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Lecciones de Flaubert para sobrevivir al siglo XXI

El escritor francés Gustave Flaubert creía que apresurarse a sacar conclusiones era un error. Al hacerlo se crean dogmas y se deja de pensar, se ponen palancas al conocimiento sobre el mundo.

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03
junio
2026

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De vez en cuando circula por las redes sociales una cita de Gustave Flaubert que dice que «la vulgaridad es la incapacidad de matizar». Funciona porque parece casi escrita para analizar el mundo del siglo XXI, ese momento en el que todo parece moverse por grandes declaraciones, en las que no queda espacio para las zonas de grises y en el que lo que funciona en los social media es, justamente, situarse frente o en contra de cualquier tema. Flaubert habla a quienes se mueven en un mundo polarizado en el que se siente casi que hay que opinar de todo y hacerlo con grandes certezas.

La mala noticia es que al parecer el escritor francés nunca dijo exactamente eso. Esta es una de tantas citas atribuidas a personajes célebres que recorren las redes sociales sin que sean reales. Si se intenta hacer fact checking y encontrar la atribución exacta, se entra en un bucle en el que lo que queda claro es que nunca se encontrará el punto concreto de esta declaración. ¿Viene de una carta? ¿Viene de alguna declaración recogida en alguna biografía? Si se traduce al francés, la búsqueda de la frase resultante tampoco da resultados concretos y lleva, en realidad, a declaraciones un tanto parecidas. Google nos invita a explorar lo que se dice sobre citas que se le parecen, pero no son esa.

Echando mano a la inteligencia artificial para que peine el histórico online, se confirma que la cita viral no aparece en el corpus de citas en francés y que, en castellano, solo emerge cuando empieza a aparecer entre 2008 y 2010 en los blogs y foros españoles. Pero si ha tenido una vida tan larga es porque no solo funciona para quien quiere leerla como clave para entender el presente sino también como algo que podría ser real para quienes conocen al autor.

Flaubert pensaba, en efecto, que apresurarse a llegar a la conclusión definitiva era un error. De hecho, se habla de que el autor criticaba la «rage de conclure», esa rabia o pulsión por el cierre, y de ello habló en varias ocasiones en su correspondencia privada.

«La tontería consiste en querer concluir», pensaba el escritor francés

«La tontería consiste en querer concluir», le escribe en una carta al poeta Louis Bouilhet en 1850. Flaubert usa la palabra bêtise, de compleja traducción en castellano, como explica la investigadora Magdalena Cámpora. Lo más literal sería optar por tontería o necedad, pero esta palabra aparece en muchos más pasajes de la obra de Flaubert y cómo traducirla depende mucho del contexto en el que se encuentra. Pero, aquí, sea necedad, sea torpeza, sea tontería, parece claro lo que el escritor quiere decir: apresurarse no es una buena opción. Casi se puede sobre entender que la tontería, la vulgaridad, es rechazar los matices.

No siempre es sencillo. La carta de Flaubert a Bouilhet continúa señalando que «somos un hilo que queremos descubrir la trama». Encontrar certezas o desearlas parece hasta una pulsión un tanto natural. «Concluir supone dejar de pensar», como señala el filósofo Fabrice Midal en un análisis sobre el pensamiento de Flaubert. Cuando se decide que algo está cerrado, que se ha llegado a la cuestión completa y definitiva, se cierra por completo la puerta. Inmovilizamos esa situación, como señala Midal. La obsesión de Flaubert que «no quería concluir» recuerda eso: cada vez que se hacen grandes sentencias se crean dogmas y, sobre todo, «proyectamos nuestra propia comprensión del mundo y nuestros prejuicios al exterior», según este experto.

Midal toma como referencia el pensamiento científico para transportar al presente lo que Flaubert le decía a su amigo y lo que, al final, transmitía en su obra. La ciencia no busca cosas definitivas, porque al hacerlo crea dogmas. Está abierta a que las cosas cambien, a que los descubrimientos del futuro nos hagan replantearnos las cosas. Siempre se está aprendiendo y, al hacerlo, se asume que todo está lleno de matices y, sobre todo, que si seguimos esforzándonos por ver la foto cada vez más completa lograremos cada vez comprenderla mejor.

De paso, esto ayuda a enfrentarse a un mundo complejo y a una realidad en la que saberlo todo resulta imposible. No tenemos certezas, sino muchas (quizás cada vez más) incertezas. Midal recuerda que necesitamos aprender a «habitar las incertidumbres», algo clave en el mundo de hoy.

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