ENTREVISTAS

«Hay grandes bancos en Europa que debían haber cerrado»

Es difícil encontrarse en el mundo con alguien que sepa más de políticas de empleo que Peter Diamond, Nobel de Economía 2010.

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16
Sep
2013

Artículo

Luis Meyer

Es difícil encontrarse en el mundo con alguien que sepa más de políticas de empleo que Peter Diamond, Nobel de Economía 2010. Este macroeconomista accidental, ya que él basa sus trabajos en teorías microeconómicas, recela de hablar del caso español, aunque sus reflexiones son perfectamente aplicables.

Hay dos perfiles que diferencian a los premios Nobel de Economía. Por un lado, aquellos que asumen un papel divulgativo (Paul Krugman, Stiglitz) y escriben desacomplejadas columnas de opinión en las que pontifican sobre todo, incluso sobre temas que tienen poco que ver con la materia por la que les concedieron el galardón. El otro perfil, mucho más abundante, es el de los economistas que se consideran ortodoxamente científicos y, como tales, reticentes a abordar cuestiones sobre realidades que antes no han estudiado a fondo. Peter Diamond (Nueva York, 1940) pertenece a este segundo grupo. Ganó el Nobel de Economía en 2010 por un estudio sobre los fundamentos de los mercados de búsqueda de empleo. Otros dos economistas utilizaron su marco teórico para diseñar una especie de «teoría de la búsqueda», en la que equiparan a empleador y asalariado con comprador y vendedor. Las conclusiones resultantes han servido de inspiración para muchas políticas de empleo posteriores, y por eso los tres recibieron el prestigioso galardón de la academia sueca. El papel de Diamond fue puramente teórico, como el de un físico o un matemático que se encierran a diseñar fórmulas. Tal vez eso es precisamente lo que acerca su personalidad más a la de un científico que a la de un polifacético pensador.

Conseguir que un experto en seguridad social como él (fue consejero del Gobierno estadounidense en la década de los 90) opine sobre el caso español, el cual, en sus palabras, no ha «estudiado con detenimiento», fue una tarea infructuosa durante la media hora que duró la entrevista. A cambio, nos dejó una cuantas reflexiones que muchos gobernantes deberían apuntarse.

Una de las conclusiones de su trabajo es que la falta de información de la población a la hora de buscar trabajo es uno de los principales motivos de desempleo. ¿Cree que eso puede explicar la altísima tasa de paro en España?

No he mirado las circunstancias españolas en detalle. No podría hacer un análisis.

¿No tiene una opinión sobre las medidas del Gobierno para combatir el paro? ¿Cree que la reforma laboral ha sido acertada?

Obviamente no (ríe), el paro no deja de subir, por lo tanto vuestro Gobierno no ha hecho lo suficiente. Pero hay que tener cuidado con qué consideramos suficiente. Es una palabra que tiene truco.

¿Por qué?

Es complejo. Porque ahora las circunstancias no paran de cambiar, lo que hace un año podía ser suficiente, enseguida deja de serlo.

El primer paso de la reforma fue alargar la edad de jubilación. ¿Cree que es la fórmula para alcanzar la sostenibilidad de nuestro sistema de pensiones?

En general, todo lo que conduzca a flexibilizar el sistema de pensiones es positivo. No le veo mucho sentido a que todos tengamos que retirarnos a la misma edad, sea cual sea la circunstancia, ni que hoy, con una esperanza de vida mucho mayor, debamos dejar de trabajar con la misma edad que hace 50 años.

La nueva normativa del Gobierno en material laboral se centra en facilitar el despido. ¿Es el camino adecuado para crear empleo?

En general, lo bueno es que haya negocios fructíferos que permitan contratar a gente. Contratar a alguien es parte de la inversión y el coste que tendría despedirlo es un aspecto muy importante a la hora de valorar esa inversión. Por eso, una regulación que proteja en exceso al trabajador puede llegar a dañar la economía.

La política actual se centra más en los recortes, pero por el momento no hay medidas reales de estímulo.

