La música, aliada del pensamiento
La música tiene una asombrosa capacidad para despertarnos emociones inmediatas. Para el musicólogo Mark Evan Bonds, estudioso de la obra de Beethoven, cuando la música se desprende del lenguaje verbal logra, además, que nuestros pensamientos fluyan con mayor claridad.
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La obra sinfónica de Beethoven (1770-1827) ha suscitado numerosas y encendidas alabanzas. Su Sinfonía número 5, una de las cumbres de la música occidental, fue largamente elogiada por el escritor E.T.A. Hoffmann (1776-1822) en una reseña publicada 1810. Fue en dicha reseña que, por vez primera, se introducía el concepto de «sublime» para superar el de «bello», utilizado hasta entonces para expresar los aspectos más emocionales de la creación musical. También por vez primera, al análisis técnico de una composición, el escritor añadía el impacto emocional provocado por la misma.
La reseña de Hoffmann es uno de los textos alrededor del cual pivota el ensayo La música como pensamiento. Escrito por el profesor de Musicología de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.) Mark Evan Bonds, se trata del segundo volumen que este dedica a la figura del compositor alemán. Previamente publicó Después de Beethoven, y cerró el ciclo con Música absoluta.
Bonds, partiendo de la importancia del género sinfónico en el siglo XIX, traza toda una teoría filosófica alrededor de la música instrumental como expresión del pensamiento. Coincide con Hoffmann cuando, en su reseña de la Quinta Sinfonía de Beethoven, aseguraba que la composición, lejos de brotar de un momento de inspiración del compositor, «fue concebida en la imaginación y claramente pensada». La música, cuando carece de texto que la acompañe, estimula pensamientos que abren caminos hacia la concepción de nuevas ideas.
La Sinfonía número 5 provoca en el oyente una intensa sensación de anhelo que dispara sus procesos mentales
En la actualidad, tenemos asimilada la capacidad de la musicoterapia para mejorar la salud no solo física sino también mental y emocional. Numerosos estudios científicos avalan que la música genera sensaciones de manera inmediata. Sensaciones que brotan del impacto que tiene el escuchar una melodía en nuestros procesos cerebrales. Como confirma Bonds en su ensayo, la Sinfonía número 5 provoca en el oyente una intensa sensación de anhelo que dispara sus procesos mentales y logra producir ideas que previamente no había sido capaz de alcanzar.
Hasta finales del siglo XVIII, la música instrumental tenía una importancia residual y, ya que no transmitía ningún mensaje por medio del lenguaje, era desdeñada como mero entretenimiento. Grandes filósofos como Kant (1724-1804) o Rousseau (1712-1778) se aplicaron con denuedo a reivindicar como motor del pensamiento únicamente aquella música que contaba con una parte vocal. Pero el lenguaje cuenta con limitaciones, y al eliminarlo de la obra musical el oyente tiene acceso directo a una serie de ideas no dirigidas provocadas por la escucha. El lenguaje deja de guiar el pensamiento, y el puro hecho musical abre nuevas vías a la forma de pensar.
Este cambio de paradigma en la concepción filosófica de la música llegaría a finales del siglo XIX y alcanzaría su máximo esplendor con las obras sinfónicas, especialmente las de Beethoven, que influirían en todos los compositores de música culta posteriores. El lenguaje ya no guiaba al oyente, sino que este tenía acceso a nuevas formas de pensar que eran posteriormente verbalizadas en ideas.
Para ilustrar la importancia de la música en el pensamiento humano, Bonds expone cómo el género sinfónico, al ser únicamente instrumental, es comprensible para cualquier oyente, independientemente de su nacionalidad. El lenguaje no impide el acceso a las sensaciones que provoca la música instrumental. Pero esta también cuenta con un reverso peligroso. Así, la propia Sinfonía número 5 ha servido para generar conciencia social en ámbitos tan opuestos como la democracia y el fascismo. Mientras numerosas personas encontraron en la citada composición el arquetipo de una sociedad justa y equilibrada, un gran porcentaje de la población alemana la consideró máxima expresión del nacionalismo que desembocaría en el poder nazi.
El género sinfónico, al ser únicamente instrumental, es comprensible para cualquier oyente
Lejos de intentar animar pensamientos sociales, la musicoterapia se encarga, en la actualidad, de reconducir los pensamientos negativos que afectan a las personas de manera individual. El inicio de este tipo de terapia podríamos situarlo cuando, durante la Primera Guerra Mundial, se comienza a contratar a músicos profesionales para que ejecuten sus piezas en los hospitales estadounidenses que atendían a los heridos en combate. Quedó demostrada la intensa mejoría en los pacientes que tenían acceso a aquellas sesiones musicales y, desde entonces, se comenzaron a estudiar los efectos de la escucha en el pensamiento humano.
La música puede proporcionarnos la calma, armonía, equilibrio y claridad suficientes para que nuestro pensamiento fluya de ágil. Los estudios de musicoterapia han demostrado que la escucha atenta de melodías estimula la memoria, la concentración y el aprendizaje al activar determinadas áreas cerebrales y facilitar la liberación de dopamina.
Nuestros procesos de pensamiento se ven impactados de manera directa por la escucha de música no guiada por el lenguaje, provocando intensas reacciones emocionales que pueden cambiar nuestro estado de ánimo y nuestras motivaciones vitales. Y aquel tránsito de lo bello de escuchar una pieza musical a lo sublime de entregarse a la Sinfonía número 5 de Beethoven que expresase Hoffman tuvo, sin lugar a dudas, gran importancia a la hora de considerar la música como una nueva vía de acceso a nuestros más profundos pensamientos.
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