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Derechos Humanos

Ceuta y el monstruo de la antipolítica

Algunos líderes políticos y de opinión han optado por ofrecer soluciones fáciles a la crisis migratoria, geopolítica, diplomática y humanitaria que se vive en Ceuta. Un colapso del sistema que ha despertado al monstruo de la antipolítica.

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08
septiembre
2026

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La realidad siempre supera la ficción. Y la actualidad española hace tiempo que sobrepasó al argumento de algunas de las series más distópicas. En Years and years, la política antisistema Vivienne Rook enamora a los votantes al presentarse como la única líder política capaz de tomar medidas drásticas que contravienen la ley y los derechos humanos ante crisis globales y complejas.

Como este verano en Ceuta. Donde algunos líderes políticos y de opinión han optado por ofrecer este tipo de soluciones fáciles a la crisis migratoria, geopolítica, diplomática y humanitaria. Un colapso del sistema que ha despertado al monstruo de la antipolítica. Dormía una plácida siesta desde la DANA de Valencia y ha salido de su letargo para demostrarnos con sus mensajes populistas que realmente no podemos confiar en las instituciones.

Ciertas voces, especialmente las antisistema de extrema derecha, se han instalado en la hipérbole constante. Hemos escuchado los eslóganes «invasión terrorista», «cazar inmigrantes», «el pueblo salva al pueblo», «Estado fallido» o «enfrentémonos a Marruecos». Bulos que criminalizan el trabajo de las ONG sobre el terreno y que culpan a la regularización masiva de la crisis. O tergiversaciones como la tramposa y repetida correlación entre delincuencia, inmigración y enfermedad.

Una falsa relación de causalidad que la mayoría de estudios sociológicos, como el Análisis de los niveles de delincuencia de la población adulta en España según nacionalidad (2007-2023), se afanan en desmentir. Porque los indicadores que condicionan la delincuencia son otros como el género, la edad o la exclusión social, no la nacionalidad. Pero da igual: lo importante es que los datos no estropeen el relato siempre que se utilice para justificar el miedo y desgastar la democracia.

Este verano, el monstruo de la antipolítica ha corrido como la pólvora en unas redes sociales que se han convertido en el actor protagonista de esta crisis. Plataformas digitales como la X de Elon Musk recortaron hace unos años intencionada y drásticamente sus políticas de moderación de contenidos para contaminar el discurso público y facilitar la expansión de la propaganda de países como Rusia o Israel y los discursos racistas y xenófobos.

Y de esos polvos, estos lodos. Con este caldo de cultivo de prejuicios, desinformación y datos falsos, la inmigración se ha convertido en pocos años y de forma artificial en el segundo problema que más preocupa a los españoles solo después de la vivienda, según el CIS. A pesar de que en 2025 nuestro país tuvo la menor tasa de criminalidad de toda su historia, una de las más bajas del mundo, y el mayor número de población nacida en el extranjero, 9 millones y medio de personas.

El catedrático y estudioso de la Opinión pública Wolfgang Donsbach avisaba ya a finales del siglo XX, cuando no existían las redes sociales ni los medios de comunicación de masas, de la espectacularización de la política y de cómo gracias a ella el discurso público estaba dejando de funcionar con racionalidad.

La brecha en las últimas décadas no ha hecho más que agrandarse gracias al poder del algoritmo. Aunque nosotros tenemos parte de culpa. Por supuesto, los políticos y los medios de comunicación, pero también el ciudadano de a pie. Porque cada uno podemos hacer algo para intentar luchar contra el monstruo de la antipolítica y, sin embargo, preferimos apartar la mirada ante una actualidad que se nos hace, tal y como recoge el Digital News Report del Instituto Reuters, cada vez más difícil de digerir.

La alfabetización mediática, aprender el método para contrastar lo que recibimos a través del teléfono móvil antes de compartirlo o cultivar a diario el pensamiento crítico para huir de los falsos marcos discursivos con los que nos intentan bombardear deberían ser parte esencial del currículum educativo en las escuelas si no queremos que la democracia liberal acabe desapareciendo.

Si algo hemos aprendido en Ceuta es que la inmigración se ha convertido en el gran elemento polarizador de la batalla electoral de medio mundo

En la crisis de Ceuta ha habido dos marcos especialmente evidentes de los que convendría alejarse. El primero, el del «pueblo salva al pueblo». Un marco que ahonda en la crisis de legitimidad y credibilidad no solo del Gobierno de España sino del Estado en su conjunto porque cala la percepción de que las instituciones, y por ende, los impuestos, las leyes y los políticos no sirven para absolutamente nada.

Este marco afecta directamente a la salud de la democracia y la valoración que los nuevos votantes tienen del sistema. Estudios recientes, como el informe Jóvenes españoles de la Fundación SM, revelan que el 68% de los jóvenes expresa una profunda desconfianza hacia la democracia y el funcionamiento de su sistema político.

El segundo tiene que ver con la teoría de los campos de identidad que tan bien desarrollaron los sociólogos Snow y Benford. Un clásico de la comunicación política basada en las campañas negativas contra el adversario. El marco del «ellos» contra «nosotros», en este caso los migrantes como enemigos y responsables de los problemas y los políticos que deben protegernos de la «invasión».

Si algo hemos aprendido en Ceuta es que la inmigración se ha convertido en el gran elemento polarizador de la batalla electoral de medio mundo —como acabamos de ver con el éxito de la ultraderecha en el estado alemán de Sajonia-Anhalt— y la herida a través de la que sangra una Unión Europea cada vez más débil, insolidaria y dividida.

Por eso no podemos caer en un alarmismo catastrófico que poco tiene que ver con la realidad del necesario debate migratorio y con una tendencia sobre las llegadas irregulares al continente europeo que está en caída desde el año 2023. Por eso debemos combatir al monstruo de la antipolítica con periodismo, pensamiento crítico y humanidad. A un lado y a otro de la frontera.

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