No he mirado el caso español. Pero en general, si un país aún tiene sectores donde invertir, y creo que España los tiene, pero con un problema de ineficiencia que no permite sacarles partido, hay que hacer un trasvase de recursos para curar esa situación. Eso se traduce automáticamente en más contrataciones, más empleo y crecimiento del PIB.

No parece que eso se esté haciendo en España.

Desde luego que no lo parece.

El déficit parece ser la única obsesión de nuestro Gobierno.

No debería ser el único objetivo.

Las políticas aquí, de momento, solo van en ese sentido: subir impuestos y recortar derechos sociales. El desempleo es un problema global, no solo español. ¿Podría hablarse de medidas globales para combatirlo?

Son diferentes según el país. Si tu problema es de desempleo, pero no de deuda, tienes que centrarte en políticas de estímulo. Si es deuda, hay que recortar gasto.

En España tenemos los dos problemas. ¿Qué papel jugaría la inversión pública?

En Estados Unidos no tenemos problema de deuda, de manera que yo sitúo siempre la inversión pública como la principal medida de mi ranking. En España es mucho más complicado, el secreto está en saber hasta qué punto puedes tirar de inversión pública sin llevar la deuda a una situación de no retorno.

Hay una percepción en la gente, después del rescate a la banca, de que la deuda privada se está cubriendo con deuda pública, es decir, con su dinero.

Lo que la gente no sabe, o lo que no se para a pensar, es que hay algunos bancos que no pueden caer porque sería terrible para la economía del país, y afectaría de forma devastadora a su bolsillo. Otra cosa es si el Gobierno ha sido capaz de determinar qué bancos debían seguir abiertos y cuáles debía dejar caer. En Europa, aún quedan algunos grandes bancos que deberían haber cerrado. Debería haber más coordinación y un mayor papel del BCE.

El sueño europeo parece que se consume en los países que están siendo más afectados por las políticas comunitarias, como España, Irlanda, Grecia o Chipre.

Hay que distinguir entre pertenecer a Europa o pertenecer al euro. Lo primero siempre es positivo, aunque es un valor difícilmente cuantificable en términos económicos. En cuanto a la moneda única… Veamos el caso griego: tiene la decisión en su mano de salirse del euro si quiere, lo que la condenaría a un periodo terrible, aunque si se queda no parece que las cosas vayan a ir a mejor, por lo menos a medio plazo. El problema es que nos falta experiencia histórica para saber cuál es la mejor opción, y el riesgo de salirse de la moneda única es algo que por el momento ningún gobierno tiene la intención de correr. Yo no tengo ni idea de cuál es la mejor opción, pero te aseguro una cosa: el resto del mundo tampoco.

Merkel, Sarkozy y Obama dijeron, cuando estalló la crisis, que había que refundar el capitalismo. ¿Qué ha quedado de todo eso cinco años después? ¿Necesitamos más regulación?

Han cambiado muchas cosas. No hace falta más regulación, lo que hace falta es una mejor regulación.

¿Por ejemplo?

La regulación de los bancos está yendo muy lenta, aunque no va en la mala dirección: una mayor capitalización. El problema es que esta exigencia se está cumpliendo demasiado despacio. El debate no es «más o menos regulación», sino qué medidas son las acertadas. Yo creo que es necesaria una mayor coordinación internacional. Hay bancos que operan en muchos países, y en algunos asumen demasiados riesgos sin ningún tipo de control. También sería necesaria una mayor coordinación fiscal entre los diferentes países. Un sistema impositivo internacional bien coordinado sería tremendamente beneficioso para la economía global. Y cuando hablo de coordinación no me refiero a que tenga que haber los mismos derechos en todos los países, sino a la cooperación a la hora de adoptar acuerdos que nos afectan a todos. Esto es necesario en una economía sistémica como la que vivimos, para alcanzar un nivel mayor de ingresos públicos.

¿Esa coordinación debería darse dentro de cada país, en cada continente o a un nivel más global?

Obviamente hay que empezar por abajo. En mi país sería entre estados, en Europa entre países. Pero cuanto más global, mejor para todos: evitaríamos paraísos fiscales como las Islas Cayman, por ejemplo.

