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Medio Ambiente

Subida del nivel del mar

Cuando el mar avanza

Mares y océanos van a seguir creciendo, pero la velocidad a la que lo hagan depende de cómo actuemos ahora. Ganar tiempo supondría mayor capacidad de adaptación y búsqueda de soluciones.

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27
febrero
2026

Playas que se estrechan, inundaciones más frecuentes en zonas costeras, acuíferos que empiezan a salinizarse y temporales que dejan olas cada vez más altas. El aumento del nivel del mar no es un riesgo lejano ni un escenario hipotético. Ya está amplificando el impacto de fenómenos extremos y reconfigurando las costas en todo el mundo.

Para comprender cómo y a qué ritmo está cambiando el océano, la ciencia cuenta hoy con datos muy precisos. Desde 1993, los satélites de la NASA miden la altura de la superficie oceánica con altímetros de radar, que envían pulsos de microondas que, al reflejarse en el mar, permiten calcular con gran exactitud la altura del océano en todo el planeta. A estas observaciones se suman registros históricos de mareógrafos instalados en puertos desde hace más de un siglo.

Gracias a la combinación de datos de mareógrafos y satélites, se estima que el nivel medio global del mar ha aumentado entre 21 y 24 centímetros en los últimos 140 años. «Durante buena parte del siglo pasado, el aumento fue relativamente moderado, en torno a 1,7 milímetros al año. En los últimos 20 años, esa cifra se ha duplicado hasta situarse cerca de los 4 milímetros anuales», explica Marta Marcos, profesora de Física de la Tierra de la Universitat de les Illes Balears e investigadora en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, UIB-CSIC).

Las causas de este incremento están directamente vinculadas al calentamiento global. Por un lado, el océano se calienta y se expande. El IPCC estima que, desde 1970, los océanos han absorbido más del 90% del exceso de calor del sistema climático y que su calentamiento se ha acelerado desde los años 90. Por otro, la pérdida de hielo continental se ha intensificado. «La pérdida de hielo se está acelerando, especialmente en Groenlandia y, en los últimos años, también en la Antártida. Eso tiene consecuencias directas sobre el nivel del mar», señala Marcos.

El nivel medio global del mar ha aumentado entre 21 y 24 centímetros en los últimos 140 años

Aunque la tendencia es global, la subida del nivel del mar no se distribuye de forma homogénea. «Está subiendo en casi todas partes, pero las diferencias dependen de cómo se redistribuye el calor dentro del océano», explica la investigadora. En las zonas tropicales, por ejemplo, las aguas más cálidas se desplazan y se acumulan de forma distinta según los patrones de circulación y los fenómenos climáticos, que cambian con el tiempo. Según el IPCC, las variaciones regionales pueden situarse en torno a ±30% respecto al aumento medio global.

El calentamiento profundo de los océanos y el deshielo en Groenlandia y la Antártida harán que el nivel del mar siga aumentando durante siglos. Según las proyecciones del IPCC, de aquí a 2100 la subida oscilará entre 30 y 60 centímetros si logramos reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, pero si las emisiones siguen siendo muy elevadas, podría alcanzar un metro.

En el peor de los escenarios, estas cifras serían aún mayores. Aunque un aumento de uno o dos metros no signifique que todo quede inundado, «sí incrementaría de forma considerable la exposición a todos los fenómenos extremos», explica Marcos. Olas que hoy no llegan a las casas durante una tormenta podrían hacerlo y provocar inundaciones, además de dañar infraestructuras y ecosistemas. Algunas de estas consecuencias ya se observan en el Mediterráneo, donde el agua se calienta rápidamente y temporales que antes eran poco frecuentes empiezan a ocurrir con mayor intensidad.

A pesar del negacionismo climático, «la evidencia científica es muy robusta: sabemos que el nivel del mar sube, sabemos que se acelera y sabemos por qué», subraya Marcos. La inercia térmica de los océanos hace que parte del aumento sea ya inevitable, porque el calor absorbido permanecerá durante mucho tiempo. Sin embargo, «la velocidad a la que crezca el nivel del mar depende de los escenarios de emisiones en las próximas décadas».

Los costes ambientales, sociales y económicos de no tomar medidas son altos y ya los estamos viendo. Según los informes del IPCC, muchas especies han cambiado su área de distribución y sus ciclos de actividad debido al calentamiento, la reducción del hielo marino y la pérdida de oxígeno. Esto provoca efectos en cadena en el entorno y los ecosistemas costeros sufren olas de calor marinas, acidificación e intrusión salina que afecta a la biodiversidad.

Estas transformaciones también impactan directamente en la vida de las personas: seguridad alimentaria, disponibilidad de agua, medios de subsistencia, salud, transporte, turismo e incluso cultura. Algunas regiones y comunidades son especialmente vulnerables. Según la ONU, alrededor de 900 millones de personas que viven en zonas costeras de baja altitud se verán particularmente afectadas. Las costas de algunos países ya han experimentado aumentos tres veces superiores a la media global y algunas poblaciones podrían llegar a desaparecer en las próximas décadas. Esto podría obligar a comunidades enteras a desplazarse, como ya ocurre en las Islas Maldivas.

Desde 1970, los océanos han absorbido más del 90% del exceso de calor

En el Mediterráneo es un ejemplo de lo que no debería haberse hecho. «Hemos construido sobre dunas que eran nuestra primera línea de defensa. Muchas playas urbanas están condenadas a desaparecer porque no queda espacio», explica la experta. Sin embargo, hay ejemplos de que sí es posible buscar soluciones y adaptarse a las nuevas condiciones. Por ejemplo, en Países Bajos, donde el aumento del nivel del mar no es algo nuevo, llevan décadas experimentando distintas estrategias. Desde los años 90, han combinado ingeniería, planificación a largo plazo y soluciones naturales para proteger territorios y comunidades frente al cambio climático.

Por eso, aunque la mitigación de emisiones no detenga la subida del nivel del mar, sí puede ralentizarla. Ganar tiempo es clave porque adaptarse durante décadas no es lo mismo que hacerlo en pocos años. Además, no hay soluciones fáciles. Se necesita investigación, inversión y cooperación para encontrar alternativas que se adapten a cada entorno natural y que tengan en cuenta factores económicos, humanos y sociales. En algunos casos, «se recurrirá a infraestructuras grises, como diques. En otros, es posible desarrollar soluciones basadas en la naturaleza, como la recuperación de marismas».

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