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Gaudí

Pocos artistas han dado forma a nuestras percepciones de una ciudad de manera tan completa como Gaudí. Y pocos arquitectos han resultado tan emblemáticos de su cultura.

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16
abril
2026
Portada de ‘Antoni Gaudí. Una biografía’ (Taurus).

Pocos artistas han dado forma a nuestras percepciones de una ciudad de manera tan completa como Gaudí. Y pocos arquitectos han resultado tan emblemáticos de su cultura. Gaudí, Barcelona y Cataluña estuvieron, y aún lo están, eternamente interrelacionados.

La reputación de Gaudí se ha difundido lentamente hasta convertirle, sin discusión, en el arquitecto más famoso del mundo. El legado arquitectónico de Gaudí es célebre en Japón y Corea, Alemania y Latinoamérica. Un admirador japonés describe su asombro ante el hecho de que su obra todavía esté integrada en la estructura de la ciudad, cuando en Japón se exhibiría en museos. Quizá el atractivo real de Gaudí resida en su pura accesibilidad. Algunas de sus obras muestran una chabacanería a lo Disney, pero las mejores son tan sensuales como profundamente simples. Es un arte para todo el mundo; es generoso y humanitario. Su arquitectura humanística está, una vez más, en boga.

Gaudí es una figura muy contemporánea; holística, espiritual y asombrosamente original. Era un ecologista: reciclaba azulejos, vajillas y juguetes rotos, viejas agujas de fábricas textiles, aros metálicos de fardos de tejidos de algodón, muelles de somieres y paredes chamuscadas de hornos industriales para crear sus edificios.

Gaudí, Barcelona y Cataluña estuvieron, y aún lo están, eternamente interrelacionados

Cual Leonardo del siglo XX, Gaudí es la apoteosis del artista como inventor. Fantásticamente fértil, su imaginación causó verdaderos estragos en los anticuados cánones de diseño. Tenía el don de una asombrosa capacidad para imaginar un edificio y transformarlo luego en realidad. Al hacerlo, creó una tipología por entero novedosa.

A algunos les resulta difícil comprender la obra de Gaudí y evitan reconocer la generosidad de su estilo. Para ellos, sus torres exhiben los signos de la desintegración inminente, pero Gaudí siempre será atractivo para una variedad de públicos. Su afán por el detalle resulta muy japonés, y su profunda religiosidad es intensamente católica; sin embargo, el esplendor y la blancura de sus áticos es calvinista en su pureza.

Gaudí todavía construye desde la tumba. Dios fue su principal mecenas y, según Gaudí, en realidad no tenía prisa. Había esperado cientos de años a que se terminaran Chartres y Sevilla. Según tales estándares, ciento cincuenta años más para la Sagrada Familia no supondría mucho tiempo.

Todo eso está a punto de cambiar. Las predicciones señalan que la Sagrada Familia quedará terminada alrededor de 2030, eso siempre que el flujo regular de donaciones no se interrumpa.

Mientras que la arquitectura de Gaudí es un libro abierto, su personalidad, como solitario «sacerdote de la belleza» de Barcelona, siempre ha resultado mucho menos accesible. Continúa siendo un enigma; es el último gran artista moderno que ha logrado escapar de la mirada del biógrafo.

Muchos estudios previos sobre Gaudí o bien han evitado situarle en el contexto cultural, prefiriendo la figura solitaria que recorre con paso furtivo el escenario catalán, o bien se han concentrado en sus elaboradas formas arquitectónicas. Pero han pasado por alto muchos sucesos clave de la vida del artista que han resultado piedras de toque y mecha para el arquitecto y su círculo de trabajo inmediato. Por ejemplo, la pérdida que España sufrió de su imperio en 1898 y la Semana Trágica de 1909, durante la cual se quemaron conventos e iglesias, tuvieron intensos efectos en Gaudí, sus amigos y clientes, e hicieron que sus pautas de trabajo cambiaran por completo.

La situación política en Cataluña era compleja y potencialmente explosiva. Su precaria alianza con España (Castilla) entrañaba una tensión enorme. Por ese motivo, siempre que me ha sido posible he permitido a los escritores españoles y catalanes expresarse en sus propias palabras.

Todos los archivos personales y de trabajo de Gaudí quedaron destruidos en los inicios de la Guerra Civil

Antes de la Guerra Civil, algunos intelectuales y políticos españoles reconocieron el peligro, pero no contaban con el poder de frenar el ímpetu de la crisis que se avecinaba, lo que resultó por demás trágico. Pocas generaciones han sido jamás tan salvajemente autoanalíticas como la de Gaudí. Pocas han tenido que pasar por un descubrimiento de sí mismas tan doloroso . Si fue duro entonces, muchas de sus críticas todavía hieren en lo más vivo. Tales tensiones políticas y sociales entre reforma y reacción proporcionan el trasfondo y las estructuras ocultas de la obra de Gaudí.

Una biografía que se enfrente a un mito semejante estará erizada de complicaciones. Pero existen problemas más allá de la metodología. Todos los archivos personales y de trabajo de Gaudí quedaron destruidos en los inicios de la Guerra Civil. El 21 de julio de 1936, la cripta de la Sagrada Familia fue profanada y durante los dos días siguientes los dibujos, documentos y maquetas de Gaudí se quemaron o destruyeron. El mismo mes, el párroco de la Sagrada Familia Gil Parés, amigo de Gaudí, fue asesinado en un barrio cercano. Aun así, sabemos qué estaba haciendo Gaudí prácticamente en cada minuto de los últimos quince años de su vida. Gaudí era una criatura de hábitos. Uno podría ponerse el reloj en hora basándose en su rutina: la misa, las oraciones matutinas, el ángelus y su paseo diario para confesarse. Sabemos cuándo compraba el diario vespertino y en qué quiosco. Pero los entresijos de su alma se han perdido para siempre en el silencio del confesionario.


Este texto es un extracto de ‘Antoni Gaudí. Una biografía’ (Taurus), de Gijs van Hensbergen.

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