos de nuestra vida digital en el entorno», concluyó.
Fernando Valladares: «Tenemos que aprender a anticipar y medir los impactos de nuestra vida digital en el entorno»
Valladares también advirtió del, a su juicio, orden equivocado de prioridades que parece gobernar los actuales modelos económicos: «En las empresas la rentabilidad no debe ir por delante de las personas y del entorno, porque todo negocio tiene un impacto en la salud, en el agua, en el aire…»
Una pregunta importante que surge en todo debate en el que confluyen tecnología y sostenibilidad es qué tipo de desarrollo económico es el deseado. «Cualquier negocio tiene que tener una visión a largo plazo, y la tecnología puede ser una gran aliada para lograr ese objetivo», afirmó María Peñate, responsable de proyectos y gestión del conocimiento en Fundación COTEC. Pero ¿está esa tecnología siendo plenamente aprovechada? En su opinión, no. Lo que sí hay, dijo, son «numerosos indicadores que nos permiten saber que sí existe esa oportunidad». Entre ellos, «el paulatino cambio de mentalidad que está permitiendo al consumidor pasar de cliente de un producto a usuario».
Soluciones prácticas
Una de las ideas clave del encuentro fue compartir ejemplos reales de cómo la tecnología avanza hacia un modelo económico más sostenible. «La inteligencia artificial y las tecnologías digitales están ya demostrando múltiples capacidades para intensificar y acelerar la descarbonización, apoyando en la optimización de sistemas complejos en múltiples sectores», resaltó Juan Ortiz. El director general de ECODES destacó el papel de la legislación como impulsor de esas soluciones. «Al fijar objetivos ambiciosos de reducción de emisiones y penetración renovable, las políticas climáticas europeas han desencadenado un ciclo virtuoso de inversión en innovación, desarrollo tecnológico y generación de propiedad industrial», explicó.
María Peñate: «Cualquier negocio tiene que tener una visión a largo plazo, y la tecnología puede ser una gran aliada para lograr ese objetivo»
Fernando Valladares coincidió en que existen buenas prácticas en casi todos los grandes desafíos ambientales: «En materia de incendios forestales, por ejemplo, la gestión comunal de los pinares de Soria es un gran ejemplo de protección. España es, de hecho, uno de los países que mejor sabe apagar incendios». El problema, objetó, «es que los nuevos incendios de sexta generación nos superan y ya no basta con tratar de apagarlos, hay que prevenirlos».
En esa labor preventiva, continuó el investigador del CSIC, la tecnología puede facilitar la coordinación o ayudar a establecer protocolos de actuación: «Hay muchos casos en los que la digitalización ayuda a cuantificar riesgos, identificar posibles fuentes de problemas y estudiar su evolución temporal».
Transición circular
María Peñate, por su parte, puso el acento en la necesidad de que las nuevas aplicaciones aceleren la transición de las empresas hacia modelos de economía circular: «España ha mejorado en descarbonización, pero no tanto en circularidad, donde seguimos teniendo un problema de materiales muy relevante. El objetivo final debe ser una transición circular real que sea capaz de incorporar tecnologías al ciclo de vida del producto y a toda su cadena de valor».
Juan Ortiz: «La inteligencia artificial y las tecnologías digitales están ya demostrando múltiples capacidades para intensificar y acelerar la descarbonización»
Peñate reconoció que se trata de un desafío muy complejo, ya que «no solo es una cuestión de mejorar los productos, sino que también implica un cambio en el consumo ciudadano». Y es que, como puntualizó Fernando Valladares, la tecnología es solo una parte de la ecuación de la sostenibilidad. «También hace falta voluntad política y acuerdo social», resaltó.
En este sentido, Ana Pociña cree que es imprescindible luchar contra el greenwashing empresarial y empoderar a los consumidores para la transición verde: «El consumidor es hoy más exigente, pero necesita datos veraces para poder tomar buenas decisiones de compra. Tecnologías como blockchain pueden aportar información exacta sobre cómo ha sido el proceso de producción de un determinado producto».


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