¿Está el futuro del equilibrio energético bajo nuestros pies?
Mientras las ciudades buscan fórmulas para reducir emisiones y ganar independencia energética, una de las soluciones más eficaces permanece invisible bajo calles, edificios y aceras. Se trata de la geotermia.
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Los edificios en los que habitamos y trabajamos son mucho más que simples estructuras; actúan como refugio frente a las inclemencias del clima. Pero, según datos de la Agencia Internacional de la Energía, son responsables de cerca del 30% del consumo final de energía a nivel mundial. En este escenario, la climatización y la producción de agua caliente sanitaria se han convertido en dos desafíos que la transición energética debe resolver. Y la solución podría estar justo bajo nuestros pies.
La geotermia comienza a ganar terreno como una alternativa renovable, limpia, silenciosa, prácticamente inagotable y, sobre todo, estable. Su principio de funcionamiento es sorprendentemente sencillo: aprovechar la temperatura constante del subsuelo para calentar o refrigerar edificios durante todo el año. A diferencia de otras energías renovables como la solar, cuya producción depende de las condiciones meteorológicas, la geotermia está disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.
La Comisión Europea lleva años impulsando este tipo de soluciones dentro de su estrategia de descarbonización. La geotermia no solo reduce las emisiones de CO2, sino que disminuye la dependencia de los combustibles fósiles y de unos mercados energéticos sujetos a fuertes fluctuaciones de precios.
Veolia, desde su experiencia como compañía especializada en soluciones energéticas y descarbonización, destaca que la geotermia permite avanzar hacia modelos energéticos más estables y locales, reduce la dependencia de los combustibles fósiles y permite obtener la calificación energética más alta en los certificados de eficiencia, lo que repercute positivamente en la revalorización del inmueble.
La geotermia permite reducir entre un 60% y un 85% el consumo energético frente a los sistemas convencionales
España cuenta ya con varios ejemplos relevantes de este modelo energético aplicado a diferentes tipos de infraestructuras. En Ibiza, el complejo residencial Hippiements ha apostado por la geotermia como fuente única para cubrir todas sus necesidades de climatización. El complejo utiliza un sistema centralizado con sondas verticales para suministrar calefacción por suelo radiante y refrigeración en sus 63 viviendas.
Otro caso destacado es el del Hotel Meet Me Madrid, que combina geotermia y aerotermia en un sistema híbrido. Esta solución integra varias bombas de calor y circuitos de regulación que permiten optimizar el consumo energético del edificio y garantizar su estabilidad operativa durante todo el año.
Más allá de la tecnología en sí misma, la progresiva expansión de la geotermia refleja un cambio más profundo en la forma de entender las ciudades. A escala urbana, su integración en redes compartidas de calor y frío y su combinación con otras fuentes renovables permite avanzar hacia modelos de ciudad más autónomos, eficientes y resilientes. Empresas como Veolia trabajan precisamente en ese tipo de soluciones híbridas para mejorar la eficiencia energética de edificios e infraestructuras tanto de nueva construcción como en procesos de rehabilitación.
La transición energética ya no depende únicamente de grandes infraestructuras alejadas de los núcleos urbanos —como las grandes plantas fotovoltaicas o las centrales de biomasa—, sino también de soluciones locales, descentralizadas, capaces de generar energía justo donde se consume. En ese nuevo escenario, el suelo que pisamos cada día se convierte en un recurso estratégico de primer orden.
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