La energía del futuro cabe en una molécula (verde)
Hidrógeno renovable, biometano y biocombustibles podrían ser soluciones para la industria pesada y el transporte aéreo, marítimo y pesado por carretera, sectores en los que el enchufe no es suficiente. Europa se juega en su despliegue una nueva oportunidad de autonomía y competitividad energéticas y una posible vía hacia la neutralidad climática.
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La transición energética suele representarse en el imaginario colectivo mediante placas solares, molinos de viento y vehículos conectados a un enchufe. Sin duda, este tipo de tecnologías son fundamentales para el desarrollo sostenible, pero esa imagen deja en un segundo plano aquellos sectores en los que la electrificación resulta compleja o técnicamente limitada. Por ejemplo, un avión debe almacenar mucha energía sin cargar toneladas de baterías; un buque necesita energía suficiente para poder pasar semanas lejos de cualquier red. ¿Existe algún tipo de energía renovable capaz de abastecer a la industria pesada? Aquí entran las moléculas verdes.
Las moléculas verdes son compuestos químicos producidos a partir de energías renovables o de fuentes de carbono reutilizadas, cuyo uso genera emisiones muy reducidas (o nulas) en comparación con sus equivalentes fósiles en todo su ciclo de vida. Entre ellas están el hidrógeno renovable, producido con electricidad proveniente de fuentes renovables, como la fotovoltaica o la eólica, mediante electrólisis; sus derivados, como el amoniaco y el metanol renovables; los biocombustibles de segunda generación, elaborados a partir de residuos y materias no destinadas a alimentación, y el biometano, obtenido al depurar biogás procedente de desechos orgánicos.
Su mayor ventaja es la versatilidad. Las moléculas verdes pueden alimentar procesos industriales, mover camiones, barcos y aviones, servir como materia prima para fabricar fertilizantes o productos químicos y almacenar energía renovable. En muchos casos, permiten aprovechar infraestructuras logísticas ya existentes para combustibles líquidos y gaseosos.
Producidas en Europa, las moléculas verdes podrían reducir la dependencia energética de la UE del 57% al 28% en 2040
Actualmente, Europa tiene razones geopolíticas, industriales y ambientales de sobra para acelerar su despliegue. La Unión Europea importa buena parte de la energía que consume y su industria compite con regiones donde la energía es más barata. Según el informe ¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?, elaborado por Moeve y PwC, estas soluciones podrían sustituir entre el 20% y el 40% de la demanda actual de combustibles fósiles en 2040. Si se produjeran dentro de Europa, la dependencia energética exterior podría bajar del 57% registrado en 2024 al 28%.
El efecto climático también sería considerable, dado que los sectores difíciles de electrificar concentran en conjunto cerca del 31% de las emisiones europeas, y el uso de estas alternativas podría recortar hasta un 22% de las emisiones de CO2 del continente en 2050. Para entonces, las moléculas verdes podrían cubrir alrededor de un tercio del mix energético europeo y sustituir entre el 30% y el 50% de la demanda actual de combustibles fósiles.
Hoy continúan siendo más caras que sus equivalentes fósiles. Esa diferencia, conocida como green premium, se diluye al avanzar por la cadena de valor. El informe lo ilustra con unas zapatillas de 100 euros transportadas de Asia a Europa, pues el sobrecoste de utilizar combustible renovable en el barco sería de 50 céntimos al precio final. Por eso, la brecha debería reducirse conforme aumente el coste de emitir CO2, mejoren las tecnologías y crezca la producción.
El verdadero reto ahora es transformar su potencial en una realidad a escala. Y para ello hace falta asegurar materias primas de segunda generación y ofrecer reglas estables que den visibilidad a quienes invierten para construir plantas, mejorar las redes de transporte y los sistemas de almacenamiento. Además, será necesario estimular la demanda mediante objetivos, certificaciones, incentivos y contratos a largo plazo. Apostar por las moléculas verdes significa acelerar la descarbonización de la economía y construir un sistema energético más sostenible, seguro y adaptado a los desafíos del futuro.

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