Medio Ambiente

La paradoja de la reforestación

La plantación de árboles para compensar la deforestación lleva años promocionándose como una solución sencilla contra el cambio climático. Sin embargo, sus beneficios podrían quedar eclipsados por sus desventajas: las Naciones Unidas advierten que esta técnica practicada por Gobiernos, empresas y ONGs pone en riesgo el sistema alimentario mundial y la biodiversidad global.

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15
julio
2022

Durante años, mientras los efectos más dañinos del cambio climático se hacían evidentes, los expertos en ecologismo no han dudado en dibujar la reforestación como la panacea para combatirlo. Siguiendo su voz, numerosas organizaciones y Gobiernos de todo el mundo han puesto en marcha campañas para plantar árboles con la intención de frenar el calentamiento global. Del mismo modo, todo tipo de empresas se han sumado a campañas singulares, algunas incluso involucrando al consumidor con la promesa de plantar un árbol por la compra de una camiseta, una botella de vino o, incluso, un coche. De hecho, el año pasado se plantaron miles de millones de árboles en decenas de países de todo el globo.

Un esfuerzo que a priori supone una triple victoria, ya que pueden proporcionar medios de subsistencia, absorber y bloquear el dióxido de carbono que calienta el planeta y mejorar la salud de los ecosistemas. Y es que nadie puede negar que la deforestación es uno de los problemas más graves de la actividad humana y que más influyen en la intensidad del cambio climático, especialmente cuando esos espacios que antes eran bosques se transforman en un suelo agropecuario, industrial o urbano. Cambios ambientales que suelen ser irreversibles, pero que plantean una doble problemática: ni se pueden recuperar rápidamente esos árboles talados, ni podemos renunciar de golpe a esas viviendas, plantaciones o industrias construidas.

Sin embargo, podríamos estar exagerando en la replantación de bosques. Las Naciones Unidas lo advierten así en un estudio de casi 4.000 páginas donde demuestran que la plantación de suficiente masa forestal como para paliar niveles significativos de dióxido de carbono requeriría extensiones de terreno enormes. Es más: si esta estrategia se llevase a cabo, podría entrar en conflicto con los esfuerzos para producir alimentos para una población en crecimiento y ejercer una presión adicional sobre las especies animales y vegetales. Asimismo, otro estudio calcula que convertir suficiente terreno para evitar que las temperaturas suban 2˚C afectaría más a la biodiversidad de aves europeas que un aumento de 4˚C provocado por el calentamiento global.

¿La respuesta? Buscar otras formas

«No podemos plantar para salir de la crisis climática». Así de contundente se muestra el investigador de la Universidad de Arizona David Breshears, uno de los principales expertos en la mortalidad de los árboles y la muerte de los bosques en el Oeste de Estados Unidos. Junto a otro experto en climatología ha publicado un artículo en Science donde ambos afirman que plantar árboles para sustituir la reducción directa de las emisiones de gases de efecto invernadero podría ser una quimera. Según los investigadores, en lugar de malgastar el dinero plantando muchos árboles de una forma que está destinada a fracasar, tiene más sentido centrarse en mantener sanos los bosques existentes para que sigan actuando como «sumideros» de carbono. Al mismo tiempo, hay que reducir las emisiones al máximo y lo más rápidamente posible.

Reforestar suficiente terreno para evitar que las temperaturas suban 2˚C afectaría más a las aves europeas que un aumento de 4˚C provocado por el calentamiento global

Asimismo, consideran que «los responsables políticos deben habilitar nuevos mecanismos optimizados para el cambio de perturbación y vegetación que es imparable; y también para garantizar que los árboles y bosques que deseamos plantar o conservar por el carbono que secuestran sobrevivan frente al cambio climático y otras amenazas humanas». «Si no logramos superar este reto, se perderán en la atmósfera grandes reservas terrestres de carbono, lo que acelerará el cambio climático y los impactos sobre la vegetación que amenazan muchos más servicios de los ecosistemas de los que dependen los seres humanos», advierten.

En la misma línea se muestran científicos de la Universidad de Bonn y del centro keniano World Agroforestry que, en otro análisis, plantean que la reforestación no debería ser vista como un sustituto en las actividades para bajar las emisiones, olvidando los contaminantes combustibles fósiles. «Sí, podemos plantar árboles, pero si de todas formas seguimos descargando dióxido de carbono como locos a la atmósfera; no resolveremos nada, solo habremos ganado algo de tiempo», apunta uno de los autores del estudio, Eike Luedeling, profesor del Instituto de Ciencias y Recursos Agrícolas y de Conservación de la Universidad de Bonn. Y concluye: «Si queremos controlar el cambio climático, realmente solo hay una respuesta: disminuir las emisiones».

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