¿Cree que la globalización ha cumplido las expectativas de quienes la defendían hace 10 años?

Hay como una obsesión con el concepto de globalización. La economía es cíclica, siempre va acompañada de grandes cambios, y eso es algo que se ha dado siempre, también antes de que se diera lo que hoy llamamos globalización, antes incluso de la revolución tecnológica. La globalización no es ni mucho menos el único gran cambio en nuestras vidas, pero desde luego es un cambio inevitable con los enormes avances de nuestro tiempo en comunicación, por ejemplo. Pero no es el mal de nuestro tiempo: a veces perjudica a algunos sectores, pero otras muchas crea oportunidades, y eso es algo que solemos olvidar con facilidad. La economía está en continuo cambio, no es algo estático. Es la vida.

¿Tiene la globalización algo que ver con el continuo ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres?

Sí, pero hay que matizarlo. Veamos, la globalización, en este caso entendida como la revolución en las comunicaciones, ha logrado que la información llegue a muchos sitios a los que antes no llegaba, y eso reduce la brecha de las oportunidades entre clases. Pero si nos ceñimos a lo económico, es obvio que la globalización contribuye a crear riqueza entre los que más tienen. La pregunta es: ¿es malo que tengamos cada vez mejores ordenadores, cada vez mejores coches? En absoluto. Pero el error es que estos avances no van acompañados de unas políticas reales de distribución.

¿Qué políticas aplicaría?

Obviamente, los impuestos deberían ser más progresivos, repercutir más en las clases altas de lo que lo hacen. Ese dinero no debería repartirse sin más, sino que hay que usarlo para estimular la inversión, en infraestructuras, en generar riqueza. Por eso la inversión pública debe ser siempre la principal tarea de cualquier gobierno.

Otro aspecto que se achaca a la globalización: varios estudios alertan del impacto negativo que va a tener la degradación del medio ambiente en la economía.

Creo que el calentamiento global es un tema que estamos descuidando. Todavía es pronto para diagnosticar un impacto real en la economía, pero sin duda lo tendrá. Cuando el nivel del mar suba y millones de personas tengan que ser reubicadas, el impacto será de unas dimensiones enormes, con unos costes que aún no somos capaces de cuantificar.

¿Se están tomando medidas, o ahora con la crisis es un problema que se está descuidando?

La solución pasa por los impuestos. De esta manera equilibras el nivel de productividad de cada país, y además es una nueva vía para obtener ingresos públicos, con los que se puede invertir en tecnología y medidas para detener el calentamiento global.

La política está perdiendo credibilidad, y ya hay voces que claman por los gobiernos tecnócratas . ¿Esto pone en peligro la democracia?

En absoluto. Un gobierno tecnócrata puede conseguir que la economía vuelva a crecer y armar por tanto un escenario apropiado para una democracia. Lo que es peligroso es que haya gobiernos democráticos sin capacidad de actuación, sometidos por políticas externas. En el caso de mi país, es habitual que los políticos reconozcan que hay medidas que no pueden tomar dentro del marco normativo establecido, y para ello crean instituciones… digamos que inusuales, para que lleven a cabo esas políticas. Por ejemplo para llegar a acuerdos de mercado, o con temas que tienen que ver con las bases militares. Muchos políticos usan este sistema para evitar comprometerse personalmente. Es muy difícil hacer política hoy en día (ríe). Por eso un gobierno tecnócrata, en un momento puntual, puede ser beneficioso: no atienden a políticas electoralistas, se centran más en el problema que tienen que resolver, que es para lo que les han puesto ahí.

¿Y la credibilidad de los economistas? Hay un dicho: «La Economía es la única ciencia que predice el pasado». ¿Qué diría a quienes les echan en cara que no han sido capaces de anticipar la crisis?

Les diría que la impredecibilidad es un aspecto que está dentro de la propia naturaleza de las crisis.

[Agradecimientos a la Fundación Rafael del Pino por la organización de esta entrevista]

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