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Édith Piaf

La voz de los oprimidos

La corta vida de Édith Piaf no fue un impedimento para que se consagrase como una de las cantantes más admiradas del siglo XX.

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13
abril
2026

Édith Giovanna Gassion (1915–1963) aprendió de las desgracias para cantar. Esta sentencia no es una novedad: se sabe que vivió muchos infortunios a lo largo de su corta vida. Pese a todos ellos, su voz se mantiene en la historia como una de las más prodigiosas del siglo pasado, tras interpretar canciones que convirtió en himnos intergeneracionales e incluso eternos solo con la potencia de su voz como La vie en rose o Non, je ne regrette rien.

Como se muestra en la biografía No Regrets: The Life of Édith Piaf de Carolyn Burke, Piaf comenzó su carrera como intérprete de la chanson réaliste, una tradición de canciones cercanas a las vivencias de oprimidos, como prostitutas o mujeres con el corazón roto porque su marido las había abandonado. No tardó en representar tanto un espíritu francés como cierto encanto frente a esta postura fatalista en las canciones. La chanson réaliste contaba la verdad sobre la vida de la clase trabajadora, dándole voz incluso cuando ya había salido de las calles, y despertó la curiosidad de artistas como Jean Cocteau, que se adentraba en los barrios más pobres de París en busca de inspiración artística.

La ‘chanson réaliste’ contaba la verdad sobre la vida de la clase trabajadora

Su infancia fue estremecedora: creció sin su madre, y la criaron su abuela materna y paterna, hasta que a los doce años fue parte de un elenco de actores y músicos ambulantes con su padre, muy cercano al mundo del circo.

Desde una edad muy temprana empezó a cantar en la calle. A los 17 años se quedó embarazada de una hija que fallecería a los 18 meses. Es en ese entonces, independizada del padre, cuando se instaló en la zona parisina de Pigalle.

Antes de llegar a ser Édith Piaf, se puso nombres como Mademoiselle Édith, Tania, Denise Jaye o Huguette Helia. Sin embargo, en una esquina en una mañana de 1935, un señor que pasaba se paró a escucharla, pensando que era una niña con el cuerpo de un pajarillo. Citó a la cantante el lunes siguiente, a las cuatro de a tarde, en su local, un cabaré llamado Gernys. Ese señor, Louis Leplée, la llamó la môme (la niña) y años después piaf a secas (gorrión), durante la ocupación alemana.

Piaf empezó a trabajar en clubes emblemáticos de París como el A.B.C. o el Moulin Rouge, con Yves Montand en la primavera de 1944, consolidando así su renombre. El poeta y dramaturgo Jean Cocteau, quien decía nunca haber conocido a un ser más desprendido de su alma, describió la impresión que causaba verla: «Una voz que sale de las entrañas, una voz que la habita de los pies a la cabeza, despliega una alta ola de terciopelo negro. Una cálida ola que nos invade, nos atraviesa, nos penetra». Cocteau le escribió Le Bel Indifférent, que Piaf interpretó en 1940 junto al actor Paul Meurisse.

Piaf empezó a trabajar en clubes emblemáticos de París como el A.B.C. o el Moulin Rouge

Durante la Segunda Guerra Mundial, Piaf se erigió como una de las protectoras de artistas judíos que fueron perseguidos por las autoridades alemanas, como Michel Emer o Norbert Glanzberg. En una gira con Andrée Bigard preparó 120 documentos falsos para que los prisioneros de los campos nazis pudieran escapar.

En la década de 1950, Édith Piaf se consagró como una celebridad a nivel mundial. El público norteamericano la coronó en 1956 tras varias actuaciones en el Carnegie Hall de Nueva York, al que regresó con frecuencia.  Sin embargo, durante esta época sufrió problemas de dependencia con el alcohol y otras drogas como los barbitúricos o la morfina, que tenía prescrita por diversas afecciones, y pasó por clínicas de desintoxicación. En 1959 le diagnostican un cáncer hepático.

A pesar de su delicado estado de salud, Piaf volvió a actuar en 1961, en el teatro Olympia de París, espacio donde cantaría los últimos años de su vida.

En octubre de 1963, Édith Piaf falleció en Plascassier a los 47 años, a causa de una cirrosis derivada del cáncer que le diagnosticaron cuatro años antes. La enterraron en el cementerio de Père Lachaise, con un multitudinario homenaje de decenas de miles de admiradores, que vieron pasar su féretro como una procesión en la capital francesa. Ese plañido general recorrió el mundo; a pesar del sensacionalismo que rodeó su vida y su temprana muerte, se la recuerda como el pequeño gorrión que, de espíritu libre, no pudo ni quiso contener su voz.

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