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Defender la libertad de prensa exige defender el pluralismo de medios

Lo que permite distinguir el periodismo responsable de la manipulación no es su posición ideológica, sino sus prácticas profesionales.

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26
junio
2026

La comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ante el Congreso de los Diputados ha vuelto a situar en el centro del debate público una cuestión esencial para la calidad de nuestra democracia: la relación entre el poder político y los medios de comunicación que investigan, cuestionan o fiscalizan su actuación.

En un contexto marcado por causas judiciales que afectan a personas vinculadas a su partido y a su entorno, el presidente volvió a utilizar expresiones como «pseudomedios», «bulos» o «campañas de desinformación» para referirse a una parte del ecosistema informativo. Desde la Fundación Ethosfera, dedicada a la defensa de la democracia liberal a través de una información responsable, consideramos necesario advertir del riesgo democrático que entraña ese lenguaje cuando se emplea desde la máxima responsabilidad institucional del país.

La desinformación constituye un problema real para las democracias contemporáneas. También lo son la manipulación informativa, la confusión interesada entre hechos y opiniones, la opacidad en algunos proyectos digitales y las estrategias de influencia que deterioran la conversación pública. Pero reconocer esa realidad no autoriza al poder político a deslegitimar de forma genérica a los medios que le resultan incómodos, ni a identificar la crítica periodística con una campaña de acoso o desinformación.

La libertad de prensa no protege únicamente al periodismo amable o institucionalmente cómodo. Protege, sobre todo, al periodismo crítico, severo con el poder o editorialmente contrario a un gobierno. En una democracia plural, la línea editorial de un medio puede ser progresista, conservadora, liberal o de cualquier otra orientación constitucionalmente legítima. Esa orientación no convierte a un medio en un «pseudomedio».

El concepto de pseudomedio puede ser pertinente cuando se refiere a sitios web o plataformas que adoptan la apariencia externa de un medio periodístico (en su diseño, su lenguaje o una supuesta redacción) sin asumir las prácticas profesionales que permiten reconocer al periodismo como tal: verificación, diligencia, separación entre información y opinión, corrección de errores, transparencia sobre la propiedad y la financiación, e identificación clara de responsabilidades editoriales. En esos casos, el problema no reside en la orientación ideológica del proyecto, sino en la utilización de una apariencia periodística para difundir de forma sistemática contenidos falsos, manipulados o propagandísticos con finalidad política, económica o de influencia.

Los medios no están exentos de responsabilidad ni pueden reclamar una posición inmune al escrutinio público

Precisamente por eso, la categoría no puede utilizarse de forma genérica contra medios críticos ni confundirse con el periodismo incómodo. Sin criterios objetivos, verificables y garantistas, la acusación de «pseudomedio» deja de ser una advertencia frente a la manipulación y se convierte en una forma de deslegitimación política.

Lo que permite distinguir el periodismo responsable de la manipulación no es su posición ideológica, sino sus prácticas profesionales. La diligencia en la verificación, la separación entre información y opinión, la corrección de errores, la transparencia sobre la propiedad y la financiación, la independencia editorial y la rendición de cuentas son criterios más sólidos que cualquier etiqueta política.

Ese es el terreno en el que debe situarse el debate. No en la descalificación de cabeceras concretas por su línea editorial o ideológica, ni en la creación de categorías ambiguas que puedan servir para excluir del espacio público a medios críticos. La confianza ciudadana no se fortalece señalando desde el poder qué medios son legítimos y cuáles no, sino reforzando estándares profesionales, garantías institucionales y reglas comunes aplicables a todos.

La European Media Freedom Act ofrece una orientación clara. El marco europeo no nace para que los gobiernos decidan qué medios merecen reconocimiento público, sino para reforzar la independencia editorial, proteger el pluralismo, garantizar la transparencia de la propiedad y prevenir interferencias políticas o económicas indebidas en los medios de comunicación. Su espíritu es proteger la libertad de los medios frente al poder, no facilitar al poder nuevas herramientas para clasificar la legitimidad del periodismo.

La verdad en democracia no pertenece a un partido, a un Gobierno ni a un grupo mediático

La crítica al periodismo es legítima. Los medios no están exentos de responsabilidad ni pueden reclamar una posición inmune al escrutinio público. Pero esa crítica debe formularse con criterios, no desde la descalificación institucional. El periodismo, por su parte, no está para proteger la reputación de los gobiernos, sustituir a los jueces o alimentar campañas personales. Su función democrática consiste en investigar, preguntar, contrastar, contextualizar y ofrecer a los ciudadanos información relevante para formarse un juicio propio sobre los asuntos públicos.

Desde Ethosfera defendemos una respuesta distinta a la crisis de confianza: transparencia, gobernanza informativa, independencia editorial y rendición de cuentas. Trabajamos para impulsar estándares que permitan evaluar la calidad institucional de los medios sin convertir esa evaluación en un instrumento partidista. La credibilidad del periodismo no puede depender de la afinidad con el poder político, sino de prácticas verificables y compromisos sostenidos con el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz.

España debe combatir la desinformación, pero no a costa del pluralismo. Debe exigir responsabilidad a los medios, pero sin convertir la crítica al poder en una categoría sospechosa. La verdad en democracia no pertenece a un partido, a un Gobierno ni a un grupo mediático. Se protege con instituciones fuertes, medios libres, ciudadanos críticos y reglas comunes. Defender la libertad de prensa exige, hoy más que nunca, defender el pluralismo.


Elena Herrero-Beaumont es la directora de Ethosfera y miembro del Consejo Editorial de Ethic. 

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